Mateo 5

 

          5:1 Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos.  2  Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo:  3  Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”.

          A. La palabra bienaventurado, makarios, significa dichoso o feliz. Se usa­ba para hablar de la felicidad de los dioses, de un gozo más allá de todo cuidado. La palabra se refiere a "la naturaleza de lo que es el mayor bien". Esta felicidad no depende de las circunstancias favorables. Pablo conocía el verdadero gozo a pesar de mucho sufrimiento (2 Cor. 11:23-28; Fil. 4:6,7,11,12). No depende esta felicidad de la prosperidad, ni de los eventos agra­dables, sino de la condición del corazón. Hay contraste entre las bienaventu­ranzas y los ayes, Luc. 6:20-26. ¡Ay de al­gunos! y ¡qué felices son otros!

          B. Sin duda Jesús sorprendió a sus oyentes cuando identificó a los que son bienaventurados. Muchos hubieran dicho "Bienaventurados los ricos". Los escribas y fariseos hubieran dicho, "bienaventurados los hijos de Abraham; bienaventurados los circuncisos; ¡ay de los incircuncisos!" Pero Jesús no enseñaba como los escribas, Mat. 7:29. El dice, "Bienaventurados los pobres en espíritu", los humildes, los que recono­cen que son pecadores y buscan el perdón de Dios. Todo el mundo peca (Rom. 3:23), pero los pobres en espíritu son los que re­conocen que son pecadores y que están dispuestos a confesar sus pecados -- hu­mildemente admitir que han pecado, que están errados, que están mal -- y que bus­can el perdón de Dios y de las personas a quiénes han ofendido. Muchos (como el fariseo de Luc. 18:11,12) no son "pobres en espíritu".

LOS POBRES EN ESPÍRITU

          I. Sant. 4:6, "Dios resiste a los sober­bios, y da gracia a los humildes".

          A. 1 Ped. 5:5,6, Pedro dice lo mismo, y luego agrega esta exhortación, "Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios". El hombre debe humillarse delante de Dios, reconociendo que es un pecador necesitado del perdón de Dios, y dispuesto a escuchar su enseñanza, obe­decerle y dedicar su vida al servicio de El. La soberbia y el egoísmo destruyen al hombre (Prov. 16:18).

          B. La soberbia significa la exaltación de sí y la oposición a la voluntad de Dios; por ejemplo, muchos judíos no confiaban en la gracia de Dios, sino en ser hijos de Abra­ham (Mat. 3:7-12); los filósofos griegos confiaban en su sabiduría (1 Cor. 1:21), como hoy en día los humanistas destronan a Dios y exaltan al hombre, diciendo que el creer en Dios es un insulto a la inteligencia del hombre. Muchos profesores creen que lo que ellos no saben no es cierto o que no importa. Defienden la ignorancia, la superstición y toda clase de filosofía insen­sata (como la evolución). Dicen (con Faraón), "¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz ...? Yo no conozco a Jehová" (Ex. 5:2).

          C. Rom. 1:30, los "soberbios" están aso­ciados y relacionados con "los aborrecedores de Dios, injuriosos, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres". Rom. 1:18-32 describe cómo la soberbia del hombre destrona a Dios y lle­va al hombre a toda forma de depravación y corrupción. Para los soberbios, Dios no es el Creador. No hacen ninguna distinción en­tre el Creador y las criaturas. No dan gra­cias a Dios como el Dador de todas nues­tras bendiciones. Tienen más alto concepto de sí que el que deben tener, Rom. 12:3,16.

          D. La soberbia, pues, previene y evita la conversión a Dios. Los soberbios no quieren recono­cer que son pecadores. No quieren reconocer sus faltas. No quieren cambiar su vida. Hay soberbios religiosos que no quieren admitir que están en error doctrinal. La soberbia no les deja alejarse de la religión de sus padres. Por eso, la Biblia dice, "Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu" (Prov. 16:18). Véase Prov. 18:12. La única esperanza para los hom­bres es que se humillen y que sean "pobres en espíritu", que reconozcan que están en­fermos (Luc. 5:31), y que urgentemente necesitan del perdón de Dios.

          II. Los pobres en espíritu saben que es­tán en bancarrota espiritual.

          A. Cristo vino al mundo para buscar y a salvar lo que se había perdido (Luc. 19:10). El Buen Médico vino a buscar en­fermos (Luc. 5:32; 15:1,2). "Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero" (1 Tim. 1:15). Jesús no puede ayudar a los que no reconocen que son pecadores per­didos.

          B. Los "pobres en espíritu" son como "mendigos espirituales", cargados de pobreza espiritual, y sin recursos espiri­tuales. El hombre que trabaja para ga­narse el pan diario se llama "pobre" (del verbo penomai), 2 Cor. 9:9. Este "pobre" no es rico, no le sobra nada después de proveer lo más necesario, pero tampoco sufre miseria. Pero Jesús no emplea esa palabra. El usa la palabra ptojoi  que se refiere a los que en verdad son pobres, los que es­tán hundidos en la miseria. "Ptochos, un adjetivo que describe a uno que se agacha, se usa como nombre, un mendigo, Luc. 14:13,21, 'pobres'; 16:20,22, 'mendigo'" (WEV).

          C. Por lo tanto, "los pobres en espíritu" son los que reconocen que son pecadores, "destituidos de la gloria de Dios" (Rom. 3:23), y ponen toda su confianza en Dios para que les perdone y les reciba en su reino.

          D. "Los pobres en espíritu" saben que no pueden salvarse solos. Luc. 16:15, Jesús dijo a los fariseos, "Vosotros sois los que os justi­ficáis a vosotros mismos delante de los hombres". La actitud de éstos era lo opuesto de la actitud de "los pobres en es­píritu". Luc. 18:9-14, el fariseo en el tem­plo que "oraba consigo mismo", hablando de sus grandes virtudes, quería justificarse a sí mismo, pero no fue a su casa justificado (ver. 14). Aunque era judío, este fariseo no reconoció a Dios, no le pidió nada y no le dio gracias. Solamente "oraba consigo mismo". Apoc. 3:17, la iglesia de Laodicea se justificaba a sí misma, diciendo, "Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad", pero Jesús le dijo, "y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo". El po­bre en espíritu sabe que es un desventu­rado, miserable, pobre, ciego y desnudo, pero también sabe que Cristo le puede enriquecer y sanar, ver. 18.

          E. Se elogia a los hombres indepen­dientes, los que tienen mucha confianza en sí mismos, pero esta "virtud" es muy peli­grosa. Los tales a veces no solamente son independientes de los hombres sino tam­bién de Dios.

          III. Bienaventurados vosotros los po­bres, Luc. 6:20.

          A. Dios siempre ha mostrado su interés en los pobres que confían en El. Léanse Salmo 9:18; 34:6; 72:4; 107:41; 132:15. Dios es el Defensor de los pobres y destituidos.

          B. Cristo vino al mundo para predicar a los pobres, Luc. 4:18.

          C. Hablando de manera general, el pueblo de Dios se describe como pobres, oprimidos, afligidos, Sant. 2:5; 2 Cor. 6:10; Apoc. 2:9; 1 Cor. 1:26-31. Los ricos son, generalmente, crue­les, orgullosos, opresores (Sant. 2:6,7; 5:1-6), materialistas que  prosperan (Sal. 73:3). Por eso Jesús dice, ¡Ay de vosotros, ricos! (Luc. 6:24). También Santiago (5:1-6) los denuncia.

          D. Desde luego, muchos pobres no son buenos (Prov. 19:15; 21:25; 24:30-34), y muchos ricos no son malos (Abraham y Job eran muy ricos). La verdad es que hay peligro tanto en la pobreza como en la riqueza (Prov. 30:8,9), pero la mayoría de "los po­bres en espíritu" son pobres también en lo material.

          E. Muchos textos hablan de la influen­cia negativa que las riquezas tienen sobre el alma, Luc. 12:13-21; 16:19-31; 1 Tim. 6:6-10, 17-19.

          IV. Algunos ejemplos de los pobres en espíritu.

          A. Luc. 7:36-50, la mujer pecadora que regó con lágrimas los pies de Jesús y los enjugaba con sus cabellos era pobre en espíritu. Reconocía que estaba arruinada espiritualmente, y confiaba en Jesús para el perdón.

          B. Luc. 18:9-14, el publicano que dijo, "Sé propicio a mí, pecador" era pobre en espíritu. Reconocía que necesitaba el perdón de Dios, que estaba totalmente carente de la justicia de Dios, y no confia­ba en sí (como hizo el fariseo), sino en Dios.

          C. Luc. 15:17-19, "Yo aquí perezco de hambre. Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti: Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jor­naleros". El hijo pródigo llegó a ser pobre en es­píritu.

          D. Sal. 51:1-3, "Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones ... yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre de­lante de mí". El ver. 17 (versículo clave) dice, "Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios". David era pobre en espíritu.

          V. "Porque de ellos es el reino de los cielos", porque estos son los únicos que lo buscan.

          A. Los "pobres en espíritu" serán per­donados y hechos ciudadanos del reino de los cielos, pero es en vano hablar de la salvación a los que no quieren reconocer que son pecadores que deben arrepentirse y cambiar sus vidas. El Médico no puede ayudar al enfermo que no quiere recono­cer que está enfermo. Mat. 18:3, tenemos que arrepen­tirnos y hacernos como niños (humillarnos como niños, ver. 4), para poder entrar en el reino de los cielos.

          B. Juan 3:5, "el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios". El famoso rabino, Nicodemo, debería arrepentirse y cambiar su vida. No podía entrar en el reino de los cielos en virtud de ser "un principal entre los judíos" (ver. 1). Ya no bastaba con ser "judío", ni aun con ser un judío famoso. El tenía que humillarse (ser "pobre en es­píritu"), y obedecer al evangelio, para entrar en el reino. Era necesario que se arrepintiera y que fuera bautizado para ser salvo. Los pobres en espíritu no discuten acerca de la necesidad de bautizarse, porque al saber que el bautismo es un mandamiento del Señor (Mar. 16:16) para remisión de pecados (Hech. 2:38), con gusto lo obede­cen.

