Capítulo 1

1:1 -- Pablo, apóstol -- así empieza sus epís­tolas en las cuales solamente su propio nom­bre aparece en la salutación; si incluye a otro(s) -- por ejemplo, Timoteo -- dice, "siervos de Jesucristo" (Fil. 1:1).

          -- (no de hombres ni por hombre, -- los ju­daizantes (los que enseñaban que los conver­sos gentiles deberían conformarse a las prác­ticas y maneras de los judíos) ponían en tela de juicio el apostolado de Pablo, afirmando que él no había sido escogido personalmente por Jesús como lo fueron los doce apóstoles, sino que él había recibido su autoridad de otros apóstoles y que fue enviado por ellos y las iglesias. Por lo tanto, al comenzar esta carta Pablo defiende su apostolado. El no fue escogido ni enseñado por los doce apóstoles como le acusaban los judaizantes. Estos decían que Pablo era un mensajero infiel de los doce apóstoles, que no había visto a Jesús y, por eso, lo que él enseñaba era incorrecto. El verdadero problema era que los ju­daizantes aborrecían la verdad predicada por Pablo y, por eso, perseguían al predicador.

          -- sino por Jesucristo -- Pablo no anduvo con Jesús como los doce apóstoles. Estos es­tuvieron con Jesús por cuarenta días después de su resurrección; por eso, eran testigos de su resurrección (Hech. 1:8; 2:32; 10:41), pero Pablo también vio a Jesús después de su re­surrección (9:5; 22:14; 1 Cor. 9:1; 15:8). Aunque el Señor escogió a Matías (Hech. 1:24-26), los apóstoles estuvieron involucra­dos en el proceso, pero en la selección de Pablo ningún hombre estuvo involucrado.

          -- y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos). -- Dice que Dios "me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia" (1:15, 16). El mismo Dios que levantó a Jesús llamó a Pablo. Los judaizantes no pusieron énfasis en la resurrección de Jesús sino en guardar la ley de Moisés, especial­mente la circuncisión (Hech. 15:6). Según ellos, la muerte y resurrección de Jesús no era suficiente para salvarnos, pero Pablo dice que Jesús "fue entregado por nuestras trans­gresiones, y resucitado para nuestra justifi­cación" (Rom. 4:25), y la justificación es el tema de su carta a los gálatas. El afirma que sin la resurrección de Jesús todo es en vano (1 Cor. 15:19).

1:2 -- y todos los hermanos que están con­migo, -- hermanos fieles (compárese Hech. 20:4). Al rechazar a Pablo los judaizantes rechazaron también a muchos hermanos fieles.

          -- a las iglesias de Galacia: -- leemos del establecimiento de estas iglesias en Hech. 13, 14 (iglesias de Antioquía de Pisidia, Iconio, Listra, Derbe, etcétera).

1:3 -- Gracia y paz sean a vosotros, de Dios el Padre y de nuestro Señor Jesucristo, -- a par­tir del ver. 6 Pablo denunció fuertemente la infidelidad de algunos gálatas, pero aunque no da gracias por la fe de ellos (1 Tes 1:3; Rom. 1:8; etcétera), no deja de saludarles con su saludo normal, deseando que Dios los viera con favor y compasión (Jn. 14:27; Fil. 4:7). Esta paz es una bendición dada por Dios que el mundo no nos puede quitar, pero al alejarse los gálatas del evangelio puro, iban a perder esta paz porque en la esclavitud a la cual volvían no había paz.

1:4 -- el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, -- (Efes. 5:2). Aun en el saludo Pablo predica el evangelio de la gracia de Dios (Heb. 10:6-8; Isa. 53:4-6). Cristo se dio a sí mismo "por", es decir, para expiar, nuestros pecados (Isa. 53:4-6, 10), a fin de que Dios nos perdone los pecados. No solamente nos libra de los pecados (su culpa y dominio), sino también nos libra del presente siglo malo. La ley de Moisés no podía hacer esto, y los gálatas que se sometían a la ley se enre­daban otra vez en este presente siglo.

          -- conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre, -- Jn. 3:16; Hech. 2:23; Efes. 1:4; 3:11; 1 Ped. 1:18.

1:5 -- a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. -- al hablar del glorioso plan de salvación, Pablo fue constreñido a alabar a Dios (Efes. 3:20, 21; Rom. 11:33-36). Aun en la salutación Pablo sugiere tres razones fuertes para no alejarse del evangelio puro: (1) para mostrar gratitud hacia Dios; (2) para estar siempre libres del presente siglo malo; y (3) para respetar la voluntad soberana de Dios.

