UNA FE QUE DEJA HUELLA
1 Tesalonicenses 1:4-9
Por Israel Zavala
INTRODUCCIÓN
La 1 Tesalonicenses fue escrita a una iglesia relativamente nueva y con poca
experiencia… sin embargo, tenía algo que Dios valoraba enormemente: su
fidelidad.
A pesar de ser jóvenes en la fe, los hermanos de Tesalónica enfrentaron
dificultades con una madurez admirable. El evangelio llegó a ellos y los marcó
de tal manera que, aun en medio de pruebas intensas, no retrocedieron.
Y lo más sorprendente es que, aunque la iglesia estaba sufriendo, su fe no
dejaba de brillar.
Y para entender por qué su fe dejó huella, debemos comenzar donde Pablo
comienza: en la seguridad de ser…
AMADOS Y ELEGIDOS DE DIOS (1:4-5)
El apóstol Pablo inicia con estas palabras:
“Hermanos amados de Dios…” (v.4)
Y es como si Pablo les estuviera diciendo: “Yo sé que están siendo atacados.
Sé que están padeciendo. Pero no olviden nunca esto: Dios los ama.”
Porque una de las cosas más peligrosas del sufrimiento es que abre la puerta a
pensamientos negativos como: “Si Dios me amara, esto no me estaría pasando.”
“Si en verdad Dios estuviera conmigo, yo no estaría sufriendo así.”
Por eso, antes de cualquier instrucción o exhortación, Pablo los consuela
diciendo, “Ustedes son amados de Dios”
Esto nos enseña que el dolor y las aflicciones no son evidencia de que Dios nos
ha abandonado. El diablo quiere hacernos creer que: Dios no nos ama, Dios no se
acuerda de nosotros, a Dios no le importamos…pero no es así. Somos amados por
Dios… ¡aun en medio de la tormenta!
Luego Pablo añade otro pensamiento consolador:
“Conocemos vuestra elección” (v.4)
Es decir: ustedes no están aquí por suerte o casualidad. Dios los buscó, Dios
los llamó y Dios los alcanzó. La salvación de ellos, y la nuestra también,
comienza en el corazón de Dios. Y así como Dios inició esta obra en ellos, de la
misma manera la iba a terminar. Si Él los llamó cuando estaban lejos… ¿cómo no
los habría de sostener ahora que estaban en Él?
Dios no rescata para abandonar. No salva para soltar. No llama para dejar a
medias. El mismo Dios que nos rescató de nuestra vana manera de vivir es el Dios
que nos sostiene en el camino. Nunca debemos olvidar esto.
Ahora bien… surge una pregunta importante:
¿Cómo supo Pablo que eran elegidos de Dios? (v.5)
Pablo lo supo por su reacción al evangelio. Porque, en aquellos días, como
también hoy, hay personas que oyen sermones, asisten a la iglesia, conocen la
Palabra… pero no se convierten, no nacen de nuevo, no transforman su vida.
Pero cuando el evangelio llegó a los tesalonicenses, no llegó en palabra
solamente, no llegó como un simple discurso religioso.
Llegó en:
CON GOZO EN LA AFLICCIÓN (1:6-7)
Creo que aquí es donde la historia se vuelve todavía más impactante, porque los
hermanos de Tesalónica no solo resistieron la aflicción… sino que lo hicieron
con gozo.
El versículo dice que recibieron la Palabra: “en medio de gran tribulación, con
gozo del Espíritu Santo” (v.6-7)
Cuando un cristiano está consciente y cree de todo corazón que es amado y
elegido de Dios, entonces su fe no depende de la comodidad o la tranquilidad…
sino de la convicción.
Noten cómo recibieron la Palabra de Dios:
en medio de gran tribulación. Y aquí
no solo se refiere a su conversión, sino al tiempo que llevaban perseverando.
Tal vez se reunían con precaución y temor debido a la oposición. Seguramente
había rumores en la ciudad acerca de aquellos que habían dejado de adorar a los
ídolos y que ahora tenían a Jesús por Rey.