          C. Col. 1:13, Dios "nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo".

          Conclusión.

          A. "Los pobres en espíritu" son per­sonas humildes que reconocen que son pecadores, destituidas de la gloria de Dios. Reconocen que están en bancarrota espiritual. Estos crucifican la soberbia, porque re­conocen que no pueden justificarse a sí mismos. Por lo tanto, ponen toda su con­fianza en Dios. Compungidos de corazón, los tales obedecen al evangelio de Cristo, para obtener el perdón de los pecados y el don del Espíritu Santo, Hech. 2:37,38.

          D. Entonces como cristianos siguen siendo "pobres en espíritu", siempre dispuestos a admitir faltas y pedir perdón, Sant. 5:16; 1 Jn. 1:9.

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Mateo 5:4, Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.

LOS QUE LLORAN

Introducción.

          A. Jesús habla de "llorar" como se llora la muerte de un ser querido. Significa llo­rar intensamente. No se refiere al "llorar" por ambi­ciones fallidas, ni por haber perdido riquezas, ni por haber sido avergonzado, ni por haber sido castigado por alguna maldad. No hay bendiciones para los que lloran por estas causas, a menos que se arre­pientan. Tampoco promete bendición para aquellas almas pesimistas que viven lloriqueando por su mala suerte, diciendo que todo el mundo está en contra suya.

          C. Esta bendición se pronuncia sobre los que lloran (1) por los pecados propios, (2) por los pecados de otros, y (3) por el sufrimiento y la tristeza que hay en el mundo.

          I. "¡Ay de vosotros, los que ahora reís!" Luc. 6:25.

          A. Jesús no enseña que es pecado reír. Ecles. 3:1,4 dice, "todo tiene su tiempo ... tiempo de llorar, y tiempo de reír". Sin embargo, para muchos el "mayor bien" de la vida es la risa. Para los tales la vida no tiene nada de seriedad, sino que es una gran comedia; para ellos el mundo está lleno de payasos. El buscar placeres es su fin y propósito (Heb. 11:25; Luc. 8:14). Sant. 5:5 bien describe la gente mundana: "habéis vivido en deleites sobre la tierra, y sido disolutos; habéis engor­dado vuestros corazones como en día de matanza".

          B. Dios se reirá de ellos, Sal. 2:4; 37:13, "porque ve que viene su día". Luc. 6:25, "¡ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis". Tal vez Jesús se refiere a la destrucción de Jerusalén (Luc. 19:41-44).

          II. "La tristeza del mundo produce muerte".

          A. Es importante distinguir entre "la tristeza que es según Dios" que produce arrepentimiento para salvación, y "la tris­teza del mundo" que produce muerte (2 Cor. 7:9,10). Los criminales lloran porque se descubren y se castigan. El borracho llora porque su hígado está arruinado, y el fumador llora por el cáncer de los pul­mones. Muchos lloran porque se dan cuenta de que en su matrimonio están cometiendo adulterio, aunque estén "casados" legalmente. Pero el llorar de estos no produce la dicha a menos que se arrepientan.

          B. Núm. 14:40-45, el pueblo rebelde se enlutó, pero no fue bendecido. 1 Sam. 15:24-28, el rey rebelde se puso triste, pero ¿por qué? Porque fue rechazado por Dios por causa de su deso­bediencia. Mat. 27:3-5, Judas estaba muy triste, aun desesperado, pero su tristeza era "la tristeza del mundo". En su desesperación cometió suicidio. 1 Ped. 4:15, "ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno". El pecado produce sufrimiento.

          C. 1 Tim. 4:2, "teniendo cauterizada la conciencia", muchos no lloran por sus pecados. Véase también Efes. 4:19. Mu­chos mundanos tratan de suprimir la miseria y tristeza de su vida con alcohol y otras drogas. Jesús no promete consolación para los que "lloran" por "la tristeza del mundo", porque esta tristeza no produce arrepentimiento.

          III. "La tristeza que es según Dios" es la que nos trae muchas bendiciones.

          A. "La tristeza que es según Dios pro­duce arrepentimiento para salvación". De esta tristeza Jesús habla (Mat. 5:4). El llo­rar no es en sí una bendición, pero si pro­duce arrepentimiento y obediencia, trae bendición. (1). Esta es la tristeza que sentía David, Sal. 51:17; véanse Sal. 34:18; 38:18. (2). Es la tristeza demostrada por la mujer pecadora que "estando detrás de él (Jesús) a sus pies, llorando, comenzó a re­gar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume", Luc. 7:38. Nosotros debemos imitar a esta mujer. Los pecados de nosotros no son mejores o más res­petables que los de ella. No hay pecados "veniales y mortales" según la Biblia. Cada vez que pequemos debemos tener la misma actitud que ella demostró. Debe­mos sentir verdadera tristeza por el pecado, arrepentirnos inmediatamente y pedir perdón al ofendido y a Dios. (3). La tristeza de Pedro, Mat. 26:75. Después de negar a Jesús tres veces, "saliendo fuera, lloró amargamente" y volvió al Señor (Luc. 22:32). (4) La tristeza de Joel 2:12,13, "convertíos a mí ... con lloro".

          B. Es imposible arrepentirse si no hay tristeza por los pecados. Es necesario sen­tir tristeza por haber ofendido a Dios.

          IV. Los que lloran se preocupan por otros.

          A. Los profetas se preocupaban por el pueblo de Israel, Isa. 22:4; Jer. 9:1; 13:17; 14:17; Lamentaciones. Se preocupaban por sus pecados, y por el castigo que iban a sufrir (matanza, cautiverio, esclavitud).

          B. Jesús lloró sobre Jerusalén, Luc. 19:41-44. Véanse Mat. 9:36; 23:37.

          C. Debemos preocuparnos por la condición lamentable del mundo religioso, por los ciegos que siguen a otros ciegos (Mat. 15:14). Debemos preocuparnos por los pecados de la iglesia (mundanalidad, indiferencia, liberalismo, apostasía), y por el castigo que espera a los infieles. 1 Cor. 5:2; 2 Cor. 2:4; Gál. 4:19; Fil. 3:18; 1 Ped. 4:17,18. Rom. 12:15, "gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran".1 Cor. 12:25,26, "que los miembros todos se preocupen los unos por los otros ... si un miembro padece, todos los miem­bros se duelen con él". Debemos estar preocupados por el sufrimiento que hay en el mundo. Los cristianos no pueden ser indiferentes hacia los demás.

          V. Cristo consuela a los que lloran de esta manera.

          A. ¡Qué felices, pues, los que lloran por sus pecados, y quieren el perdón de Dios! Serán consolados. Dios nos reprende por el pecado, luego nos sana si nos arrepen­timos. 2 Cor. 1:3; 2 Tes. 2:16 "nos dio con­solación". Sal. 30:5, "porque un momento será su ira, pero su favor dura toda la vida".

          B. Cristo se llama "la consolación de Is­rael", Luc. 2:25. Mat. 11:28-30, "venid a mí ... yo os haré descansar". Isa. 61:1-3, "a ordenar que a los afligidos ... se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, ale­gría ... espíritu angustiado". Luc. 4:16-21, "enviado a sanar a los quebrantados de corazón". 1 Ped. 2:6, creyentes no serán avergonzados, no decepcionados.

          C. Hech. 2:37, los "compungidos" obe­decieron al Señor, siendo bautizados para el perdón de sus pecados (vers. 38,41), recibieron el perdón y el don del Espíritu Santo. Isa. 35:10, "y los redimidos de Je­hová volverán, y vendrán a Sion con ale­gría; y gozo perpetuo será sobre sus cabezas; y tendrán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido" (esta hermosa pro­fecía se cumple en los que obedecen al evangelio y reciben toda bendición espiritual en Cristo, Efes. 1:3). 1 Tim. 1:12,13, Pablo siempre estaba afligido por causa de su pecado. Obedeció al Señor y recibió misericordia (Hech. 22:16; 26:19). Entonces habló mucho de "gozo" y "regocijo" (véase carta a los fili­penses).

          D. Sal. 126:5,6, "los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la pre­ciosa semilla; mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas". Apoc. 7:17; 21:4, "Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos".

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Mateo 5:5, “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.

LOS MANSOS

Introducción.

          A. ¡Felices son los mansos! Son herederos de las más ricas bendiciones de Dios, no solamente en el cielo, sino aun ahora en la tierra.

          B. Todas estas bienaventuranzas son bien relacionadas. No describen a distintas personas, sino al verdadero discípulo de Cristo.

          I. ¿Qué significan las palabras "manso" y "mansedumbre"?

          A. No significan "cobarde", ni "tímido", ni "pasivo". Moisés era hombre muy manso (Núm. 12:3), pero reprendió severamente la idolatría del pueblo (Ex. 32:19). Jesús era manso (Mat. 11:29), pero demostró en varias ocasiones su valor al corregir a los judíos (Mat. 21:12,13; Jn. 2:14-16). Cuando uno de los alguaciles le dio una bofetada, Jesús dijo, "Si he hablado mal, testifica en qué está el mal; y si bien, ¿por qué me golpeas?" ¡Jesús no era nada tímido!

          B. Lo opuesto de "manso" es "arrogante", "soberbio", u "orgulloso". Todo cristiano debe enojarse (Efes. 4:26), porque no debe ser indiferente hacia el pecado, pero el enojo sano requiere do­minio propio.

          C. El manso está sumiso a Dios, obe­diente, nunca rebelde ni desobediente. No resiste a Dios. Siempre dice, "Hágase tu voluntad y no la mía". Todos sus deseos, pensamientos, instintos, e impulsos están sujetos a la voluntad de Dios. Es contro­lado por Dios. Prov. 16:32, "se enseñorea de su espíritu". El dominio propio es, en realidad, el dominio de nuestras vidas por Dios, 2 Ped. 1:6; Tito 1:8, "dueño de sí mismo".