1:6 -- Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado -- Al saludar a los filipenses Pablo se acuerda de "vuestra comunión en el evangelio ... en mis prisiones, y en la defensa y confirmación del evangelio, todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia" (Fil. 1:5, 7). Al saludar a los tesalonicenses se acuerda de "la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo" (1 Tes. 1:3), pero al saludar a los hermanos gálatas no les alaba, sino que inmediata­mente expresa su preocupación por la condi­ción lamentable de estas congregaciones.

          "El presente de indicativo en voz media de metatithemi, cambiar lugares, transferir. 'Os estáis transfiriendo a vosotros mismos'" (Robertson). Los hermanos gálatas estaban en el proceso de alejarse del evangelio puro. Seguramente no habían estudiado bien la cuestión, comparando la nueva doctrina con la de Pablo. No tenían la actitud de los de Berea (Hech. 17:11). Si hubieran apreciado la libertad en Cristo, y si hubieran estudiado objetivamente la nueva doctrina, la habrían rechazado, pero lamentablemente estaban fascinados por sus nuevos maestros (3:1). Eran como "niños fluctuantes, llevados por doquiera por todo viento de doctrina" (Efes. 4:14). Todos los santos que no están cimen­tados, arraigados y sobreedificados en la ver­dad (Col. 2:7), pueden ser víctimas de falsos maestros. "Mi pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento" (Oseas 4:6).

          Jesús "estaba asombrado de la increduli­dad de ellos" (Mar. 6:6). La situación de los gálatas fue sorprendente. ¡Cómo habían cambiado! "Pues vosotros sabéis que a causa de una enfermedad del cuerpo os anuncié el evangelio al principio; y no me despreciasteis ni desechasteis por la prueba que tenía en mi cuerpo, antes bien me recibisteis como a un ángel de Dios, como a Cristo Jesús. ¿Dónde, pues, está esa satisfacción que experi­mentabais? Porque os doy testimonio de que si hubieseis podido, os hubierais sacado vues­tros propios ojos para dármelos" (4:13-15).

          Pablo considera el caso de los gálatas como una "fascinación" ("¡Oh Gálatas insen­satos! ¿Quién os fascinó para no obedecer a la verdad?" 3:1). La palabra "fascinar" (ebaskanen) significa "atraer mal sobre uno mediante fingida alabanza o el mal de ojo (vudú), extraviar mediante malas artes" (Vine). El sustantivo de esta palabra (baskania) significa brujería. Los gálatas fueron fascinados por los judaizantes porque estos no aparecieron como los lobos rapaces que eran (Mat. 7:15), sino que llegaron dis­frazados como "ministros de justicia" (2 Cor. 11:13).

          El predicador fiel que ha trabajado dili­gentemente en algún campo y tiene que combatir falsos maestros que quieren destruir su obra entiende perfectamente este lenguaje de Pablo.

          Pero Satanás se aprovecha de la debilidad e inconstancia de miembros de la iglesia (Hech. 20:29, 30; Efes. 4:14; Heb. 6:12-14). El gran anhelo de Pablo y de todo fiel obrero es que los hermanos estén "arraigados y so­breedificados en él, y confirmados en la fe" (Col. 2:7).

          -- del que os llamó por la gracia de Cristo, -- "Esta persuasión no procede de aquel que os llamó" (5:8). Dios llamó solamente por el evangelio puro (2 Tes. 2:14). Los hermanos gálatas estaban abandonando a Aquel que los llamó y retractando su confesión de fe en Cristo.

          -- para seguir un evangelio diferente. -- heteron, de otra clase, de otro carácter. El asunto tratado por Pablo no tiene que ver con pormenores ni opiniones. No eran pe­queñas diferencias que no importaban. Cuando los gálatas obedecieron al evangelio puro, fueron perdonados y librados de "este presente siglo malo" y disfrutaron de la liber­tad con que Cristo nos hizo libres (5:1); fueron justificados por la fe de Cristo (2:16). Entonces llegaron los judaizantes y les lleva­ban otra vez a la esclavitud (5:1), sujetaban sus almas a la maldición (3:10) y les hacía caer de la gracia (5:4). Así fue la consecuen­cia de aceptar "otro evangelio". La palabra evangelio significa buenas nuevas, pero el "otro evangelio" no se puede llamar buenas nuevas.

