COMUNIÓN: UNA VIDA COMPARTIDA EN CRISTO
Hechos 2:42
Por Israel Zavala
Introducción
Lamentablemente, cuando hoy usamos la palabra “comunión”, no todos estamos
pensando en lo mismo. El pensamiento moderno ha ido distorsionando esta palabra
de su significado bíblico y la ha reducido, muchas veces, a simples actividades
sociales. Para algunos, comunión es comer juntos, jugar futbol juntos o salir de
compras juntos.
Pero la comunión de la que habla la Escritura es mucho más profunda que eso.
Aunque esas cosas pueden ser una expresión externa, no constituyen en sí mismas
la verdadera comunión según la Biblia.
Por eso es necesario volver al texto bíblico y permitir que Dios mismo nos
enseñe qué es la comunión, qué cosas compartimos en Cristo y cuál es el
resultado inevitable de esa comunión verdadera.
I. LA DEFINICIÓN BÍBLICA DE LA COMUNIÓN
La palabra “comunión” proviene del vocablo griego koinonía,
y su significado básico es tener algo en común, participar juntos de una misma
realidad. Entre sus sinónimos encontramos ideas como participación conjunta,
compartir mutuo, asociación, acuerdo y compañerismo.
Desde una perspectiva bíblica, la comunión es la participación real y activa en
la vida de Dios por medio de Cristo, la cual se expresa en una
vida compartida entre creyentes, unidos por el Espíritu Santo, afirmados en la
verdad y manifestados en amor, servicio y perseverancia.
El libro de los Hechos nos muestra con claridad el alcance de esta comunión. En
Hechos 2:41 vemos que unos tres mil fueron bautizadas; en Hechos 2:47 el Señor
añadía cada día a la iglesia; en Hechos 4:4 el número llegó a unos cinco mil
varones; y en Hechos 4:32 se nos dice que todos eran de un corazón y un alma.
Estamos hablando de personas provenientes de al menos diecisiete regiones
distintas, con idiomas y culturas diferentes. Sin embargo, a pesar de toda esa
diversidad humana, permanecían unidos espiritualmente. ¿Por qué? Porque la
comunión no es un lazo cultural ni social, sino un vínculo espiritual.
La comunión es una conexión íntima con Cristo que inevitablemente nos une
profunda y estrechamente unos con otros como pueblo de Dios. Ahora en Cristo, ya
no importan las divisiones humanas: judíos o gentiles, esclavos o libres,
varones o mujeres; todos somos uno en Él.
II. LAS COSAS QUE COMPARTIMOS EN LA COMUNIÓN
Para entender correctamente la comunión, es necesario mirar aquello que
realmente tenemos en común. No hay comunión sin algo compartido, y la Escritura
nos muestra con claridad qué compartimos en Cristo.
Compartimos al mismo Dios
1 Juan 1:3. -
La comunión comienza con Dios. Por medio del evangelio predicado por los
apóstoles, somos llamados a tener comunión con el Padre y con su Hijo
Jesucristo.
La comunión no nace de actividades sociales, ni de simpatías personales. Una
persona puede convivir, reír y compartir espacios con otros creyentes sin tener
verdadera comunión espiritual. La comunión verdadera solo es posible cuando
primero hemos sido reconciliados con Dios por medio de Cristo.
La comunión horizontal nace de una comunión vertical. Para que exista comunión
entre nosotros, primero debe existir comunión con Dios. Así lo afirma Pablo en
1 Corintios 1:9.
Compartimos la misma salvación
Judas 1:3. -
La salvación es una de las realidades más gloriosas que compartimos. Hemos
recibido el mismo evangelio, al mismo Cristo, la misma gracia, la misma sangre,
el mismo perdón y la misma adopción.
En Cristo no somos simplemente personas con valores similares, sino pecadores
regenerados por el mismo Señor, hechos participantes de una misma vida
espiritual. Además, el evangelio no solo nos reconcilia con Dios; nos incorpora
a un pueblo. Dios no salva individuos aislados, sino que forma una comunidad
redimida.
Por eso, la comunión es el ambiente natural de los redimidos.
Compartimos la misma fe
Tito 1:4. -
La expresión “común fe” no se refiere a una fe genérica o subjetiva, sino a una
fe compartida y objetiva, recibida del mismo Dios y fundamentada en la misma
verdad del evangelio.
Pablo y Tito no tenían creencias distintas; caminaban en el mismo evangelio, en
la misma doctrina, en la misma verdad revelada. Por eso, la comunión no puede
existir donde no hay acuerdo doctrinal.
La comunión cristiana no se basa en tolerar cualquier enseñanza, sino en
permanecer firmes en la fe verdadera. Caminamos juntos porque creemos lo mismo.
- 2 Corintios 12:18
Compartimos la misma esperanza
Efesios 4:4.
-
Todos los creyentes avanzamos hacia el mismo futuro glorioso. Hemos sido
llamados a una esperanza segura, fundada en las promesas de Dios: la
resurrección, la gloria venidera y la vida eterna con Cristo.
Cuando se comparte una misma esperanza, se camina en la misma dirección. Y
cuando el pueblo de Dios camina unido hacia el mismo destino, la comunión se
fortalece.
Compartimos la misma misión
Mateo 28:19–20.-
Aunque tengamos dones y funciones diferentes, todos participamos de una misma
misión: anunciar el evangelio y hacer discípulos. Esta misión común une a la
iglesia en un propósito que va más allá de lo individual.
Cuando la iglesia pierde esta misión, la comunión se debilita. Pero cuando la
misión se abraza, la comunión se profundiza.
III. EL RESULTADO VISIBLE DE LA COMUNIÓN
Cuando Hechos 2:42 dice que los creyentes “perseveraban en la comunión”, no está
definiendo el concepto, sino describiendo la práctica constante de una comunión
que ya existía.
La comunión espiritual no comenzó con la convivencia; produjo convivencia. No
estaban juntos para crear comunión, sino porque ya tenían comunión en Cristo. La
raíz es espiritual; el fruto es visible.
Por eso en Hechos 2:44-47, Lucas describe una serie de resultados
naturales:
Nada de esto fue un programa humano. Fue el fruto espontáneo de una comunión
nacida del evangelio.
Ahora bien, cuando un hermano persiste en el pecado y se aparta de la verdad,
rompe primero su comunión con Dios y, como consecuencia, con la iglesia. - 1
Juan 1:6-7.
No se le quita la comunión arbitrariamente; él mismo la ha quebrantado.
Por eso Pablo enseña que no se debe participar del fruto de una comunión que ya
no existe en la práctica. - 1 Corintios 5:11; 2 Tesalonicenses 3:14. No
se niega la comunión en sí, sino sus expresiones visibles, para no afirmar
falsamente que todo está bien.
Esto no es falta de amor; es precisamente amor bíblico.
CONCLUSIÓN
La comunión no es una actividad, es una vida compartida en Cristo. No se fabrica
con convivencia, sino que brota de una salvación común. No se sostiene con
emociones, sino con la verdad del evangelio. Y no se queda en palabras, sino que
produce frutos visibles.