          D. La mansedumbre es "fruto del Es­píritu" (Gál. 5:22,23). A los contenciosos y arrogantes de Corinto Pablo habla de misericordia, amor y mansedumbre (1 Cor. 4:21; 2 Cor. 10:1). Los espirituales deben restaurar al hermano caído "con espíritu de mansedumbre" (Gál. 6:1). Esta virtud es compañera del amor y humildad (Efes. 4:2; Col. 3:12). Los predicadores y maestros deben corregir al oponente con el espíritu de mansedumbre (2 Tim. 2:24,25). Es lo opuesto del espíritu querelloso y pleitista (Tito 3:2). Es el es­píritu que se necesita para aprender (Sant. 1:21). Se pone en contraste con ce­los amargos y contención (Sant. 3:13). Debemos dar razón de la esperanza con mansedumbre (1 Ped. 3:15).

          E. Compárese el amansar caballos. Significa sujetarlos a la rienda, enseñarles la obediencia. Compárese también el agua turbulenta de una presa que produce la electricidad. Así debe ser el espíritu nues­tro, controlado y utilizado por Dios en su servicio.

          F. La mansedumbre está relacionada estrechamente con la humildad (es fruto de ella), y también con la misericordia, benignidad y paciencia. Efes. 4:2, "con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros". Si somos mansos, somos pacientes y tolerantes; nos soportamos los unos a los otros (Gál. 5:26). Muchos proble­mas en la iglesia serían solucionados si hubiera más mansedumbre entre los miembros. Col. 3:12,13, "Vestíos de miseri­cordia, de benignidad, de mansedumbre, de paciencia, soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros". Los mansos están dispuestos a perdonar.

          G. El manso es sufrido. Su gentileza es conocida de todos, Fil. 4:5. Con buena voluntad soporta insultos y malos tratos. Recuérdese, el manso tiene bajo control los impulsos y emociones y toda la con­ducta. No se deja amargar, ni tiene es­píritu vengativo. No es orgulloso ni arro­gante.

          H. El manso está dispuesto a sufrir agravio, ser defraudado, en lugar de causar escándalos en la iglesia, 1 Cor. 6:7.

          II. Ejemplos de la mansedumbre.

          A. Abraham.  Gén. 13:8,9, no contendió Abraham por sus derechos. Tenía "señorío", pero dio la preferencia a Lot. Dijo, "No haya ahora altercado entre nosotros dos, entre mis pastores y los tuyos, porque somos hermanos".

          B. Moisés. Núm. 12:3, "Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hom­bres que había sobre la tierra". No era manso cuando mató al egipcio (Ex. 2:12); él quería identificarse con sus hermanos (los hebreos), pero todavía no estaba gobernado por Dios. Desde luego, aun des­pués no fue perfecto, pues en alguna ocasión fue grandemente provocado por el pueblo y "habló precipitadamente con sus labios" (Sal. 106:32,33), pero Núm. 12:3 describe perfectamente el carácter de este gran hombre: "muy manso".

          C. Cristo. Mat. 11:29 Jesús, "manso y humilde de corazón"; 2 Cor. 10:1, "os ruego por la mansedumbre y ternura de Cristo". Mat. 21:5, Jesús es Rey de reyes, pero también manso. 1 Ped. 2:20-23 describe su manse­dumbre en el sufrimiento.

          D. Pablo. 1 Tes. 2:7,11, "fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos ... así como el padre a sus hijos, exhortábamos y con­solábamos a cada uno de vosotros". La ternura no es debilidad.

          E. Como todos saben, Abraham, Moisés, Jesús y Pablo no eran nada tímidos, ni pasivos, ni mucho menos cobardes. Eran muy fuertes y, por lo tanto, eran grandes líderes, pero tenían su fuerza bajo control.  Los mansos, pues, son verdaderos discípulos de Jesús, que demuestran el valor y fuerza, pero tienen bajo control la voluntad y las emociones. Recuérdese que el verdadero dominio propio significa bajo el control de Dios.

          III. Recibirán la tierra por heredad.

          A. Los testigos del Atalaya enseñan que literal­mente los mansos recibirán la tierra por heredad, mientras que los 144,000 habitarán el cielo. (El número "144,000" no es literal, sino simbólico; significa el número completo de los redimidos, Apoc. 14:4). La enseñanza de los "testigos" es otra de las ideas materialistas de que la tierra no será destruida (2 Ped. 3:10), sino que será renovada para ser habitada, sea para 1000 años, o para siempre. Tales falsos maestros no tienen ni parte ni suerte en el reino de los cielos y, por lo tanto, no saben apreciar estas her­mosas enseñanzas de Jesús. Esta secta es totalmente carnal en su trato de la Biblia. Sólo quiere hablar de la teocracia, de go­biernos mundanos, del Armagedón, etc. No les interesa la salvación, porque dicen que el hombre no tiene alma, y que no hay infierno. No son nada espirituales.

          B. Solamente los falsos maestros que tuercen las Escrituras (2 Ped. 3:16) son capaces de enseñar que los pobres en es­píritu, los que padecen persecución por causa de la justicia, etc. reciben el reino de los cielos, y que solamente los mansos heredarán una tierra renovada.

          C. Véase la expresión "Recibirán la tierra por heredad" en el Salmo 37:9,11,22. Originalmente la palabra "tierra" se refería a Canaán. "Recibir la tierra por heredad" llegó a ser expresión proverbial del mayor bien. Significa, pues, las bendiciones supremas, la felicidad verdadera. Ahora mismo los mansos, los ver­daderos discípulos de Jesús, reciben las más ricas bendiciones del mundo, Mar. 10:29,30; 1 Cor. 3:20,21; 1 Tim. 4:8; 1 Ped. 3:10-12; Fil. 4:6-13, paz, tranquilidad, con­tentamiento. El énfasis en todos estos textos es espiritual. Desde luego, Dios nos bendice físicamente, y nos prospera en muchas formas, pero es muy obvio que el énfasis es espiritual. (Por ejemplo, Mar. 10:29,30, ¿recibirán literalmente ahora en este mundo 100 madres? ¿o cien esposas?)

          D. Los mansos son capaces de disfrutar de las más ricas bendiciones de la tierra (es decir, las bendiciones espirituales). Los soberbios, arrogantes, falsos maestros (como los "testigos"), y otros rebeldes no son capaces de disfrutar de ellas. No son bendecidos ahora y ¿qué les espera des­pués?

          E. ¿Cuándo, pues, heredarán los man­sos la tierra? Ahora mismo. Mat. 5:5 nos da la promesa y garantía de recibir ahora mismo los beneficios más grandes del mundo si somos mansos. La una cosa acompaña a la otra. Si existe la condición (la mansedumbre), existirá al mismo tiempo la bendición. Considérese esta ilustración: "Felices son los que cancelan puntualmente sus deudas, porque ellos gozarán de buen crédito". ¿Cuándo serán felices, gozando de buen crédito? Al mismo tiempo que cumplan puntualmente sus compromisos. Una cosa coexiste con la otra. Siempre serán felices, gozando de buen crédito, si siguen pagando puntual­mente sus deudas. De la misma manera, los mansos heredarán la tierra. La bendi­ción coexiste con la condición, el carácter manso. Los mansos gozan automática e ineludiblemente, las más grandes bendi­ciones de la tierra, por ser mansos. El pecado trae su consecuencia negativa y la virtud trae su consecuencia positiva. Compárese Gál. 6:7,8.

          Conclusión.

          A. Dichosos son los mansos. ¿Quiénes son? Las palabras "manso" y "mansedumbre" no tienen nada que ver con la debilidad, ni mucho menos con la cobardía. Recuérdense siempre los grandes ejemplos de Cristo, Pablo y Moisés.

          B. Los mansos son los humildes, los que están sujetos a Dios. El manso ha entre­gado las riendas de su vida a Dios. Dios tiene las riendas para controlar la voluntad, las emociones, los impulsos y toda la conducta del manso.

          C. Los mansos recibirán la tierra por heredad; es decir, disfrutan ahora mismo las más grandes, las más ricas, bendiciones de la tierra. Son los únicos capacitados para hacerlo.

          D. 1 Cor. 3:22, "todo es vuestro ... sea el mundo, sea la vida, sea la muerte, sea lo presente, sea lo por venir, todo es vues­tro".

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Mateo 5:6

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

LOS QUE TIENEN HAMBRE Y SED DE JUSTICIA

Introducción.

          A. ¿Por qué dice Jesús que la puerta es estrecha y que el camino es angosto (Mat. 7:13,14)? (1) Porque hay pocos que son pobres en espíritu (dispuestos a admitir faltas y buscar perdón), (2) porque hay pocos que lloran por sus pecados y por los de otros, (3) porque hay pocos mansos, y (4) porque hay pocos que tienen hambre y sed de justicia.

          B. Esta bienaventuranza concuerda perfectamente con las que la preceden y con las que la siguen. Jesús describe una sola persona, un discípulo verdadero de El. Describe cierta clase de gente, el pueblo de Dios. El cuerpo necesita alimentación, y el alma también necesita alimentarse.

          I. ¿Qué significa tener hambre y sed de justicia?

          A. Pregúntese primero, ¿qué significa tener hambre y sed? Son dos de los apetitos más fuertes. ¿Cuántos de nosotros hemos tenido verdadera hambre y sed? ¿Cuántos han estado en peligro de morir si no en­contraran muy pronto la comida y agua? ¿Habrá entre los oyentes o lectores alguna persona que lo haya experimentado? Desde luego, hay muchas per­sonas en la actualidad que sufren ver­dadera hambre y sed. No quieren un vaso de agua sino toda la jarra; no quieren dos o tres tortillas, sino todo el paquete. Mu­chos están muriendo de hambre.

          B. Figuradamente tener hambre y sed significa tener deseo ferviente, desear inten­samente, anhelar, añorar, o apetecer. Tener hambre y sed de justicia sig­nifica desear intensamente hacer toda la voluntad de Dios. Debemos tener hambre y sed de obtener el perdón de Dios, de ser transformados en la imagen de Cristo, de ser edificados en la fe santísima, de poder ganar muchas almas por Cristo. Mat. 3:15, aunque Jesús no tenía pecado, quería ser bautizado: "Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia". Conviene obe­decer los mandamientos de Dios. Véase Sal. 119:172.