Seguramente algunos hermanos: perdieron amistades, otros perdieron clientes,
otros fueron ridiculizados, y algunos quizá hasta golpeados… pero aun así no
dejaron de recibir la Palabra de Dios y creer en ella. Aquella tribulación, en
vez de separarlos, los acercó más a la Palabra.
Pero prestemos atención no solo a lo que hicieron, sino a cómo lo hicieron:
“con gozo en el Espíritu”
Y es cierto: nadie se goza por el rechazo, la pérdida o la persecución. Esas
cosas duelen… y mucho. Pero su gozo era diferente:
era el gozo del Espíritu. Un gozo
que puede coexistir con lágrimas. Un gozo que afirma: “Dios está conmigo en
medio de esto.” “Esta tribulación no será para siempre.”
Con esa actitud, los tesalonicenses estaban
siendo imitadores de los apóstoles y del
Señor. Cristo fue rechazado, perseguido y sufrió… pero nunca dejó de
obedecer al Padre. Y los tesalonicenses estaban imitando ese mismo camino.
Hermanos y amigos: si Cristo sufrió y fue fiel, nosotros también debemos estar
dispuestos a sufrir y mantenernos fieles a Él.
El gozo del Espíritu no es tanto un espectáculo visible, sino una fortaleza
interna que nos permite perseverar, recibir la Palabra y obedecer cuando las
circunstancias son adversas.
SU EJEMPLO Y TESTIMONIO (1:8-9)
El versículo 8 nos muestra que la fidelidad de los tesalonicenses no solo los
sostuvo a ellos, sino que comenzó a impactar a otros. Ellos se convirtieron en
un ejemplo. Su fe se divulgó por todas partes.
Pablo destaca dos cosas que se divulgaron:
1) Se divulgó la Palabra del Señor (v.8)
“Porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor…”
Esto significa que, a pesar de la persecución, ellos no solo se mantuvieron
firmes… sino que compartían la Palabra del Señor con otros. Hablaban de Cristo.
El evangelio no se quedó encerrado en ellos. Lo recibieron… y luego lo
transmitieron. Lo creyeron… y luego lo compartieron.
Y el evangelio salió de Tesalónica con fuerza, no se apagó por la persecución.
Ellos testificaron, anunciaron a Cristo tanto, que otras ciudades vecinas
comenzaron a escuchar también este mensaje.
2) Se divulgó la fe de ellos (v.8)
Pablo dice que se divulgó: “vuestra
fe en Dios… de tal manera que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada”
Ellos no solo hablaban del evangelio: vivían el evangelio.
Su vida era tan clara, tan notoria, tan elocuente… que Pablo dice: “Yo ni
siquiera tengo que añadir nada; su testimonio habla por sí solo.”
¡Qué maravilloso es cuando una iglesia llega a ese nivel! Cuando a través de
ella se divulga la Palabra de Dios… y sobre todo, cuando las personas escuchan
el mensaje no solo porque se predica, sino porque se ve: en su amor, en su
unidad, en su perseverancia, y en su fidelidad a Dios.
El ejemplo de los tesalonicenses se convirtió en un modelo digno de imitar. Los
creyentes de otras ciudades vecinas los miraban, y se sentían motivados e
inspirados a hacer lo mismo.
Y es que a veces, no nos damos cuenta, pero nuestra perseverancia y nuestro buen
ejemplo, tanto individual como colectivo, están siendo un sermón vivo para
familiares, amigos, compañeros, vecinos y hermanos en otros lugares que nos
observan.
Por eso, hermanos, cuando miramos a la iglesia en Tesalónica, es imposible no
sentir algo especial en el corazón. Tal vez ellos se veían como una iglesia
resistiendo la prueba… pero desde el cielo eran vistos como una iglesia
dejando huella de fe.
CONCLUSIÓN
Y si hay alguien aquí que aún no ha entregado su vida a Cristo…
hoy es el día para creer. El mismo
evangelio que transformó a los tesalonicenses, te puede transformar a ti.