          Se trataba de otro evangelio completa­mente diferente, un evangelio que no salvaba a nadie. En otro texto (2 Cor. 11:4) Pablo habla de predicar "a otro Jesús". Los "testigos" de El Atalaya predican a otro Jesús; dicen que fue creado, que es una criatura. De esta manera blasfeman a Cristo. También los "apostólicos" predican a otro Jesús diciendo que El es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Algunos hermanos enseñan que Jesús no usó ningún atributo divino (que hizo todo como mero hombre); éste no es el Jesús del Nuevo Testamento. También todos los que predican otro evangelio predican a otro Jesús.

          El propósito del evangelio de los ju­daizantes no fue para salvar, sino (1) para ganar seguidores para sí mismos, 4:17; Hech. 20:29; (2) para gloriarse en la carne de sus conversos (6:13); y (3) para evitar la persecu­ción (5:11; 6:12).

          A través de los siglos muchos hombres (y mujeres) han inventado "evangelios" dife­rentes: los adventistas son semejantes a los judaizantes, pues requieren que sus conver­sos observen la ley de Moisés (guardar el sábado, diezmar, abstenerse de comidas, etc.); los líderes católicos han agregado muchas cosas al evangelio original y quitan cosas enseñadas por los apóstoles; los evangélicos también requieren el diezmo y los instrumentos de música y quitan el bautismo como requisito del evangelio; los mormones no requieren solamente la fe en Jesucristo sino también la fe en José Smith como profeta; en fin, todas las religiones es­tablecidas por los hombres predican "un evangelio diferente".

          Lo muy triste del asunto es que millones de personas aceptan y siguen tales religiones falsas simplemente porque no se animan a investigarlas a la luz de las Escrituras (1 Tes. 5:21; Hech. 17:11; 1 Jn. 4:1; 2 Jn. 9-11; 1 Ped. 4:11).

1:7 -- No que haya otro, -- El mensaje predi­cado por los judaizantes no era evangelio (buenas nuevas), sino todo lo contrario, porque les robaba su libertad y les llevaba otra vez hacia la esclavitud (5:1). ¿Habrá otro evangelio? Muchos creen que está muy bien que cada iglesia tenga su propio evangelio: los pentecostales tienen su evangelio, los bautistas tienen su evangelio y cada secta tiene su evangelio, ¿habrá en realidad tantos evangelios? ¿Puede cada persona escoger el evangelio que le guste?

          ¿Habrá otro Jesús? (2 Cor. 11:4); ¿Otro Dios? ¿Otro Espíritu Santo? "Pues aunque haya algunos que se llaman dioses... para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios ... y un Señor, Jesucristo" (1 Cor. 8:5, 6). Aunque haya algunos que se llaman "evangelios", para nosotros, sin embargo, sólo hay un evangelio. "Un Señor, una fe, un bautismo" (Efes. 4:5). "Contendáis ardientemente por la fe" (Judas 3; véase Gál. 1:23; 3:25).

          La ilustración favorita de los sectarios para probar que hay muchos evangelios es la del mapa de algún estado o territorio. Se dice que hay varios caminos que nos llevarán a un sitio determinado y cada quien puede escoger el camino que le convenga. Pero esta ilus­tración tiene un defecto: el mapa que nos lle­va al cielo es la Biblia y ésta dice que hay un solo camino.

          Así también en esta carta Pablo explica claramente que el "evangelio diferente" de los judaizantes no justifica (2:16; 5:2), sino que esclaviza, 2:4; 5:1. Además, "si os circun­cidáis, de nada os aprovechará Cristo" (5:2). "Si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo" (2:21). El "evangelio" de los judaizantes no trajo bendición, sino maldición (3:10) y les hizo caer de la gracia (5:4).

          Por lo tanto, desde el principio hasta el fin de esta carta Pablo enfatiza que no puede haber ningún acuerdo con este error. Muchas veces cuando los hombres tienen desacuer­dos -- aun desacuerdos religiosos -- buscan y se acomodan a una tercera alternativa. Pablo no aceptó ninguna clase de "tercera alterna­tiva", sino que insistió fuertemente en que los hermanos gálatas volvieran al evangelio que les fue predicado al principio.

          -- sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. -- Según el evangelio puro, "todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos" (3:26, 27), pero según los judaizantes, "es necesario circunci­darlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés" (Hech. 15:5). De esta manera ellos perturbaban a los nuevos conversos y per­vertían el evangelio de Cristo. Esta palabra aparece también en Hech. 15:24, "Por cuanto hemos oído que algunos que han salido de nosotros, a los cuales no dimos orden, os han inquietado con palabras, perturbando vues­tras almas, mandando circuncidaros y guardar la ley". Los apóstoles, los ancianos y la iglesia se juntaron en Jerusalén "para conocer de este asunto" (Hech. 15:6), y des­pués de mucha deliberación acordaron que "ha aparecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación" (Hech. 15:28). La "carga" que no debía imponerse sobre los hermanos gentiles era el yugo de la ley (Hech. 15:10), que incluía la circuncisión. Esa cuestión fue tratada ampliamente y resuelta y debiera haber terminado, pero aunque los judaizantes perdieron la batalla en esa ocasión, no fue el fin de la guerra porque seguían perturbando a las iglesias.

          Pablo les dijo, "más el que os perturba lle­vará la sentencia, quienquiera que sea" (5:10).

          Es necesario tener mucho cuidado al leer los comentarios sobre esta carta. Los evangélicos han cambiado el evangelio origi­nal, pero creen de todo corazón que ellos -- y solamente ellos -- entienden esta carta, y la em­plean para combatir lo que ellos llaman el legalismo. Al ver la palabra ley no distinguen entre la ley de Moisés y la ley de Cristo. Desde luego, Pablo está condenando la práctica de los judaizantes de imponer la ley de Moisés sobre los conversos gentiles, pero los evangélicos usan la palabra ley como si hubiera una sola ley en toda la Biblia y la consideran el enemigo número uno de la gra­cia. No quieren saber nada de la palabra obe­decer con respecto a la salvación (justificación). No hablan de obedecer al evangelio (2 Tes. 1:7, 8; 1 Ped. 4:17), sino so­lamente de recibir a Jesucristo en su corazón (enseñanza que se puede interpretar subjeti­vamente). Aquí mismo en Gálatas (5:6, 7) Pablo habla de "la fe que obra por el amor" y pregunta "¿quién os estorbó para no obede­cer a la verdad?" Los evangélicos hacen caso omiso de los textos que afirman claramente que el cristiano está bajo ley: Rom. 8:2; 1 Cor. 9:21; Sant. 1:25; 2:12, etcétera.

          ¿Qué tanto error se requiere para perver­tir el evangelio? ¿Qué tanto veneno se re­quiere para convertir cereal en "comida" para matar ratones? ¡Con solamente un 2% de veneno, un buen cereal se convierte en muerte para ratones! Tanta gente ve todas las religiones como buenas porque "predican al mismo Dios", "tienen la misma Biblia", etc. ¿Dirían estos que "es solamente cereal"? Así piensan los ratones, ¡pocos momentos antes de morir!

          "¡Qué bien habla el Reverendo Fulano! Predica mucha Biblia. ¡Cómo sabe textos!" También los judaizantes citaban textos; y predicaban a Cristo, y aun el bautismo. Pablo no dijo que no celebraban la cena o que habían dejado de ofrendar. Sin duda los her­manos gálatas quedaron muy impresionados con la oratoria de sus nuevos maestros, pero ¿quién pesca sin carnada?

          ¿Cuántos judaizantes andaban diciendo, "Vengan a oír un evangelio pervertido"? Al contrario, decían que ellos predicaban el evangelio completo y que el evangelio predi­cado por Pablo era deficiente. Tenían mu­chos argumentos "fuertes".

1:8 -- Más si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. -- El evangelio predicado por Pablo, un apóstol inspirado por Dios, era y es completo y per­fecto, absoluto y final. "Más si aun nosotros..." Algunos predicadores cambian. Muchos lo han hecho. Comienzan bien y después predi­can el error. Dios no hace acepción de per­sonas: si Pablo mismo en algún momento hu­biera cambiado el evangelio que había predi­cado a los gálatas, él habría merecido la con­denación.

          ¿Por qué dice "o un ángel del cielo"? Sin duda los judaizantes citaban sus "autoridades" para probar su doctrina, pero Pablo dice, "aunque un ángel del cielo predique algún mensaje diferente al mensaje que originalmente prediqué entre ustedes, sea anatema". Si ni aun los ángeles del cielo pueden cambiar el evangelio, ¿por qué se atreven a hacerlo los católicos, mormones, testigos, bautistas y muchos otros grupos reli­giosos? (¡Qué curioso que los mormones ha­gan precisamente esto citando como autori­dad la supuesta visita de un ángel!). Com­párese 2 Cor. 11:11-13. Al principio los gálatas recibieron a Pablo como si fuera un ángel (4:14), pero obviamente de la misma manera recibieron a los falsos maestros.

          Todo predicador debe predicar fre­cuentemente el capítulo 13 de 1 Reyes que habla del profeta que con tanta valentía llevó a cabo su obra en una ciudad idólatra, pero entonces perdió su vida por dejarse engañar por la mentira de otro profeta.

          Pablo usa la palabra anatema en 1 Cor. 16:22, "El que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema". Si no se arrepintieran los ju­daizantes serían castigados. "Más el que os perturba llevará la sentencia, quienquiera que sea" (5:10). ¿Por qué denunció tan seve­ramente a los judaizantes? Porque si se cam­bia el evangelio, la eficacia de la sangre de Cristo queda anulada y toda esperanza de salvación se pierde. Todos los que fueron bau­tizados en Cristo (3:27) iban a perder su salvación si aceptaban el "evangelio dife­rente" de los judaizantes.

          El clero romano emplea la palabra anatema como excomunión, pero no se ex­comulga a los ángeles. Más bien se refiere al castigo de Dios. Literalmente significa "dedicado a Dios", sea para su servicio, o para la destrucción (Deut. 7:26; Josué 6:17).

1:9 -- Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica dife­rente evangelio del que habéis recibido, sea anatema. -- La advertencia se repite debido a lo serio del asunto, pero en este versículo Pablo habla del evangelio que "habéis recibido". Los gálatas recibieron el evangelio que fue predicado por Pablo y que fue con­firmado por el Espíritu Santo (3:3).

1:10 -- Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo. -- De lo que Pablo dice aquí y después (5:11) parece que los oponentes de Pablo decían que él practicaba la circuncisión cuando le convenía, (Hech. 16:3) pues circuncidó a Timoteo para complacer a los judíos; y rehusó circuncidar a Tito (Gál. 2:3) para complacer a los gentiles; y para congraciarse con ellos -- y ganar más seguidores -- les daba más libertad (no re­quería la circuncisión); sino que los dejaba "imperfectos" para no ofenderles, etc.; en fin, que solamente buscaba el favor de los hom­bres. Sin duda torcieron lo que Pablo dijo con respecto a hacerse judío para ganar a los judíos, etcétera (1 Cor. 9:20-23), pero esto no tenía nada que ver con comprometerse con falsos maestros, sino con las costumbres ino­centes de la gente.

          Pablo efectivamente refuta esta acusación al decir (5:11), "Y yo, hermanos, si aún predico la circuncisión, ¿por qué padezco persecución todavía? En tal caso se ha quitado el tropiezo de la cruz". Y luego afirma que en realidad ellos -- los judaizantes -- eran los que agradaban a los hombres: "Todos los que quieren agradar en la carne, éstos os obligan a que os circuncidéis, sola­mente para no padecer persecución a causa de la cruz de Cristo" (6:12).

1:11  -- Más os hago saber, hermanos, --  como si los gálatas no hubieran oído el evan­gelio, porque esto es lo que su compor­tamiento indicaba. Algunos de los corintios negaban la resurrección (1 Cor. 15:12); por eso, Pablo les dice, "Además os declaro, her­manos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis ..." (15:1).

          -- que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; -- no es de origen humano. Pablo no inventó el evangelio anunciado por él, pero esto es precisamente lo que han he­cho los judaizantes, los obispos de Roma, Martín Lutero y Juan Calvino, José Smith, el Pastor Russell, Mary Ellen White y docenas de otros.

1:12 -- pues yo (la palabra yo es enfático) ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo. -- El evangelio anunciado por Pablo no le fue enseñado por los doce apóstoles. Pablo y los doce apóstoles recibieron su evangelio de la misma fuente. "Cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios" (1 Tes. 2:13). Pablo no fue convertido en Jerusalén por los apóstoles. Después de convertido no fue a Jerusalén para ser instruido por los apóstoles. No se sintió digno de ser apóstol (1 Cor. 15:8, 9; Efes. 3:8), pero defendió su apostolado para defender el evangelio puro.

1:13 -- Porque ya habéis oído acerca de mi conducta en otro tiempo en el judaísmo, -- Les habla de su "conducta en otro tiempo" para hacerles ver que él había sido más judaizante que sus oponentes de Galacia, que en reali­dad ninguno de ellos superaba el judaísmo de la vida pasada de él. El sobresalía en el ju­daísmo y había sido de los más feroces perseguidores de Cristo y la iglesia.

          Esta religión incluyó las "tradiciones de mis padres" (ver. 14) y no era idéntica a la re­ligión enseñada por Moisés, los profetas y los salmos. La religión pura del Antiguo Testa­mento llevó al judío a Cristo (3:24). Pablo era fariseo e hijo de fariseo (Hech. 23:6; Fil. 3:5), y aunque esta secta fue la más estricta, los fariseos eran muy celosos por sus tradi­ciones. Jesús apoyaba fuertemente la ley de Moisés (Mat. 5:17-18), insistiendo en que sus discípulos la obedecieran, pero no les enseñó a seguir a los fariseos y escribas (Mat. 23:4).

          -- que perseguía sobremanera (pasando límites) a la iglesia de Dios, y la asolaba; -- Véase Hech. 22:4; 26:9-11. La palabra asolaba viene de la palabra que significa saquear. Saulo de Tarso quería completa­mente destruir la iglesia de Cristo. La predi­cación del evangelio acababa con el ju­daísmo; no podían coexistir. Por lo tanto, como los soldados destruyen, roban, queman y dejan en ruinas la ciudad conquistada, así Pablo con gran celo quería arruinar la iglesia de Cristo. Como fariseo estricto y celoso re­conocía que el judaísmo y la religión de Cristo no podían coexistir. Pero había una diferencia importante entre Pablo y los otros fariseos. Como él explica, había sido "antes blas­femo, perseguidor e injuriador; más fui recibido a misericordia porque lo hice por ig­norancia, en incredulidad" (1 Tim. 1:13).

1:14 -- y en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres. -- "Yo de cierto soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel, estricta­mente conforme a la ley de nuestros padres, celoso de Dios, como hoy lo sois todos vosotros" (Hech. 22:3). El significado literal de la palabra aventajar es avanzar por medio de cortar camino, como lo hacen los pio­neros, con machete y hacha. Había ganado a sus semejantes en todo aspecto: en conocimiento, en celo y en actividades. Había sido un líder prominente en el judaísmo y el más agresivo de los perseguidores de la iglesia, pero al convertirse llegó a ser un gran líder en la obra del evangelio. Nadie sabía el judaísmo mejor que Pablo y,

por consiguiente, nadie entendía mejor que el evangelio de Cristo no podía acomodarse al judaísmo.

          La palabra tradición se refiere a algo transmitido de alguno a otro (el sentido más común es que algo se transmite de padres a hijos). Por ejemplo, en 2 Tes. 3:6 la palabra aparece y se traduce enseñanza ("la en­señanza que recibisteis de nosotros"). La misma idea se ve en 1 Cor. 11:23, "Porque yo recibí del Señor lo que también os he en­señado". En el judaísmo Pablo recibió y aceptó "las tradiciones de mis padres" pero como apóstol de Cristo él recibió revela­ciones del Espíritu Santo.

          Entonces, si él había sido uno de los líderes prin­cipales del judaísmo y aun perseguía a la igle­sia, ¿por qué cambió? En seguida se da la expli­cación.

1:15 -- Pero cuando agradó a Dios, --  ¿Cuándo llegó a ser apóstol? ¿Cuándo él mismo se decidió a ser apóstol? ¿Cuando los otros apóstoles lo escogieron? No, sino "cuando agradó a Dios". Agradó a Dios lla­mar a Pablo. "No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino" (Luc. 12:32). Esto agradó a Dios. "Agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación" (1 Cor. 1:21). Esto le agrada a Dios.

          -- que me apartó desde el vientre de mi madre, -- compárense Ex. 2, 3; Isa. 49:1; Jer. 1:5; Luc. 1:15. Dios apartó y llamó a Moisés, a Isaías, a Jeremías, a Juan y a Pablo. Desde luego, los otros apóstoles no tuvieron nada que ver con este llamamiento. Como fariseo Pablo era un separatista, pero no se imagi­naba que Dios ya lo había separado para ser su embajador a los gentiles. "Instrumento es­cogido me es éste para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel" (Hech. 9:15). Con razón "dijo el Espíritu Santo, Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado" (Hech. 13:2).

          -- y me llamó -- Con esto Pablo refuta la idea de que él era un apóstol secundario, es­cogido y enviado por los hombres (los otros apóstoles o por las iglesias). Dios le llamó, habiéndolo apartado aun desde el vientre de su madre.    El llamamiento de Dios no quitó el libre albedrío de Pablo. ¿Podía haber re­chazado el llamamiento? Si no, ¿por qué dijo, "no fui rebelde a la visión celestial"? Hech. 26:19. ¿Por qué no dijo "No podía rechazar la visión celestial"?

          -- por su gracia, -- en este caso la palabra gracia se refiere al apostolado, 2:9. En 1 Cor. 7:25 se refiere a la misma cosa y usa la palabra “misericordia”.

1:16 -- revelar a su Hijo en mí, -- "Para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aque­llas en que me apareceré a ti, librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados" (Hech. 26:16-18). Pablo fue instruido (iluminado) en el evangelio por el Señor para que él pudiera -- a través del evangelio -- iluminar a otros. Ver. 24, "Y glorificaban a Dios en mí"; "Pero por eso fui recibido a misericordia, para que Je­sucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna" (1 Tim. 1:16). Pablo reveló a Cristo en el evangelio que predicó y también en su vida personal (2:20; Fil. 1:21).

          -- para que yo le predicase entre los gen­tiles, -- Hechos 9:15-16; 22:21; 26:15-18.

          -- no consulté en seguida con carne y san­gre, -- Mat. 16:17. Quiere decir que no con­sultó con los otros apóstoles, para aprender de ellos.

1:17 -- ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; -- "En seguida predi­caba a Cristo en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de Dios" (Hech. 9:20). Hizo esto en Damasco, inmediatamente después del bautismo. Esto demuestra que él no hizo su obra bajo la dirección de los apóstoles sino bajo la dirección de Dios.

          -- sino que fui a Arabia (Hech. 9:19, 22, 23; 26:20), -- ¿Qué hizo en Arabia? Algunos suponen que pasó su tiempo en este país meditando y reflexionando, pero el texto no lo dice. ¿Meditando sobre qué? El no recibió el evangelio por medio de su propia me­ditación, sino por revelación del Señor. Si ya había predicado en Damasco, ¿por qué no podía predicar en Arabia?

          -- y volví de nuevo a Damasco. -- Aun des­pués de ir a Arabia, no fue a Jerusalén, sino que volvió a Damasco. Esto indica que no había ninguna urgencia de que llegara donde los apóstoles.

1:18  -- Después, pasados tres años -- (Hech. 9:23-25, "pasados muchos días"; predicó el evangelio por tres años antes de conocer a los apóstoles.

          -- subí a Jerusalén para ver a Pedro (no para ser instruido por Pedro sino simple­mente para verlo, es decir, conocerlo).

          -- y    permanecí con él quince días; -- Quince días no es suficiente tiempo para ser doctrinado en el evangelio.

1:19 -- pero no vi a ningún otro de los após­toles, sino a Jacobo el hermano del Señor. -- Este es el Jacobo de Hech. 15:13; 21:18; Gál. 2:9, 12. Jacobo no era el primo hermano de Jesús sino su hermano (medio hermano). La teoría primo hermano no viene de la Biblia sino de la doctrina necia de la supuesta vir­ginidad perpetua de María.

1:20 -- En esto que os escribo, he aquí delante de Dios que no miento. -- La expresión de­lante de Dios es juramento. Al jurar de esta manera Pablo no pecó. El jurar condenado por Jesús es el jurar a la ligera o con hipocre­sía (Mat. 5:33-37; 23:16-22). Debido a lo serio de lo que Pablo afirma, él invoca a Dios como testigo. Estaba en juego la salvación de los gálatas. Si los judaizantes pudieran haber destruido la influencia de Pablo, también po­drían haber destruido la salvación de los gálatas. Un punto crítico de la controversia fue el origen del evangelio predicado por Pablo. Sin duda algún judaizante diría, "¿De veras, so­lamente fuiste a Jerusalén para visitar con Pedro?" Pablo entendió que no sería fácil convencerles y, por eso, invocó a Dios como Testigo de lo que afirmaba (compárense 2 Cor. 2:17; 11:31, textos semejantes).

1:21 -- Después fui a las regiones de Siria y de Cilicia, -- aprendemos en Hechos que Pablo "hablaba denodadamente en el nom­bre del Señor, y disputaba con los griegos, pero éstos procuraban matarle. Cuando supieron esto los hermanos le llevaron hasta Cesarea, y le enviaron a Tarso" (Hech. 9:29, 30); aquí lo encontró Bernabé y "le trajo a Antioquía" (Hech. 11:25). Esto confirma lo que Pablo escribe aquí: que él no fue orde­nado ni instruido por los doce apóstoles sino que su apostolado era completamente inde­pendiente de ellos.

1:22 -- y no era conocido de vista a las igle­sias de Judea, que eran en Cristo; -- Este texto (Gál. 1:22) ha venido a ser un punto de controversia en la discusión entre hermanos sobre la cuestión de la invención moderna de la llamada "iglesia patrocinadora" (una iglesia central que se encarga de los fondos y de la responsabilidad de muchas iglesias para lle­var a cabo alguna obra). Hechos 11:27-30 en­seña la autonomía de cada congregación, porque Pablo y Bernabé llevaron la ayuda de Antioquía "a los hermanos que habitaban en Judea ... enviándolo a los ancianos", es decir, a los ancianos de cada congregación de Judea (Hech. 14:23). Había “iglesias” en Judea, 1 Tes. 2:13.

          Jerusalén no es mencionada en este texto (Hech. 11:27-30), pero se menciona después (12:25, "volvieron de Jerusalén"). Los her­manos que promueven la "iglesia patroci­nadora" afirman que el dinero fue entregado en manos de los ancianos de Jerusalén y que no fue llevado a los ancianos de las iglesias de Judea. Suponen que Gál. 1:22 apoya su ar­gumento. Dicen que si Pablo no "era conocido de vista a las iglesias de Judea", entonces ob­viamente no les llevó el dinero que fue en­viado por Antioquía. Concluyen, pues, que entregaron el dinero a los ancianos de Jerusalén y que esta iglesia -- como "iglesia patrocinadora" -- se encargó de repartir el dinero a las varias iglesias de Judea.

          Pero la cronología de los eventos de la vida de Pablo destruye ese argumento. Gál. 1:22 no corresponde a Hech. 11:27-30 sino a Hech. 9:26-30. Al comparar Gál. 1 con He­chos, hay dos preguntas que deben analizarse: ¿Cuándo fue desconocido Pablo por los de Judea? (Gál. 1:22); y también ¿cuándo predicó Pablo "por toda la tierra de Judea"? (Hech. 26:20). En primer lugar, ¿cuándo estuvo Pablo en Jerusalén? Hech. 9:26-30; Hech. 12:25; Hech. 15 (discusión sobre la circuncisión); Hech. 21 (fue pren­dido). Hech. 9:26-30 habla de su primera visita a Jerusalén y estuvo allí solamente 15 días (según Gál. 1:18). Lucas dice que las iglesias de Judea tenían paz pero no dice que Pablo les predicó. En Hech. 15 no pudo haber predicado a las iglesias de Judea, porque estuvo muy ocupado en Jerusalén con la controversia sobre la circuncisión. En Hech. 21 llegó a Jerusalén pero en esa ocasión le prendieron (ver. 33). Entonces, ¿cuándo "no era conocido de vista a las igle­sias de Judea"? La única respuesta posible es: cuando fue la primera vez a Jerusalén (Hech. 9:26-30). ¿Cuándo predicó por toda la tierra de Judea? La única respuesta es: cuando él y Bernabé llevaron la ayuda enviada por Antio­quía a los hermanos de Judea (Hech. 11:27-30). Conclusión lógica: No hay "iglesia pa­trocinadora" en Hech. 11:27-30.

1:23 solamente oían decir: Aquel que en otro tiempo nos perseguía, ahora predica la fe que en otro tiempo asolaba. -- ¿Qué es "la fe" predicada por Pablo? El evangelio (3:25; Ju­das 3; Efes. 4:5). La expresión la fe no se re­fiere a la fe de uno, sino al evangelio (lo que se cree). Esta es la fe objetiva que fue reve­lada por el Espíritu Santo, la fe que se obede­ce (Hech. 6:7; Rom. 1:5; 16:26).

1:24 Y glorificaban a Dios en mí. -- Glorifica­ban a Dios por la conversión de Saulo.

Conclusión:

          La argumentación de Pablo es lo si­guiente: (1) que el evangelio predicado por él no vino de Jerusalén; (2) que él no tuvo prisa de ir a Jerusalén; (3) que cuando por fin fue a Jerusalén no fue con el propósito de perfec­cionar su conocimiento del evangelio; (4) que estuvo muy poco tiempo en Jerusalén (por eso, que no hubo tiempo para recibir instruc­ción en el evangelio); (5) que los de esa área sólo sabían de su conversión y por esta causa glorificaban a Dios en él.

          Resumen: En el capítulo 1 Pablo establece con los siguientes argumentos el hecho de que él no era apóstol de los hombres sino de Jesucristo: (1) que él recibió su evangelio por revelación, ver. 12; (2) que aunque él había sido líder de los perseguidores de la iglesia, Dios le llamó al apostolado; en realidad había sido apartado desde su nacimiento para este propósito, vers. 13-15; (3) que cuando Dios lo llamó, él no consultó con los otros apóstoles y que, en lugar de ir a Jerusalén, fue a Arabia y luego volvió a Damasco (vers. 16, 17); (4) que por tres años después de convertido ni siquiera había visto a los otros apóstoles y que, cuando por fin fue a Jerusalén, no fue en calidad de estudiante sino de visitante, para conocer a Pedro con quien pasó quince días y que no vio a los otros apóstoles sino sola­mente a Jacobo, el hermano del Señor (vers. 18-19); y (5) que fue entonces a las regiones de Siria y Cilicia y que los de Judea no le conocieron de vista pero sí se daban cuenta de la predicación de él, la aprobaban y glori­ficaban a Dios en él, (vers. 21-24).

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