          C. Mat. 6:24-34, "No os afanéis por vuestra vida ... Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas". Debemos "buscar" intensamente las cosas del reino de Dios. Debemos desear saber y hacer la voluntad (palabra) de Dios: más que el oro, Sal. 119:72, 127, "Por eso he amado tus mandamientos más que el oro, y más que el oro muy puro"; más que la miel, Sal. 119:103, "¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca"; más que la comida, Job 23:12, "Guardé las palabras de su boca más que mi comida (porción señalada)".

          D. Mat. 13:44-46, al descubrir el evan­gelio, debemos "vender todo" para "comprarlo" (poseerlo). "Compra la ver­dad, y no la vendas", Prov. 23:23.

          E. Estudiemos los Salmos para enten­der mejor lo que significa anhelar: Sal. 42:1,2 "Como el ciervo brama por las corrien­tes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía"; Sal. 63:1, "De madru­gada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida"; Sal. 84:2, "Anhela mi alma y aun ardien­temente desea los atrios de Jehová". Léase todo el Salmo 84; Sal. 119:20, "Quebrantada está mi alma de desear tus juicios en todo tiempo". El Salmo 119, el capítulo más largo en la Biblia, alaba la Palabra de Dios. 1 Ped. 2:1,2, "Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación".

          II. ¿De qué cosas tenía hambre y sed la mayoría de los judíos?

          A. Cosas materiales. Luc. 8:14, "las riquezas y los placeres de la vida". 1 Tim. 6:9, "los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias ne­cias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición". Ecles. 2:3-11, "Propuse en mi corazón agasajar mi carne con vino, y que anduviese mi corazón en sabiduría ... engrandecí mis obras ... me hice huertos y jardines ... me amontoné también plata y oro ... me hice de cantores y cantoras, de los deleites de los hijos de los hombres, etc."

          B. Poder político. Juan 6:15, "iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey", porque tenían "hambre y sed" de ser libe­rados de los romanos.

          C. Panes y peces. Juan 6:26, "me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os sacias­teis".

          D. La mayoría de la gente hoy en día tiene hambre y sed de las mismas cosas: toda clase de cosas materiales, placeres, y poder (político, comercial, y religioso, etcétera).

          III. Algunos ejemplos de aquellos que tuvieron hambre y sed de justicia.

          A. La mujer cananea. Mat. 15:27, "Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos". Jesús alaba la fe "grande" de esta mujer cananea.

          B. La mujer pecadora. Luc. 7:38, "estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágri­mas sus pies".

          C. Los casos de conversión en Hechos de los Apóstoles: (1). El día de Pentecostés tres mil per­sonas obedecieron al evangelio el mismo día en que oyeron, Hech. 2:37-41. Tenían hambre y sed de justicia. (2) Los samaritanos obedecieron "cuando creyeron", Hech. 8:12. (3). Cuando el eunuco oyó el evange­lio, dijo, "Aquí hay agua, ¿qué impide que yo sea bautizado?" e inmediatamente obedeció, Hech. 8:35-39. Este hombre es un ejemplo muy bueno de tener hambre y sed de justicia. "Había venido a Jerusalén para adorar, volvía sentado en su carro, y leyendo al profeta Isaías". (4). El carcelero y su casa fueron bau­tizados a media noche, y "se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios", Hech. 16:25,33,34. Estos y otros demostraron mucha hambre y sed de justicia, oyendo el evangelio, arrepintiéndose de sus pecados, confesando a Cristo, y siendo bautizados sin demorar.

          D. El apóstol Pablo siempre demostraba que tenía mucha hambre y sed de justicia. Léase Fil. 3:7,8. Lo demostró a través de su vida entera y sus escritos.

          IV. "Porque ellos serán saciados", Mat. 7:7-11; Sal. 53:5,6.

          A. Sinónimos de la palabra "saciar" son llenar, hartar, hastiar, cumplir. De esto habla Jesús en Juan 4:13,14. Dijo que "Cualquiera que bebiere de esta agua volverá a tener sed; mas el que be­biere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás". Véanse Juan 7:37,38; Apoc. 22:17. Jn. 6:27, "Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece".

          B. Fil. 4:6,7, No estar afanosos, hacer peticiones a Dios, con acción de gracias, "y la paz de Dios ... guardará vuestros cora­zones". Fil. 4:11-13, "he aprendido a con­tentarme, cualquiera que sea mi situación ... Todo lo puedo en Cristo que me forta­lece".

          Conclusión:

          A. Luc. 6:21, "Bienaventurados los que ahora tenéis hambre". Aquí se agrega la palabra ahora. En el ver. 25 se agrega otra vez: "¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados! Porque tendréis hambre".

          B. Pero si nuestra justicia es como la de los escribas y fariseos, no seremos "saciados". Si tenemos hambre y sed de justicia, buscaremos primeramente el reino de Dios y su justicia, Mat. 6:33.

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Mat. 5:7, Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

LOS MISERICORDIOSOS

          I. Nuestro Dios es misericordioso.

          A. Exodo 34:6,7, "¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y ver­dad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado".

          B. Efesios 2:4,5, "Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo". Tito 3:4,5, "Pero cuando se mani­festó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hu­biéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación del Espíritu Santo".

          C. Habiendo recibido tanta misericor­dia de Dios debemos mostrarla a otros. Sal. 18:25, "Con el misericordioso te mostrarás misericordioso". Esta virtud mira hacia atrás a la misericordia recibida de Dios, y hacia adelante para mostrarla a otros.

          D. Los judíos no eran nada misericor­diosos para con los samaritanos, publicanos, y gentiles (romanos). Creían que el "bienaventurado" sería el guerrero que pudiera derrotar a los romanos. Mat. 23:23, "dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe".

          II. Debemos mostrar la misericordia ha­cia los necesitados.

          A. Prov. 14:21, "el que tiene misericor­dia de los pobres es bienaventurado". Prov. 19:17, "A Jehová presta el que da al pobre, y el bien que ha hecho, se lo volverá a pagar".

          B. Luc. 10:25-37, el samaritano (tan des­preciado por los judíos) "usó de misericordia". Era verdadero "prójimo" al necesitado (ver. 36). 1 Jn. 3:16-18; Efes. 4:28, es misericor­dioso compartir bienes materiales. Mat. 25:35-40, "en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis". Los miseri­cordiosos se preocupan por estos.

          III. El misericordioso quiere ayudar a otros. (La misericordia no es solamente una emoción o sentimiento.)

          A. El misericordioso es una persona de acción. Hace algo por otros. La misericordia es la compasión demostrada. Jesús usó de misericordia, sanando y ayudando en varias formas a los siguientes: (obsérvese la palabra "misericordia") Mat. 9:13 (pecadores); Mat. 9:27 (ciegos); Mat. 15:22 (la hija de la cananea gravemente atormentada); Mat. 17:15 (el lunático o epiléptico que padecía muchísimo); Mar. 5:19 (el en­demoniado); Luc. 1:58 (Elisabet que tanto quería un hijo); Luc. 17:13 (un leproso); Fil. 2:27, (Epafrodito, enfermo a punto de morir).

          B. El misericordioso se preocupa por otros, Rom. 12:15 (con gozo, ver. 8); 1 Cor. 12:26,27. Ora por otros, 1 Tim. 2:1-2. Se identifica con otros, mira con sus ojos, oye con sus oídos, anda en sus zapa­tos. Procura entender sus pensamientos. Quieren entender por qué viven como viven. Es precisamente lo que Jesús hizo. Vino al mundo y se hizo hombre, para estar en nuestros zapatos, nos entiende. Tiene ver­dadera compasión, Mat. 9:36; 14:14; 15:32; Heb. 4:15,16. 1 Ped. 3:8, "sed ... compasivos, mi­sericordiosos".

          IV. La misericordia se demuestra en varias maneras.

          A. Es misericordioso enseñar a los que no saben la voluntad de Dios.

          B. 1 Tes. 2:7,11, el exhortar es acto de misericordia. 1 Tes. 5:14, es misericordioso amo­nestar, alentar, y sostener al débil. Véase Heb. 12:12,13. 2 Tim. 4:2, es misericordioso predicar, instar, y aun reprender. ¿Por qué? Porque al hacer estas cosas salvamos almas. Judas 23, "A otros salvad, arre­batándolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne". Sant. 2:1-13, el discriminar contra el pobre es actuar sin misericordia. La disciplina en el hogar (Efes. 6:4) y en la iglesia (Rom. 16:17; 1 Cor. 5) es acto de amor y de misericordia.

          C. La misericordia es lo opuesto de la crueldad. Col. 3:19,21, "Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas ... padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten". El marido y padre cruel no es misericordioso. Es cruel usar lenguaje insultante y abusivo (Mat. 5:22; Sant. 3:8-10). El misericordioso evita toda forma de crueldad.

          V. La misericordia (el perdón) para los culpables.

          A. La misericordia más importante es la misericordia de Dios que perdona los pecados nuestros. Cristo mostró mucha misericordia hacia los pecadores, Luc. 5:31,32; 7:36-50; 15:1,2; 23:34. Luc. 23:34, "perdónalos ... no saben lo que hacen". Heb. 2:17, "misericordioso ... para expiar pecados".

          B. José perdonó a sus hermanos, aunque le habían vendido como esclavo, Gén. 50:17-19. Hech. 7:60, Las palabras finales de Esteban eran, "Señor, no les tomes en cuenta este pecado", aunque le apedrea­ban por predicar la verdad. 2 Tim. 4:16, "En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon; no les sea tomado en cuenta".

          C. Mat. 6:12,14,15, Jesús nos enseña a orar, "perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores". ¿Qué significa esta oración si no queremos perdonar a otros? Esta es una oración muy seria, aun peligrosa (si no estamos dispuestos a perdonar). Luc. 6:37, "No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; per­donad, y seréis perdonados". Efes. 4:32, "Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os per­donó a vosotros en Cristo". Mat. 18:21-35, el resultado de no perdonar es la condenación.

          D. Luc. 18:13, dijo el publicano, "Dios, sé propicio a mí, pecador". ¿Cree usted que este publicano estaba dispuesto a perdonar a otros?

          VI. La recompensa del misericordioso: Obtendrá Misericordia.

          A. El misericordioso imita a Dios, porque Dios quiere perdonar. Quiere que todos sean salvos. 1 Tim. 4:2; 2 Ped. 3:9. Será llamado, pues, "hijo" de Dios, porque imita a Dios. Dice Cristo que los miseri­cordiosos alcanzarán misericordia. Luc. 6:36, "Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso".

          B. 2 Tim. 1:18, la petición de Pablo por Onesíforo fue "Concédale el Señor que halle misericordia cerca del Señor en aquel día". Es lo que todos necesitaremos urgentemente "en aquel día". La recibirán los misericordiosos.

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Mateo 5:8, Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.

LOS DE LIMPIO CORAZÓN

          Introducción.

          A. El corazón limpio es la base princi­pal de las demás virtudes. Prov. 4:23, "Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida". 1 Tim. 1:5, "Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida". La palabra "corazón" abarca el inte­lecto, la voluntad, las emociones, y la con­ciencia; el corazón debe ser limpio en todo sentido.

          B. La palabra "limpio" (katharos) sig­nifica "libre de mezclas impuras, sin tacha ... libre de deseos corrompidos, de culpa". El corazón "limpio" es el corazón no divi­dido. Compárese Sant. 1:8, "el hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos"; Sant. 4:8, "vosotros de doble ánimo, purificad vuestros corazones". En 2 Cor. 11:3 Pablo habla de "la sincera fidelidad a Cristo". Sal. 51:6, "tú amas la verdad en lo íntimo".

          I. La purificación ceremonial y externa.

          A. Lo más importante para los judíos era la limpieza externa, la purificación ceremo­nial y la moralidad externa. Mat. 15:2, "¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? Porque no se lavan las manos cuando comen pan". Ver. 8, de éstos Jesús dice, "su corazón está lejos de mí". Vers. 18-20, Jesús enseña que lo importante es lo que sale del corazón. Por lo tanto, Jesús dijo "que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos" (Mat. 5:20).

          B. Limpiaron lo de fuera. Mat. 23:25-28, "limpiáis lo de fuera del vaso ... limpia primero lo de dentro del vaso y del plato". Descuidaban "lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe" (ver. 23). Si la gente cumplía con estos actos exter­nos se consideraban fieles aunque hubiera odio y malicia en sus corazones.

          II. ¿Qué es el corazón en sentido figu­rado?

          A. Es importante entender el signifi­cado figurado de la palabra "corazón". No significa solamente las emociones, sino que abarca (1) el intelecto, (2) la voluntad, (3) las emociones, y (4) la con­ciencia.

          B. La palabra "corazón" se refiere al asiento de la vida espiritual: (1). Es el asiento del entendimiento, Mat 13:15. (2). Es el asiento de los pensamientos, Mat. 9:4. (3). Es el asiento de las percepciones, Jn. 12:40. (4) Es el asiento de la fe, Rom. 10:9,19. (5). Es el asiento de la conciencia, Hech. 2:37; 1 Juan 3:20. (6). Es el asiento de las intenciones, Heb. 4:12. (7). Es el asiento de los propósitos, Hech. 11:23. (8). Es el asiento de la voluntad, Rom. 6:17. (9). Es el asiento de los deseos, Mat. 5:28.

          C. Con el corazón se entristece (Rom. 9:2); se regocija (Jn. 16:22); se desea (Mat. 5:28); se ama (Mat. 22:37); se en­tiende (Jn. 12:40); se piensa (Mat. 9:4; Luc. 1:51); se razona (Mar. 2:6); se pro­pone (Hech. 11:23); y se cree (Rom. 10:10).

          D. Mat. 22:37-39, "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con tu mente". Mar. 12:30 agrega "y con todas tus fuerzas". Según estos textos debemos amar a Dios con todo nuestro ser.

          III. La relación entre el corazón limpio y todo el resto del sermón del monte.

          5:3-12, los de limpio corazón son po­bres en espíritu para reconocer sus faltas y pedir perdón, tienen la tristeza según Dios por los pecados, son mansos, tienen ham­bre y sed de justicia, son misericordiosos y pacificadores, y están dispuestos a sufrir por el nombre de Cristo. 5:21-24, los de limpio corazón no se enojan carnalmente, no usan lenguaje abusivo; buscan la reconciliación con el hermano ofendido. 5:28, los de limpio corazón, evitan la codicia. 5:33-37, los de limpio corazón cumplen su palabra porque ya dejaron la mentira, las promesas quebrantadas, y los juramen­tos necios. 5:38-48, los de limpio corazón, aman aun a los enemigos. 6:1-18; 7:7-12, los de limpio corazón, no ofrecen servicio "a Dios" para ser vistos de los hombres. 6:22-24, los de limpio corazón tienen ojo singular y Cristo es su único Maestro. 6:25-34, los de limpio corazón no se afanan por la vida material, sino buscan primeramente el reino de Dios y su justi­cia. 7:1-5, los de limpio corazón no juzgan con hipocresía, sino que siempre examinan con cuidado su propia vida. 7:21-23, los de limpio corazón respetan y obedecen la ley de Cristo. 7:24-27, los de limpio corazón obede­cen estas enseñanzas para edificar sobre la roca, y para andar en el camino an­gosto, 7:13,14.

          IV. El corazón impuro es la fuente de la tentación.

          A. Sant. 1:14, "cada uno es tentado cuando de su propia concupiscencia (malos deseos) es atraído y seducido". (1). Judas cayó porque tenía malos de­seos (la avaricia), Jn. 12:6; Mt. 26:15. (2). Ananías y Safira pecaron porque dejaron que Satanás entrara en su corazón y mintieron al Espíritu Santo, Hech. 5:1-11. Tenían el deseo de ser re­conocidos como generosos como los demás, pero su avaricia quería quedarse con una parte del dinero. (3). Simón pecó porque su corazón no era recto delante de Dios, Hech. 8:21. Tenía el deseo de poseer el poder del Es­píritu Santo, pero con un propósito malo. Tenía ambición carnal.

          B. La expresión doble ánimo (Sant. 1:8; 4:8) significa que el corazón no es limpio, porque está dividido, pues "ama" al Señor y también ama el mundo (4:4). Desde luego, la persona con doble ánimo conti­nuamente será tentado a pecar. Recuérdese que el problema está dentro de cada persona. Satanás nos tienta a través de nuestros deseos malos. De esta manera cooperamos con Satanás al poner tropiezos delante de nosotros mismos.

          V. ¿Cómo se purifica el corazón?

          A. Es necesario arrepentirse y volver a Dios. Jer. 4:14, "Lava tu corazón de mal­dad, oh Jerusalén". Israel tuvo que arre­pentirse de su idolatría y volver a Dios.

          B. Hech. 15:9, dice Pedro acerca de Cornelio y su casa, "ninguna diferencia hizo entre nosotros (judíos) y ellos (gentiles), purificando por la fe sus cora­zones". No dice que Dios purificó sus corazones por "la fe sola". Hech. 10:48, "Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús".

          C. Por la obediencia. (1). 1 Ped. 1:22, "Habiendo purificado vuestros almas por la obediencia a la verdad ... amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro". (2). Por obedecer al evangelio. Heb. 10:22, "purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura". Este texto se refiere a la obediencia al evangelio. (3). Por la renovación del en­tendimiento, y la purificación de los afec­tos. Rom. 12:2; Efes. 4:23; Col. 3:10.

          VI. Los de limpio corazón verán a Dios.

          A. Era un honor grande entrar en la presencia del rey para verlo. Gén. 43:3; 1 Rey. 10:8; Ester 1:14; 4:16; Hech. 9:15; 26:2.

          B. Sin corazón limpio no veremos a Dios. Heb. 12:14, "Seguid ... la santidad, sin la cual nadie verá al Señor". Apoc. 22:4, "verán su rostro". Sal. 24:3,4, "¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón".

          C. Se purifica como El es puro. 1 Jn. 3:2,3, "cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es ... Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro".

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Mat. 5:9 Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

LOS PACIFICADORES

Introducción.

          A. Los judíos no querían paz, sino guerra; querían ganar otra vez su independencia. Querían obligar a Jesús a ser rey con este propósito, Jn. 6:15. Sin duda les extrañó mucho la en­señanza de Jesús acerca de la necesidad de ser humildes, mansos, misericordiosos y pacificadores. Los profetas hablaron de paz (Isa. 2:2-4; 9:6). Estas profecías se cumplieron cuando Jesús efectuó la paz con Dios por medio de su muerte, y reconcilió a los judíos y gentiles en un cuerpo, la iglesia (Efes. 2:14-17;4:4).

          B. Había mucho odio entre judíos y samaritanos, entre judíos y romanos, entre griegos y no griegos, etc. Los judíos espe­raban que el Mesías viniera para destruir a los romanos, pero el Mesías vino para des­truir la enemistad entre todos los hom­bres.

          C. Es necesario tener paz con Dios para poder tener paz entre los hombres. Los que tienen paz con Dios deben tener paz también unos con otros.

          I. Cristo se llama "Príncipe de paz", Isa. 9:6.

          A. Trajo paz a los hombres obedientes. Luc. 2:14, "en la tierra paz entre los hom­bres en quienes El se complace" (LBLA). Pero, "No hay paz para los malos, dijo Jehová". 1 Tes. 5:3, "cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los do­lores a la mujer encinta, y no escaparán".

          B. Efes. 2:14-18, Cristo vino para recon­ciliarnos con Dios, haciendo la paz. A través de Cristo, tenemos el perdón de Dios, y así tenemos la paz, Rom. 5:1. Efectuó esta paz por medio de la cruz (le costó su vida). Efes. 6:15, Pablo habla "del evangelio de paz". Rom. 14:17, "el reino de Dios es paz y gozo en el Espíritu Santo".

          C. ¡Compárese la paz que Jesús nos trae, y la ambición nacionalista de los judíos!

          II. Los pacificadores no son pasivos, sino militantes.

          A. Cristo trajo paz, pero en forma de una espada. Luc. 2:35, una espada traspasó el alma de María. Mat. 10:16-28, trae persecuciones severas para sus discípulos. Mat. 10:34-37, trae disensión al hogar. No hay paz con Dios hasta que los rebeldes se sometan a la voluntad divina. La paz lograda por Cristo es una lucha contra el pecado y una victoria sobre lo mismo. No hay paz para los que todavía aman el pecado, el error, y la apostasía. Con éstos hay una lucha continua. 2 Cor. 10:3-5, "derribando argumen­tos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios". Es necesario de­rribar los argumentos de los incrédulos, humanistas, sectarios, y her­manos liberales.

          B. Efes. 6:10-12, nuestra lucha es "contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo". Los incrédulos más peligrosos de la actualidad son los humanistas, porque estos enemigos de Dios pelean vigorosamente contra la moralidad bíblica y todo "conocimiento de Dios" en el go­bierno, en las escuelas, y a través de todos los medios de comunicación y diversión (periódicos, revistas, televisión, cine, can­ciones). Tienen mucho poder político y le­gal. El arma poderosa legal de los hu­manistas de los Estados Unidos es el grupo llamado "American Civil Liberties Union" (y habrá grupos semejantes en otros países). Son riquísimos, nunca les faltan fondos. Fuertemente promueven el aborto, y es probable que dentro de pocos años la mayoría de los congresistas de los EE.UU. tengan que apoyarlo para ser elegidos. Promueven toda forma de in­moralidad sexual y defienden los "derechos" de los homosexuales. En fin, promueven toda forma de pecado. Es necesario ser verdaderos soldados mili­tantes para combatir este movimiento.

          C. 2 Cor. 5:18-20, el mensaje para el mundo rebelde es "reconciliaos con Dios". Dios es mucho más fuerte que nosotros (1 Cor. 10:21); conviene, pues, someternos a El.

          III. Trabajemos por la paz con todos los hombres.

          A. En el hogar. Seamos pacificadores en el hogar. Debe haber paz y armonía entre esposos, y entre padres e hijos. Es posible si todos aceptan el orden divino. Seamos pacificadores para ayudar a los familiares, vecinos y otros conocidos con sus problemas. Se necesitan urgentemente pacificadores para solucionar problemas domésticos, enseñando tales textos como Mat. 19:9; Efes. 5:22-6:4; Col. 3:18-21; 1 Ped. 3:1-7; 1 Cor. 7:2-16. Hay muchos que destruyen sus hogares pero hay pocos pacificadores.

          B. En la iglesia. Efes. 4:2-4, "con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardarla unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo ..." Para ser pacificadores en la iglesia, primera­mente debemos limpiar nuestro corazón de todo odio, enojo, amargura, resen­timientos, y niñerías, Gál. 5:19-21; Efes. 4:31,32. El miembro carnal no puede ser pacificador porque no tiene paz con Dios ni con los  miembros. Es necesario estu­diar bien la instrucción divina para poder efectuar la paz entre hermanos: Rom. 14:19; Gál. 5:14,15, 22-26; Filip. 2:1-4,14; Filemón; 2 Tim. 2:24-26; 1 Tes. 2:7,11; 5:14; Sant. 3:13-18. Todo miembro de la iglesia debe ser pacificador pero, lamentablemente, muchos prefieren causar problemas en lugar de resolverlos.

          C. Los que no son pacificadores son los siguientes: los que quieren vengarse, Rom. 12:19-21; los perversos y chismosos, Prov. 16:28; los que siembran discordia entre hermanos, Prov. 6:19; los iracundos y ren­cillosos, Prov. 26:21; 29:22; y los que pro­pagan y discuten cuestiones necias, 2 Tim. 2:23.

          D. Estad en paz con todos. Rom. 12:18, "Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hom­bres". Recuérdese que Jesús se asociaba con los peores de los hombres. Se preocu­paba por su dolor y miseria. Quería ayu­darles. Jesús, el Príncipe de Paz, era el perfecto Pacificador. Evangelizó a los pecadores para que tuvieran paz con Dios y luego paz unos con otros. Seamos pacifi­cadores, pues, entre los familiares, entre los vecinos, entre los compañeros de tra­bajo, entre los amigos en la escuela, y dondequiera que estemos. Debemos tra­bajar por la paz.

          IV. Serán llamados hijos de Dios.

          A. ¿No son llamados "hijos de Dios" todos los miembros de la iglesia? ¿No son llamados "hijos de Dios" todos los bauti­zados? ¿Por qué dice Jesús que los pacificadores serán llamados hijos de Dios?

          B. En este texto la palabra "hijo" sig­nifica imitador; es decir, los pacificadores son como Dios, semejantes a Dios. Véase la palabra "hijos" usada en este sentido en Mat. 5:45; Luc. 6:35,36, etc. Dios es be­nigno para con los injustos y malos. Si hacemos lo mismo, somos hijos (imitadores) de Dios. Si algún miembro de la iglesia no es pacificador, sino que pro­mueve la disensión y la discordia, ¿no será de cualquier manera hijo de Dios en vir­tud de su obediencia al evangelio? Ser hijo de Dios no es cuestión de profesión, sino de práctica. Si no imitamos a Dios, no so­mos hijos de Dios, aunque digamos que somos "cristianos" y "miembros de la igle­sia verdadera". Estúdiese con mucho cuidado 1 Jn. 3:9,10. Los hijos de Dios se distinguen de los hijos del diablo no meramente por ser "miembros de la igle­sia", sino por practicar la justicia (hacer la voluntad de Dios).

          C. Dios es el Gran Pacificador, y en esto nos deja el perfecto ejemplo. Véanse Rom. 15:33; 16:20; Fil. 4:9; Heb. 13:20.

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Mateo 5:10-12, Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

LOS QUE PADECEN PERSECUCIÓN

Introducción.

          A. Jesús no engaña a nadie, sino que explica con toda franqueza que el disci­pulado cuesta, que sus discípulos serán maltrados. El seguirle significa llevar una cruz (Mat. 16:24; Luc. 9:23). No debe haber sorpresas para los que obedecen al evangelio; deben esperar la oposición y el sufrimiento porque es ineludible (1 Tes. 3:3; 2 Tim. 3:12). Léase el libro de Hechos para observar que en todo lugar cuando el evangelio fue predicado, se levantó toda clase de persecución contra los mensajeros de Cristo. Fueron azotados, encarcelados, apedreados, y degollados.

          B. Las primeras siete bienaventuranzas presentan rasgos de carácter, condiciones de corazón y de disposición. En los ver. 10-12 Jesús habla de las pruebas de ese carácter. Los que optan por imitar a Cristo serán probados, siendo "perseguidos". ¡Qué pensamiento ilógico! Los animales y los criminales son "perseguidos", pero los discípulos de Jesús no deben ser perseguidos. Sin embargo, si los hombres aborrecieron y persiguieron a Jesucristo, entonces harán lo mismo con sus seguidores.

          C. La oposición que sufre el discípulo de Jesús es evidencia de que los discípulos de Jesús no son pasivos, sino activos y militantes.

          D. Los discípulos perseguidos son dis­cípulos bendecidos. Es interesante obser­var que la maldición del hombre y la ben­dición de Cristo se encuentran en las mismas personas.

          I. ¿Por qué padecen persecución los discípulos de Cristo?

          A. ¿Cómo es posible que gente buena sea perseguida y maltratada? (1). Por Cristo, por justicia. Mat. 5:10, "por causa de la justicia"; 5:11, "por mi causa"; Jn. 15:21, "por causa de mi nombre". Jn. 15:20, "El siervo no es mayor que su señor", nos persiguen, porque persi­guieron a Cristo y somos sus seguidores. Somos como El. (2). No somos del mundo. Jn. 15:19-21, "Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo ... por eso el mundo os aborrece". Los miembros de la iglesia que son mundanos son amados por el mundo. "¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!" Luc. 6:26.

          B. El buen ejemplo ofende al mundo. A los mundanos no les gusta la "luz" (el buen ejemplo) de los cristianos. Compárese Dan. 6:1-17. ¿Por qué aborrecieron a Daniel? También Heb. 11:7, con el ejem­plo de obediencia Noé condenó al mundo de desobedientes. Los malvados persiguen a los hijos de Dios, porque el buen ejem­plo de éstos sirve como conciencia para aquéllos, y la quieren callar. Les molesta, les irrita, y no quieren ser estorbados.

          C. No quieren ser enseñados y reprendidos. Nos persiguen porque les enseñamos, les exhortamos y les reprendemos, Jn. 3:19-21, y no les gusta. No es placentero que los pecados sean expuestos y reprendidos. Mat. 14:4,10,11, Juan dijo a Herodes, "No te es lícito tenerla ... y ordenó decapitar a Juan en la cárcel". Jesús fue crucificado por reprender la hipocresía de los judíos, Mateo 23. Jesús amaba a todos, pero no dejó de reprender el pecado en todos. Esteban fue ape­dreado por reprender a los judíos, Hech. 7:51-60. Desde luego, los del mundo no nos perseguirán si no les exhortamos.

          II. Hay varias clases de persecución.

          A. La persecución física. Mat. 10:17,28; Hech. 5:40; 7:58; 12:2; 14:19.

          B. Los insultos, las calumnias, etc. Mat. 5:11, "Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo". Luc. 6:22, "Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan, y cuando os aparten de sí, y os vituperen, y desechen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre". Luc. 6:26, "¡Ay de vosotros, cuando todos los hom­bres hablen bien de vosotros! porque así hacían sus padres con los falsos profetas". La palabra "vituperar" significa in­sultar, afrentar, deshonrar, burlar (Heb. 11:36, el inglés dice "burlas"). ¿Por qué nos vituperan? 1 Ped. 4:4, "A éstos les parece cosa extraña que vosotros no co­rráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan (insultar, injuriar de palabra)". ¿Qué decían de Jesús? Jn. 8:48, "eres samaritano, y que tienes demonio". Jn. 10:20, "Demonio tiene, y está fuera de sí, ¿por qué le oís"? Mat. 11:19, "un hom­bre comilón, y bebedor de vino". Mat. 27:39-44, falsa acusación. Hech. 17:18, decían que Pablo era "palabrero"; 2 Cor. 10:10, decían que "las cartas son duras y fuertes; mas la presen­cia corporal débil, y la palabra menospre­ciable". Los evangélicos nos llaman “legalistas” porque enseñamos que es necesario ser bautizados para ser salvos (Mar. 16:16; Hech. 2:38). Los hermanos liberales nos aplican el epíteto, "antis", término de desprecio, simplemente porque nos oponemos a sus prácticas que carecen de autoridad bíblica. Los humanistas que destronan a Dios y exaltan al hombre nos llaman "fanáticos", "radicales", "derechistas", etc., porque defendemos la moralidad bíblica, la santidad del matri­monio, la disciplina de los hijos, etc., y porque condenamos el aborto, toda clase de inmoralidad sexual (incluyendo la ho­mosexualidad), el uso de drogas, el suicidio, la eutanasia, etc. Tales incrédulos nos dicen, “No impongan su moralidad sobre nosotros”, pero por todo lodo ellos imponen su inmoralidad sobre otros.

          C. Heb. 10:34, "y el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo".

          D. Mat. 10:34-39, problemas y disen­siones en la propia familia.

          E. Sant. 5:1-5, "¿No os oprimen los ri­cos, y no son ellos los mismos que os arrastran a los tribunales? ¿No blasfeman ellos el buen nombre que fue invocado sobre vosotros?"

          III. Bienaventurados sois, gozaos y ale­graos.

          A. No somos bienaventurados por sufrir por el mal. 1 Ped. 2:20, "Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios".1 Ped. 4:15, "Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno".

          B. Sino por sufrir como cristiano. 1 Ped. 4:16, "pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello".

          C. Una recompensa triple. En este texto (Mat. 5:10,12) Jesús habla de tres grandes bendiciones para los que padecen por El: Mat. 5:10, "porque de ellos es el reino de los cielos". Los que sufren por causa de la justicia (por Cristo) dan evi­dencia segura de pertenecer al reino de los cielos. Mat. 5:12, "vuestro galardón es grande en los cielos". Luc. 6:23, "Alegraos en ese día, y saltad de gozo, porque he aquí, vuestra recompensa es grande en el cielo" (LBLA). ¿Cuántas veces hemos saltado de gozo por haber sido perseguidos? (Hech. 5:41, "Y ellos salieron de la presencia del concilio, go­zosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre". Véase el ver. anterior, "después de azo­tarlos"). Mat. 5:12b, "porque así persi­guieron a los profetas que fueron antes de vosotros". Recuérdense los ejemplos de Elías (1 Reyes 19:2); de Jeremías (Jer. 20:2); de Zacarías (2 Crón. 24:21). Véase también Sant. 5:10,11. ¡Qué gozo de ser identificados con los profetas fieles, con Cristo y con los apóstoles al sufrir por la causa de justicia!

          D. Por lo tanto, el pensamiento de sufrir por el nombre de Cristo (o por la causa de justicia) debe llenar el corazón de gozo. Véanse Hech. 5:41; 16:25; Heb. 10:34; 1 Ped. 4:16.

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Mateo 5:13, Vosotros sois la sal de la tierra, pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.

LA SAL DE LA TIERRA

Introducción.

          A. Mat. 5:13, "Vosotros sois la sal de la tierra". ¡Qué afirmación más maravillosa y alentadora! En este texto Jesús habla de la relación entre sus discípulos y los demás. Son una gran bendición para el mundo.

          B. Los que poseen las cualidades de carácter descritas en las bienaventuranzas ineludiblemente son la sal de la tierra. La palabra "sal" se refiere a la in­fluencia de los cristianos para impedir la maldad y para preservar el mundo de la co­rrupción espiritual.

          I. ¡He aquí los discípulos de Jesús!

          A. Considérese este grupo de discípulos. ¿Quiénes eran? ¿de dónde venían? ¿qué habían hecho o qué hacían en ese en­tonces? ¿Cómo es posible que Jesús les hayan dicho, "Vosotros sois la sal de la tierra"?

          B. Eran galileos. Los doce apóstoles eran galileos sin educación formal (Hech. 1:11; 4:13). Jesús no buscó apóstoles entre los entrenados y privilegiados. Jesús no solamente fue criado en Nazaret, una ciu­dad despreciada por los judíos (Jn. 1:46), sino que también llevó a cabo una gran parte de su ministerio en Galilea. Los galileos no gozaban de muy buena reputación entre los judíos de Jerusalén. Por estar más lejos del templo, y por tener más contacto con los gentiles (Mat. 4:15, "Galilea de los gentiles"), se consideraban menos religiosos que los de Judea. Mar. 14:70, "porque eres galileo, y tu manera de hablar es semejante a la de ellos".

          C. Eran del pueblo común. Los dis­cípulos no eran personas de reputación ("de influencia") en la vista del mundo. No eran grandes ni importantes, según el concepto popular de lo que constituye la grandeza, sino que, al contrario, era muy insignificantes. (1). Por lo menos cuatro de los após­toles eran pescadores (Mat. 4:18-21). (2). Otro apóstol era publicano (Mat. 8:9-13). (3). Eran pobres. "Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios", Luc. 6:20. (4). Eran despreciados por los romanos. Los discípulos de Jesús, siendo judíos, no tenían ningún poder político. (5). No partici­paban en ningún movimiento político para corregir injusticias. (6). Eran despreciados por los líderes religiosos. Jn. 7:49, "Mas esta gente que no sabe la ley, maldita es". Así era el con­cepto que los líderes de los judíos tenían de los discípulos de Jesús.

          D. 1 Cor. 1:26, "Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles". Este texto explica claramente que "lo necio de mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil de mundo y lo menospre­ciado escogió Dios, y lo que no es (lo que no tiene reputación), para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su pre­sencia" (vers. 27-29). Que toda la gloria sea para Dios y su mensaje, y no para los mensajeros.

          E. ¿Cómo es posible, pues, que tales personas -- pobres, insignificantes, perseguidos -- tengan una influencia tan grande sobre el mundo? (1). Es obvio que lo que es “grande” e “importante” ante los ojos del mundo no cuenta con Dios (Luc. 16:15). (2). La verdad es que los dis­cípulos de Jesús iban a tener, han tenido, y siguen teniendo un tremendo impacto so­bre la raza humana, no por poseer la grandeza según el mundo, sino por poseer las cualidades de carácter delineadas en las bienaventuranzas.

          II. La sal sirve para preservar de la corrupción.

          A. Los habitantes de la tierra son co­rruptos. Desde luego, no se necesita texto bíblico para probar esto, pero véanse Rom. 1:18-21; Gál. 5:19-21; Efes. 4:17-19. Los discípulos de Cristo son preser­vadores que impiden el proceso de la co­rrupción por medio de predicar el evan­gelio, enseñando todo el consejo de Dios (Hech. 20:20,27), y demostrando la en­señanza en sus propias vidas. Los dis­cípulos de Cristo tienen influencia sal­vadora. Los santos son la "conciencia" para la gente que les conozca. Les enseña y les pone un buen ejemplo de la en­señanza. Esta influencia doble (la enseñanza y la enseñanza ejemplificada) es la sal de la tierra.

          B. La sal obra silenciosamente, como la levadura, Mat. 13:33. No es ruidosa. Jesús no inició revoluciones ni participó en mar­chas políticas. Mat. 12:19, "No con­tenderá, ni voceará, ni nadie oirá en las calles su voz". No era revolucionario en el sentido común de la palabra. No buscaba medios sensacionales para ganarse el fa­vor de la gente. Sus discípulos siguen su ejemplo al evitar tales tácticas.

          C. La sal tiene que ser aplicada. Los que viven en monasterios y conventos no preservarán al mundo de corrupción. Los discípulos tienen que estar asociados con los del mundo para que la sal obre. Desde luego, es importante que los discípulos in­fluyan en los del mundo, sin caer bajo la in­fluencia del mundo. Los discípulos deben influir en los del mundo sin ser influencia­dos por el mundo. La sal da su sabor a la carne. Cuando la carne da su sabor a la sal, ¡qué horrible sabor tiene la sal! Tam­poco puede la iglesia influir debidamente en el mundo si se limitan sus actividades a las cuatro paredes del sitio de reunión.

          D. Algunos comentaristas dicen que esta figura significa que lo son la sal de la tierra en el sentido de "dar sabor al mundo" y hace menos aburrida la vida, etc., pero en esta figura el mundo no come la sal, sino que la sal se aplica al mundo (la "carne") para preservarlo de la corrup­ción. Sí da su sabor a la carne en ese sen­tido. Pero no "da su sabor" en el sentido de echar sal a la comida para dar gusto al que coma. La Biblia de las Américas dice "si la sal se ha vuelto insípida", pero la palabra "insípida" no da importancia al "sabor" para el gusto, sino que, más bien, significa que la sal pierde su calidad de sal, y por lo tanto, pierde su eficacia para salar. "La sal de la tierra" sí da gusto a los que se convierten de su maldad para que ellos también lleguen a ser "la sal de la tierra".

          III. Para ser la sal de la tierra hay dos requisitos indispensables.

          A. Los discípulos deben poseer las cualidades de carácter enseñadas en las bienaventuranzas, y reflejarlas llevando vidas fieles. Véanse 1 Tim. 4:12; 1 Ped. 3:1-4; 5:2,3. 2 Ped. 1:4, los discípulos de Cristo han "huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia", y deben tener una fuerte influencia sobre los que todavía están en el mundo, para que éstos también puedan escapar del lazo del diablo. Col. 4:6, "Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno". No solamente la palabra sino toda nuestra conducta debe ser sazonada con sal. Tito 1:16, "Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan". Los tales no son "sal". 2 Tim. 3:5, "que tendrán aparien­cia de piedad, pero negarán la eficacia de ella". La "apariencia" no sirve para preser­var de la corrupción. Los miembros infieles no son sal. Los miembros mundanos, indiferentes, sectarios y desobligados no son sal. Los miembros que están mal en su matrimonio (por hacer caso omiso de Mat. 5:32; 19:9) no son sal.

          B. Los discípulos deben predicar el evan­gelio puro. Algún evangelio corrupto no salva a nadie, no preserva de corrupción. Véanse Gál. 1:6-9; 1 Tes. 5:21; 1 Jn. 4:1,2. Siempre ha habido apostasías. Los apóstoles tuvieron que combatir muchas enseñanzas falsas (por ejemplo, el error de los judaizantes, y el de los gnósticos). Estos errores causaron división en la igle­sia. Hoy en día es necesario combatir el error: el institucionalismo, la centra­lización, el evangelio social, el calvinismo, y otras tendencias sectarias. Por lo tanto, nos urge predicar "todo el consejo de Dios" para salvar y edificar almas y para preservarlas de la corrupción de doctrinas falsas. 2 Tim. 4:2, "que prediques la pa­labra; que instes a tiempo, y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina". Haciendo esto los discípulos de Cristo son la sal de la tierra. Muchos sectarios y hasta hermanos creen que la iglesia debe ser el azúcar del mundo. Quieren dar pura miel a la gente perdida, pero el mundo corrupto no nece­sita azúcar, sino la "sal" del evangelio puro.

          IV. "Si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada?"

          A. La sal perderá su eficacia, su carác­ter distintivo, (1) si los que profesan ser discípulos de Cristo no poseen en realidad las características enseñadas en las biena­venturanzas, y (2) si no enseñan diligen­temente la sana doctrina, no adulterada (2 Cor. 2:17; 4:2; 1 Ped. 2:2).

          B. Es indispensable que todo miembro de la iglesia entienda que la mera profesión de ser cristiano o de ser miem­bro de la iglesia de Cristo no basta (Mat. 7:21). El miembro que pierda su capaci­dad para salar es inútil, inservible. Es sal sólo de nombre. ¡Es "sal" que no puede salar!

          C.      La "sal" que no es sal no preserva de corrupción, y "no sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres". Es arrojada al camino para ser pisoteada por la gente. Véase también Luc. 14:34,35. Tales personas son despre­ciadas por los hombres mundanos, los cuales se hunden más en corrupción por falta de esa "sal" que tanto necesitan.

          D. Así es el cuadro pintado por Jesús de un "evangelio insípido" y de "cristianos insípidos". Son totalmente inútiles. No valen nada. No sirven para nada. Lo triste es que los miembros de la iglesia pueden llegar a ser "insípidos" sin darse cuenta. (1). Como Sansón (Jueces 16:20) creen que tienen fuerza, y no saben que Dios ya se apartó de ellos. (2). Como la iglesia de Efeso, no saben que están en peligro de perder su "candelero" (su identidad como iglesia de Cristo), Apoc. 2:5. (3). Como dice el borracho, "Me azo­taron, mas no lo sentí" (Prov. 23:35), así son los miembros que ni oyen los re­proches de los mundanos que hacen burla de ellos. ¡Qué tropiezo para la obra de Cristo son los miembros "inútiles"!

          V. "¿Con qué será salada?"

          A. No hay substituto. No hay otra cosa que pueda hacer lo que la sal hace. La sal espiritual no tiene substituto. Que todo hermano piense seriamente en esta verdad solemne: ¡No hay otra cosa que la substi­tuya! La fidelidad de los discípulos de Cristo es la única esperanza del mundo.

          B. El mundo está perdido, y su única es­peranza es el evangelio, el evangelio predicado y el evangelio vivido por los verdaderos discípulos de Cristo. Pero no hay otra sal, no hay otra cosa que preserve del error y de la maldad. Si la iglesia no es fiel, el mundo estará sin esperanza.

          C. Gén. 6-9 describe el diluvio que Dios envió porque el mundo era totalmente corrupto. Gén. 19 describe el fuego y azufre que Dios envió sobre Sodoma y Gomorra porque eran totalmente corrup­tos. Dios envió a Josué y los ejércitos de Israel a Canaán para destruir aquellas na­ciones que se entregaban a las abomina­ciones de la idolatría. Ahora otra vez el mundo está en gran peligro, porque está lleno de toda forma de disolución. Los perversos matan actualmente millones de infantes (el "aborto"), afirmando que la mujer debe tener control sobre su propio cuerpo (rehusan admitir que el bebé es otra per­sona); los homosexuales ya perdieron todo sentimiento de vergüenza y con todo valor demandan sus "derechos"; los hu­manistas ya se han apoderado de las es­cuelas, denunciando a Dios y la Biblia para enseñar la evolución, la "educación sexual" y toda forma de depravación. ¿Cuándo llegará "el colmo de maldad" (Gén. 15:16) para atraer la furia de la ira de Dios? "Porque dondequiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se jun­tarán las águilas" (Mat. 24:28); es decir, la nación corrupta atrae su ruina y aso­lamiento. Si Dios no destruyera una nación moderna entregada a la homosexualidad, tendría que pedir perdón a Sodoma y Gomorra. Por lo tanto, el mundo corrupto necesita urgentemente de la sal, y los cris­tianos son la única esperanza del mundo, porque aparte del evangelio y el ejemplo de los cristianos, el mundo no puede ser salado para evitar la corrupción total.

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Mateo 5:14-16, Vosotros sois la luz del mundo; {Jn. 8. 12; 9. 5.} una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.  15  Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.  16  Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

LA LUZ DEL MUNDO

Introducción.

          A. El Sermón del Monte es sumamente práctico. Jesús habla de cosas comunes, como la sal y la luz. Todo el mundo com­prende perfectamente lo útil de estas cosas. Jesús dice que sus discípulos son la luz del mundo. ¡Otra afirmación admirable y maravillosa!

          B. Jesús habla de la realidad. El no dice esto para producir un espíritu de soberbia en sus discípulos, sino que este atributo se debe a su utilidad en el mundo, para ex­peler las tinieblas (la ignorancia y los pecados), y para alumbrar el camino.

          I. El mundo de tinieblas urgen­temente necesita de esta luz.

          A. Prov. 4:19, "El camino de los impíos es como la oscuridad; no saben en qué tropiezan". ¡Es muy cierto este proverbio! Los del mundo tropiezan y caen y ni siquiera saben en qué tropiezan. Juan 12:35, "el que anda en tinieblas, no sabe a dónde va".

          B. En el Nuevo Testamento hay varias listas de los pecados más horribles del hombre (véanse Rom. 1:18-32; 1 Cor. 6:9,10; Gál. 5:19-21; Col. 3:5-8; etc.). Rom. 13:12, tales pecados se lla­man "las obras de las tinieblas". Efes. 5:11, "Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas".

          II. Jesucristo es la única verdadera luz del mundo.

          A. Mat. 4:16, cuando Cristo vino, "el pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; y a los asentados en región de sombra de muerte luz les resplandeció". Luc. 1:78,79, el profeta Zacarías, padre de Juan el bautista, dijo al niño "que nos visitó desde lo alto la aurora, para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte". Jn. 1:5, "La luz en las tinieblas res­plandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella". Juan 8:12, "Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida". Véanse también Juan 9:5; 12:35,46.

          B. Jesús es la luz del mundo porque, como el Verbo de Dios, El reveló tanto en su vida, muerte, resurrección y ascensión, como en sus enseñanzas, la voluntad de Dios con respecto a los pecados de la hu­manidad, y cómo podemos recibir el perdón de pecados y tener comunión con Dios.

          III. También los discípulos de Cristo son la luz del mundo.

          A. Jn. 12:36, "Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz". Véase la expresión "hijos de luz" en 1 Tes. 5:5. La palabra "hijos" significa "caracterizados por" (son de esa natu­raleza).

          B. Efes. 5:8, "en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz". Col. 1:13, "nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre". 1 Tes. 5:4, "No estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda". 1 Ped. 2:9, "os llamó de las tinieblas a su luz admirable".

          IV. Somos la luz del mundo si predicamos el evangelio puro.

          A. La luz del evangelio. 2 Cor. 4:4, 6 habla de "la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios .. Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros cora­zones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesu­cristo ". Cristo ilumina al mundo a través del evangelio. Al llegar esta luz, las tinieblas desaparecen.

          B. Hech. 26:18, la obra de Pablo: "para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios".

          V. Somos la luz del mundo si lleva­mos vidas fieles.

          A. Fil. 2:15, "para que seáis irreprensi­bles y sencillos, hijos de Dios sin mancha ... resplandecéis como luminares en el mundo".

          B. La necesidad de buenos ejemplos: 1 Tim. 4:12, "Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra conducta, amor, es­píritu, fe y pureza".  1 Ped. 3:1-4, es posible que mari­dos incrédulos "sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, con­siderando vuestra conducta casta y respetuosa". Para hacerlo ellas deben tener "un espíritu afable y apacible". 1 Ped. 5:3, los ancianos no deben tener "señorío" sobre la iglesia, "sino siendo ejemplos de la grey".

          C. Hay mucha "luz" en el buen ejemplo. La mayoría de la gente no lee la Biblia. La vida de los cristianos es la única "Biblia" que leen. Aprenden mucho del evangelio "escrito" en las vidas de los cristianos. 2 Cor. 3:2, "Nuestras cartas sois vosotros, conocidas y leídas por todos los hombres", como documentos clavados a la pared en edificios públicos.

          D. No debe haber comunión con las tinieblas. Es necesario enfatizar que somos la luz del mundo solamente si somos pura luz, sin nada de tinieblas. 1 Jn. 1:5, 6 "Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos". 2 Cor. 6:14, "No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la in­justicia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?" En este texto Pablo condena toda forma de comunión con la idolatría. Véanse 1 Cor. 8:10; 10:20,21. 2 Cor. 6:14 es paralelo con Efes. 5:11. 2 Cor. 6:17, Por eso, "Salid de en medio de ellos, y apartaos". ¿Por qué? Porque si tenemos comunión con las tinieblas, llegamos a ser tinieblas otra vez. Ya dejamos de ser luz. 2 Cor. 6:14-18 nos enseña a no tener comunión con el error religioso.

          E. Recuérdense las bienaventuranzas, porque están en el contexto de Mat. 5:14-16. Para ser la luz del mundo, debemos poseer las cualidades de carácter mencionadas en las bienaventuranzas. Muchos hermanos no son luz porque no son "pobres en espíritu" (no quieren re­conocer sus faltas ni pedir perdón), no tienen hambre y sed de justicia, no son pacificadores, etc.

          VI. "Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder".