LUCAS 11

 
 


    
     11:1  Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos. –
En este texto y en Mat. 6:9-13 Jesús nos enseña cómo orar. No era su propósito revelar una oración que debería ser memorizada y rezada (recitada) repetidas veces. (Más bien esto es lo que estaba condenando). Esta verdad es obvia cuando se considera que estos dos textos (el de Mateo y el de Lucas) ni siquiera son iguales; habría sido idéntica la oración en los dos textos si Jesús la hubiera entregado para ser rezada. La iglesia del primer siglo no rezaba el "Padre Nuestro".

       Los discípulos querían orar correctamente, y Jesús les dice, "Oraréis así". Dice que debemos orar "así'" (de esta manera), y entonces nos da un ejemplo de cómo orar correctamente. Algunos de los elementos principales de la oración aceptable son: (1). Dirigirnos al Padre para alabarlo. (2). Pedir que se haga su voluntad. (3). Orar por su reino. (4). Pedir el pan de cada día (el sostén, 1 Tim. 6:8). (5). Pedir el perdón. (6). Pedir la dirección divina.
       Desde luego, hay otros textos que nos enseñan cómo orar: Juan 14:13; 16:26 nos enseñan que debemos orar en el nombre de Jesús; 1 Tim. 2:1,2 agrega detalles importantes; también 1 Tes. 5:17, Sant. 1:5; 5:16, etc. Aparte de instrucciones y mandamientos, hay buenos ejemplos que seguir.

       11:2  Y les dijo: Cuando oréis, decid:  Padre nuestro que estás en los cielos, --  Los paganos no podían decir, "Padre Nuestro", porque los dioses paganos eran, según la imaginación de ellos, crueles, despóticos y caprichosos. No había relación padre-hijo con los dioses paganos y sus adoradores. Isa. 64:8, "Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros". Pero los dioses paganos, en lugar de haber formado a sus adoradores, fueron formados por ellos.

       -- que estás en los cielos. Esta expresión habla de la majestad y grandeza de Dios; sirve para exaltarle. El es el único Dios que está en los cielos. Decimos esto, pues, para expresar gran reverencia. Desde luego, su presencia llena el universo, como dijo Salomón, cuando dedicó el templo, "He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?" (1 Reyes 8:27). Pero la palabra "cielos" es muy apropiada para expresar la exaltación de Dios.

       -- santificado sea tu nombre. – ¿Cómo es santificado su nombre? Es fácil decir esto sin pensar en lo que se dice. Al decir "Santificado sea tu nombre", pedimos que su nombre sea adorado, reverenciado, respetado y glorificado. (Recuérdese Mat. 5:34-37, el nombre de Dios no es santificado si nuestra palabra no vale o si tomamos en vano su nombre). Su gran nombre es glorificado por el culto que le ofrecemos: los cantos, las oraciones, la predicación y los demás actos de culto. También es glorificado por nuestras vidas. "Sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros" (1 Ped. 3:15). Glorificamos a Dios cuando predicamos y practicamos la enseñanza del Sermón del Monte (por ejemplo, las bienaventuranzas, 5:1-12; buscar primeramente el reino de Dios y su justicia, 6:33, etc.), y toda la enseñanza del Nuevo Testamento.

       --  Venga tu reino. – 1 Crón. 29:11, dice David, "Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos".

       Mat. 3:2; 4:17, "Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado". Así predicaron Juan y Jesús. (1). Mar. 9:1 "hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios venido con poder". El reino iba a venir con poder. (2). Luc. 23:51, José de Arimatea, "esperaba el reino de Dios". (3). Luc. 24:49, los apóstoles recibirían poder. Hech. 1:5,8, el poder del Espíritu Santo. Ese poder vino el día de Pentecostés. (4). Por lo tanto, el reino vino el día de Pentecostés.

       ¿Qué es el reino? ¿Qué vino el día de Pentecostés? ¿Qué sucedió ese día? (1). Jesús ya había ofrecido su vida en la cruz por los pecados del mundo. De esa manera El compró su iglesia (Hech. 20:28); es decir, El pagó el precio de nuestra redención (1 Ped. 1:18) e hizo posible la salvación, el perdón de pecados. Pedro y los apóstoles explicaron este plan de salvación el día de Pentecostés, y tres mil almas obedecieron al evangelio (Hech. 2:37-41). (2). Estas personas fueron trasladadas al reino de Cristo (Col. 1:12, 13). (3). Fueron bautizados en un cuerpo, 1 Cor. 12:13. (4). Jesús había dicho, "Edificaré mi iglesia" (Mat. 16:18). ¿Qué es su iglesia? ¿Cuándo la edificó? La palabra "iglesia" significa los "llamados", los que son llamados por el evangelio (2 Tes. 2:14). Son simplemente los salvos. Los primeros que fueron salvos por el evangelio predicado por los apóstoles fueron los tres mil en el día de Pentecostés. (5). Los términos "reino", "iglesia", "cuerpo", "rebaño", etc. todos se refieren a la misma cosa. La palabra "reino" significa "poder, autoridad", y también el "imperio" de Dios, o sea, los súbditos o ciudadanos del reino. Col. 1:13 lo indica claramente. (6). Si la iglesia no es el reino, entonces los milenarios (premilennialistas) tienen razón al decir que el reino todavía no se ha establecido. Pero recuérdese: (a) que el reino y la iglesia se establecieron el mismo día; (b) tienen la misma cabeza; (c) que tienen las mismas condiciones de entrada; (d) que la cena del Señor está en la iglesia y está en el reino; y (e) que todas las enseñanzas del Nuevo Testamento son para la iglesia y también son para los ciudadanos del reino. (7). Si los miembros de la iglesia no son los ciudadanos del reino, ¿quiénes son los ciudadanos del reino? Si los miembros de la iglesia no están en el reino, ¿quiénes están en el reino? (8). Hay un solo cuerpo (Efes. 4:4), pero si la iglesia no es el reino, y el reino no es la iglesia, y si el reino ya se ha establecido, entonces hay dos cuerpos. Esta conclusión es ineludible. La implicación y consecuencia de la enseñanza de los que dicen que la iglesia no es el reino es que en realidad hay dos cuerpos. (9). 2 Sam. 7:12, 13, el "linaje" de David (Cristo) "edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su REINO". La casa de Dios es la iglesia (1 Tim. 3:15), pero el profeta habló con David de su trono en su casa o reino. Además el ángel dijo a María, "Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre". Hech. 2:29-30, David sabía que Dios levantaría al Cristo para que se sentase en su trono. Así dijo Pedro en su sermón el día de Pentecostés. En ese mismo día Jesús estaba sobre el trono de David y en ese mismo día edificó su casa, su iglesia según la profecía de 2 Sam. 7:13 y Mat. 16:18. (10). Los que dicen que la iglesia no es el reino de Mat. 3:2; Mar. 9:1; Col. 1:13 son compañeros de doctrina de los milenarios. Los dos minimizan la bendita iglesia del Señor Jesús, diciendo que no es el reino de Cristo.

       --  Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.  -- Primero, es necesario aprender la voluntad de Dios por el estudio y por la experiencia. Rom. 12:2 "para que comprobéis (por la experiencia) cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta". Mat. 7:21; 12:50. Los salvos son los que hacen la voluntad de Dios. Jn. 6:44,45, Todos serán enseñados de Dios. Mat. 28:19, el evangelio (la voluntad de Dios) fue predicado a todas las naciones. Hechos de los Apóstoles nos dice que los apóstoles llevaron a cabo esa comisión. Efes. 5:17 dice, "no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor". La persona que dice, "Hágase tu voluntad" cuando no le gusta estudiar la Biblia, ni la lee, ni asiste a las clases bíblicas hace burla de esta oración.

       ¿Cuál es la voluntad de Dios para nosotros? 1 Tes. 4:3 "pues la voluntad de Dios es vuestra santificación". Debemos apartarnos de todo mal. Debemos limpiar el corazón (la mente, voluntad, emociones) y presentar el cuerpo como sacrificio vivo al Señor (Rom. 12:1), para ser transformados a la imagen de Cristo (Rom. 8:29; 2 Cor. 3:18; Gál. 4:19).

       Los que hacen esta oración deben obedecer al evangelio y cumplir la voluntad de Dios. ¿Qué nos aprovecha orar, "hágase tu voluntad" si no la queremos hacer nosotros? Esta oración significa que estamos sumisos a Dios.

       Entonces, si estamos haciendo la voluntad, debemos enseñar, amonestar y exhortar a otros para que hagan lo mismo. Debemos "cooperar" con la oración.

       -- como en el cielo – En el cielo se hace la voluntad de Dios. Véase Apoc. 4.

       11:3  El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.  -- La palabra "pan" es palabra genérica y significa lo necesario para sostener la vida física, Gén. 3:19. Es correcto y necesario pedirlo.

       -- de cada día -- Los israelitas recogían cada mañana el maná (el sexto día recogían para dos días). Cada noche al acostarse no tenían comida para otro día. Cuando algunos lo guardaron de un día para otro, crió gusanos y hedió. Se acostaban cada noche durante cuarenta años (Ex. 16:35), totalmente dependientes de Dios para el sostén del siguiente día. Deut. 8:3, 4 "te sustentó con maná ... para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre", es decir, por la voluntad de Dios. Jesús citó este texto (Mat. 4:4), indicando que El no dependía de pan para vivir, pues Dios podía sostenerle con o sin comida. El punto es que todos somos totalmente dependientes de Dios.

       ¿Cómo podemos pedir el pan de cada día cuando ya tenemos comida almacenada para una semana o para un mes (o más)? El tener una cantidad de alimento en casa no es garantía de nada. Lo que se haya acumulado se puede destruir de un momento a otro de muchas maneras, ver. 19. Muchos tienen dinero, educación, buen empleo, ahorros, inversiones, etc., pero no hay nada de seguridad en tales cosas. Vivimos porque Dios lo quiere y lo permite. Sin El no hay vida (Hech. 17:25). Debemos poner toda la confianza en El en lugar de ponerla en causas secundarias.

            -- dánoslo hoy -- . ¿Cómo puede el hombre decir "dame el pan" cuando tiene que trabajar y ganar su pan con el sudor del rostro? Porque por más que el hombre trabaje, él solo nunca podría mantenerse. Dios pone los medios. El hace que el sol salga, que la lluvia caiga y que la tierra fructifique. Mat. 5:45; Hech. 14:17; 17:25, 28. El hombre tiene que trabajar (Efes. 4:28; 2 Tes. 3:10), pero antes de trabajar debe pedir "Danos hoy nuestro pan" y antes de comer debe dar gracias. Tenemos que cooperar con la oración. (Así es cuando pedimos la sanidad: Dios sí sana pero tenemos que hacer nuestra parte, buscando la ayuda de médicos y medicina, que también son bendiciones de Dios.)

       ¡Cuán agradecidos debemos estar por sus grandes bendiciones! No conviene pedir el pan de hoy si no estamos agradecidos por el pan de ayer.

       Debemos siempre estar contentos. 1 Tim. 6:8, "Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto". Heb. 13:5,6; Fil. 4:11, "he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación" (así dijo Pablo cuando estaba preso en Roma).

       Debemos ser sabios administradores de estos beneficios, practicando la frugalidad y sobriedad. Jn. 6:12, 13, Jesús alimentó a los cinco mil, "Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada". No debemos malgastar nada. Uno de los pecados del "Hijo Pródigo" se describe en Luc. 15:14, "Y cuando todo lo hubo malgastado". También Luc. 16:1 habla del "hombre rico que tenía un mayordomo que fue acusado ante él como disipador de sus bienes". Dios nos da ciertos "talentos" (Mat. 25:14), tanto materiales como espirituales, y con estos debemos servirle, sin malgastarlos. Por lo contrario, debemos "negociar" (ver. 16) con ellos para que sean multiplicados en su servicio, para su gloria, y para avanzar su obra.

       Muchas personas (hasta hermanos) sufren mucho por no trabajar diligentemente, por no cuidar su empleo o su negocio, y por no administrar bien lo que ganan. Además malgastan dinero especialmente en los niños, dándoles con exceso tantas cosas que piden (por ejemplo, juguetes, diversiones), y aun cosas que perjudican su salud (exceso de dulces, refrescos, fritos, etc.). Todo esto cuesta, y a mucha gente no les queda a ellos dinero para cosas más básicas (por ejemplo, para atención médica).

       También es necesario evitar todo aspecto de avaricia. Dios nos bendice no solamente para que vivamos y proveamos para los nuestros (1 Tim. 5:8), sino también para beneficiar a otros (Efes. 4:28). Debemos estar siempre preocupados por otros, y no pensar solamente en nuestras propias necesidades. (Desde luego, primero que todo, debemos apartar nuestra ofrenda, 1 Cor. 16:1, 2; 2 Cor. 9:7).

       Pedimos el pan porque todo proviene de Dios (Sant. 1:17). El nos da vida y salud y hace que la tierra produzca para mantenernos.

       Pedimos solamente el pan de cada día. No pedimos el pan para mañana (no debemos preocuparnos por el día de mañana, ver. 34). Prov. 30:8, 9 es una oración muy apropiada: "No me des pobreza ni riquezas; dame a comer mi porción de pan; no sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová? O que siendo pobre, hurte, y blasfeme el nombre de mi Dios".

       Entonces cooperemos con la oración: "que procuréis tener tranquilidad, y ocuparos en vuestros negocios, y trabajar con vuestras manos de la manera que os hemos mandado, a fin de que os conduzcáis honradamente, para con los de afuera, y no tengáis necesidad de nada" (1 Tes. 4:11, 12).

       Demos gracias a Dios, reconociendo que aunque trabajemos por el pan, de todas maneras es don de Dios, porque sin El nadie vive.

       Cuidemos lo que El nos da, no malgastando. Seamos mayordomos sabios.

       Nos preocupemos por otros. No vivamos solamente para mantener nuestras propias vidas, sino para ser útiles al Señor (2 Tim. 2:21).

       11:4  Y perdónanos nuestros pecados, – Mat. 6:12, “Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”. Mateo dice “deudas” pero Lucas dice “pecados”. Mat. 18:23-35 habla de deudas pero en la aplicación tiene que ver con nuestros pecados. Los pecados son deudas morales y espirituales que serán castigadas a menos que sean perdonadas. Lamentablemente muchos están interesados en tener el pan de cada día, pero no les interesa el perdón de sus pecados. El pan de cada día nos engorda para la matanza (Sant. 5:5) si no obtenemos el perdón de pecados. Nuestros pecados nos han dejado en bancarrota espiritual, arruinados y sin esperanza de sacarnos de la ruina.

       Nuestra condición espiritual se ilustra en la parábola de Mat. 18:23-35 por aquel que fue perdonado una deuda de 10,000 talentos. Para ilustrar esta cantidad: los impuestos anuales pagados por Judea, Galilea, Idumea, Samaria y Perea sumaban como 800 talentos. Un esclavo, joven y fuerte, valía un talento. Dice 2 Crón. 25:6 que Amasías "tomó a sueldo por cien talentos de plata, a cien mil hombres valientes". Todo el oro en el arca del pacto valía menos de 30 talentos (Ex. 38:24). El punto es que era una cantidad que jamás podía pagar. Así es la deuda que el hombre debe a Dios. Es una "cantidad" que simplemente no podía y no puede pagar. Su única esperanza es que Dios le perdone la deuda.

       Toda persona se ha vendido a la esclavitud del pecado. Bajo la ley de Moisés, se podía vender a un hombre adeudado para pagar sus deudas (Ex. 22:3; Lev. 25:39; 2 Reyes 4:1). Los pecadores son esclavos (Jn. 8:34). Se han vendido a sí mismos al cruel maestro llamado "pecado". Judas se vendió a sí mismo por treinta piezas de plata por traicionar a Jesús (quería vender a Jesús, pero se vendió a sí mismo a Satanás). No hemos pecado solamente una que otra vez. Los pecados "se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza" (Sal. 40:12). ¿Cuántas veces pecamos durante un año? ¿Cuántos años hemos vivido? ¿Qué tan grande es nuestra deuda? ¡10,000 talentos! Una cantidad que no podemos pagar. ¡Piénselo! Dios quiere cancelar esta deuda, y luego espera que cancelemos las deudas de los que nos han ofendido.

       ¿Qué significa la palabra, "perdonar"? "aphiemi, primariamente, enviar afuera, despedir ... denota remitir o perdonar (a) deudas, Mt 6:12; 18:27, 32, quedando éstas totalmente canceladas; (b) pecados, p. e., Mt 9:2, 5, 6; 12:31, 32; etc. ... significa en primer lugar la remisión del castigo debido a una conducta pecaminosa ..." (WEV). Por eso, cuando perdonamos a otro, despedimos, remitimos (enviamos afuera) el pecado, cancelamos la deuda, para siempre.

       El hijo pródigo salió de su casa diciendo "dame" (cosas materiales), pero "cuando todo lo hubo malgastado" y fue reducido a la vergüenza, volvió al padre diciendo "perdóname".

       -- Y perdónanos porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. – Aquí Lucas también usa la palabra “deben”. ¡Qué peligroso es hacer esta petición si no hemos perdonado de corazón a otros sus ofensas contra nosotros! No dice "Perdónanos como pensamos perdonar a otros", sino "como también perdonamos" a otros. Se presupone que al decir, "perdónanos", ya hemos perdonado a otros. Dice La Biblia de las Américas, "como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores".

       Con este espíritu perdonador cumplimos con uno de los requisitos nombrados por Dios para recibir su perdón. Si pedimos perdón con algo de rencor en el corazón o con espíritu vengativo, estamos pidiendo que Dios no nos perdone. Mejor que ni oremos.

       Cuando alguno se arrepiente y pide perdón: Mat. 18:15, "si tu hermano peca contra ti, vé y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano". Las palabras "si te oyere" indica que él reconoce su pecado y se arrepiente. No es posible perdonar a la persona que se niega a reconocer su pecado y a arrepentirse.  Luc. 17:3, "Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale". Por lo tanto, debemos estar dispuestos a perdonar, pero no es posible perdonar a la persona que no quiere ser perdonada. Luc. 23:34, Jesús dijo, "Padre, perdónalos", pero primero ellos tenían que arrepentirse. Mat. 18:26, el primer siervo pidió perdón; también el segundo. Muchas suponen que confiesan pecados con decir, "si tiene algo contra mí" o "si le he ofendido", pero eso no es confesión de nada. Si yo sé que he pecado, debo reconocerlo. Si alguien me convence que he pecado, debo admitirlo. Pero no vale nada decir, "si eso o si aquello".

       ¿Cuántas veces debo perdonar? Estúdiese bien Mat. 18:23-35. Esta parábola no deja en duda lo serio de esta cuestión. ¿Cuántas veces debemos perdonar a otros? Es precisamente la pregunta hecha por Pedro (Mat. 18:21) que ocasionó la parábola. "¿Hasta siete?" "Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete". ¿Por qué perdonar tantas veces? para que Dios perdone a nosotros muchas veces. ¿Queremos poner límite a la misericordia de Dios para con nosotros? Si no, entonces que no pongamos límite a nuestra misericordia hacia otros, "porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir" (Luc. 6:37). Enfáticamente Jesús dice, "perdonad, y seréis perdonados" (Luc. 6:37).  Mat. 6:14, 15, Jesús repite este punto, expresándolo en su forma positiva ("si perdonáis... os perdonará") y en su forma negativa ("mas si no perdonáis ... tampoco vuestro Padre os perdonará").

       ¿Quiere decir que el perdonar a otros es la única condición para que Dios nos perdone? Desde luego que no, pero tal vez sea la condición más crítica por ser la mas descuidada. ¿Cuántos miembros de la iglesia han cerrado la puerta del cielo contra sí mismos por no perdonar a otros sus ofensas?

       Dicen algunos: "le perdono pero jamás me olvidaré". Esto no es perdonar. La persona que guarda rencor y sigue resentida simplemente no perdona. Heb. 8:13 "Y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades". El hijo pródigo no fue restaurado "a medias". Luc. 15:22, "Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies" como prueba de su restauración como hijo. No fue recibido como siervo. No se aceptó provisionalmente. No se sometió a seis meses de disciplina. ¡Se recibió porque se arrepintió y volvió! El no perdonar es como rehusar curar el cáncer o la gangrena, porque la amargura es veneno que perjudica el cuerpo, los nervios, la mente, y sobre todo el alma. Muchas personas urgentemente necesitan la sencilla terapia de limpiar su corazón de resentimientos, odio y malicia. El individuo que no quiere perdonar destruye el puente sobre el cual él mismo tiene que pasar.

       Seamos como Dios en su misericordia y clemencia. Ex. 34:6,7; Sal. 130:7; Isa. 1:18; Luc. 6:35, 36; Efes. 4:32; Col. 3:12, 13.

       Es indispensable que tengamos la disposición que Dios tiene para perdonar. Esta disposición se describe en Gál. 5:22, 23 como el fruto del Espíritu. Los que no quieren perdonar no llevan el fruto del Espíritu, porque todavía son carnales (Gál. 5:19-21). No tienen la mente de Cristo (Fil. 2:5). No han desarrollado el carácter espiritual. Cristo no está formado en ellos (Gál. 4:19). No han sido transformados en la semejanza de El (Rom. 8:29; 2 Cor. 3:18).

       Hay personas que no obedecen al evangelio porque no quieren perdonar a los que les han ofendido. Hay personas en las penitenciarías porque no querían perdonar, sino más bien querían vengarse.

       Abraham Lincoln, destacado y recordado presidente de los Estados Unidos tuvo un oponente llamado Edward Stanton. El Sr. Stanton dijo que Lincoln era un "payaso" y el "gorila original", pero a pesar de tales insultos Lincoln le escogió a Stanton para servir en su gabinete como Secretario de Guerra. Cuando Lincoln fue asesinado, Stanton dijo, "Aquí yace el líder más grande que este país ha conocido".

       -- Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal.  -- Si queremos que Dios nos perdone, debemos querer también abstenernos del pecado, y hacer todo lo posible por no caer en tentación. Debemos cooperar con la oración. Estamos observando que en toda petición que hagamos a Dios, tenemos que poner nuestra parte. Mat. 26:41, "Velad y orad, para que no entréis en tentación".

       ¿Qué significa la palabra "tentación"? Es importante recordar que la palabra peirasmos significa no significa solamente tentación sino también prueba . Las pruebas son buenas y necesarias (Sant. 1:2-3; Rom. 5:3-5; 2 Cor. 12:8-10). Así es que hay pruebas buenas, como también hay tentaciones malas de Satanás.

       Dios no nos tienta, Sant. 1:13. Tentar quiere decir inducir a pecar. Satanás es el tentador. Nos tienta, nos seduce a pecar a través de los malos pensamientos y malos deseos en nuestro corazón (Sant. 1:14). Nadie tiene que pecar. No nacimos con "pecado original", ni "depravados". Adán, y solamente Adán, fue culpado por su pecado. El hombre peca y es culpable por sus pecados (no puede culpar a Dios). Dios no es "socio" de nadie en el pecado. (Adán dijo, "Esta mujer que tú me diste", y desde entonces muchos pecadores quieren culpar a Dios o a otros por sus pecados), pero dice Ezeq. 18:4, 20 que "el alma que pecare, esa morirá".

       Sin embargo, Dios permite que el hombre se someta a pruebas. Muchos textos lo enseñan: Gén. 22:1, "probó Dios a Abraham". Luc. 22:28; Hech. 20:19; 1 Ped. 1:6,7; Sant. 1:2,12. En el ver. 12 La Biblia de las Américas no dice "tentación", sino "prueba"; así se ve que la misma palabra se traduce "tentación" y también "prueba". El contexto indica cuál debe ser.

       Dios permitió que Satanás probara a Job... y a Pedro (Luc. 22:31, "Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo") ... y a Pablo (2 Cor. 12:7, "me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás"). Así es que aunque Dios no nos tienta (no nos seduce a pecar), El sí permite que nosotros seamos probados para nuestro propio bien, porque cuando hayamos resistido la prueba, recibiremos la corona de vida (Sant. 1:12).

       ¿En qué sentido, pues, nos mete Dios en tentación? Dios nos dirige cada día. Somos guiados y cuidados por la providencia de Dios. Nuestra vida está en sus manos. Nuestro "destino" no está en las estrellas (el "horóscopo"). No somos víctimas de buena suerte o mala suerte. Son necesarias las pruebas. Los textos citados arriba (y otros muchos) indican claramente que son muy necesarias las pruebas para nuestro crecimiento y desarrollo espiritual. Son disciplina para nosotros (Heb. 12:5-11). Es por esto que debemos regocijarnos cuando caemos en diversas pruebas (Sant. 1:2; Rom. 5:3, etcétera). "Pero si estáis sin disciplina (pruebas)... entonces sois hijos ilegítimos y no hijos verdaderos" (Heb. 12:8, LBLA).

       Hay salida de cada tentación. 1 Cor. 10:13. Por ejemplo, la salida de la tentación de fornicación es el matrimonio. 1 Cor. 7:2, "pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido".

       Velad y orad. Mat. 26:41, "Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil". Mat. 6:13 debe estudiarse junto con Mat. 26:41, para ver que al pedir la ayuda de Dios, tenemos que poner nuestra parte. El hombre puede entrar en tentación. Muchas veces nosotros mismos nos sometemos a varias tentaciones. Recuérdese Sant. 1:14, que somos tentados cuando somos atraídos y seducidos por nuestros propios deseos malos (pasiones). 1 Cor. 7:5, "No os neguéis (sexualmente) el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia".

       La petición, "no nos metas en tentación" significa, pues, de que Dios no nos meta en circunstancias demasiado difíciles para nosotros, y que siempre nos provea la salida de la tentación (1 Cor. 10:13), y la fuerza necesaria para soportar toda prueba. Entendemos que las pruebas son necesarias, pero al mismo tiempo no queremos ser probados más allá de nuestra capacidad. Significa que pedimos a Dios que en su dirección divina no nos deje tropezar o caer; que en su dirección no nos deje formar alianzas pecaminosas (2 Cor. 6:14-16); que nos ayude a huir de la idolatría (1 Cor. 6:14), de la fornicación (1 Cor. 6:18) de los deseos juveniles (2 Tim. 2:22), y de toda la corrupción que hay en el mundo (2 Ped. 1:4). Esta petición es semejante a la petición por buena salud. "Señor, ayúdame y protégeme de accidentes y de enfermedades, para que pueda ser bueno y sano". Entonces después de orar así, hagamos todo lo posible por evitar accidentes y enfermedades. ¡Tenemos que cooperar con las oraciones!

       -- mas líbranos del mal. --  Cristo tiene poder sobre Satanás y nos puede librar. Cristo echó fuera demonios para demostrar su poder sobre Satanás. Mat. 12:28, "si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios". Luc. 10:18, "Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo". Heb. 2:14, 15 nos libra de aquél que tenía el imperio de la muerte. Col. 1:13, "nos ha librado de la potestad de las tinieblas". El Señor libró a Pablo varias veces, 2 Tim. 3:11; 4:18.

       Pero otra vez, recordemos que debemos cooperar con la oración. No conviene deliberadamente meternos en tentaciones, y luego esperar que Dios nos libre. Muchas tentaciones nos rodean todos los días: en el trabajo, en actividades sociales, en la escuela, y aun entre familiares. Hay persecuciones. Somos engañados por las riquezas. Siempre hay peligro de estar afanosos. Por lo tanto, el cristiano tiene que estar alerta a cada momento. "Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil" (Mat. 26:41).

       Debemos de todo corazón confiar en Dios. Si somos sinceros, y pedimos con fe, El nos librará de todo mal.

       11:5  Les dijo también: ¿Quién de vosotros que tenga un amigo, va a él a medianoche y le dice: Amigo, préstame tres panes,  6  porque un amigo mío ha venido a mí de viaje, y no tengo qué ponerle delante;  7  y aquél, respondiendo desde adentro, le dice: No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y dártelos?  8  Os digo, que aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, sin embargo por su importunidad se levantará y le dará todo lo que necesite. – Luc. 18:1-8 narra una parábola gemela, las dos enseñando la necesidad de la persistencia (importunidad) al orar a Dios. Luc. 18:1, “  También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar”. 1 Tes. 5:17, “orad sin cesar”.

       El amigo a medianoche. Probablemente el amigo que llegó a medianoche viajaba de noche para escapar el calor del sol. Su llegada no era nada esperada. No había comida en la casa, pero la hospitalidad era y es sagrada; los más pobres comparten su pan con huéspedes. Entonces ¿qué hacer? Ir con el amigo vecino para pedirle pan, pero éste responde, “No me molestes”. Muchas casas eran de un solo cuarto que estaba todo oscuro, los niños dormían en el piso, se batallaba aun para abrir la puerta. Si se levantaba tendría que buscar una antorcha y algo con que prenderla, despertaría a los niños y algunos estarían llorando. En fin, sería mucha molestia.

       Pero el caso era urgente. La hospitalidad es sagrada. No podría volver avergonzado a casa con manos vacías. Tenía que obtener pan. No podía ser tímido. Por eso, persistió. Seguía golpeando la puerta hasta que su “amigo” le diera pan.

       ¿Cuál es la lección para nosotros? El vecino dormido no quería ser molestado pero al hablar de Dios, dice el Salmo 121:3, “Ni se dormirá el que te guarda.  4  He aquí, no se adormecerá ni dormirá  El que guarda a Israel”. Sal. 34:15, “Los ojos de Jehová están sobre los justos,  Y atentos sus oídos al clamor de ellos” (1 Ped. 3:12). Rom. 8:32, “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?”

       El juez injusto y la viuda. Este juez no temía ni a Dios ni al hombre; era hombre de corazón duro, empedernido. A él no le importaba lo que la gente pensara de él. La viuda se presenta en la Biblia como digna de mucha compasión, pues era pobre, indefensa, destituida, víctima de toda clase de injusticia (Mar. 12:40). La ley de Moisés requería que el pueblo de Israel se preocupara por ellas (Ex. 22:22; Deut. 10:18).También la ley de Cristo (1 Tim. 5; Sant. 1:27).

       Había tres maneras de tratar con esta clase de juez: el soborno, el intimidar o el rogar. La viuda no podía utilizar los primeros dos medios; le quedaba solamente el rogar como su único recurso y lo practicó al máximo. Lo hizo porque estaba desesperada. Imagínese el cuadro: le rogaba dondequiera que lo encontrara, en el tribunal, en el camino, en reuniones sociales o en su casa. El simplemente no la podía escapar.

       Por último, y para su propio bien, para encontrar alivio para sí mismo, le concedió lo que le pedía, porque esto fue el único medio de escapar de su persistencia en molestarlo. “Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre,  5  sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia”.

       En estas parábolas Jesús razona desde lo menor a lo mayor, desde lo peor a lo mayor. Si aun los hombres más malos – un “amigo” que no se portaba como amigo, o un juez de corazón duro -- saben dar cosas buenas a otros, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan? (Mat. 7:11, “¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?”)

       ¿Qué significan estas parábolas? ¿Qué lecciones contienen para nosotros? ¿Qué implica la persistencia enseñada en estas parábolas?

       1. Que la fe es indispensable, Sant. 1:6, “Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra.  7  No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor.  8  El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos”. Dios no escucha a los de doble ánimo, los fluctuantes, los formalistas, los que oran nada más con los labios. Al persistir en la oración la fe crece, se hace más fuerte.

       2. Que somos totalmente dependientes de Dios. Que no seamos como el fariseo de Luc. 18:9-14, que no pedía nada. No pidió nada porque no sintió la necesidad de pedir nada. No se creía dependiente de Dios. Era autosuficiente porque era muy “justo” (daba diezmos, ayunaba, etc.)

        La oración es el derramar la necesidad humana delante del trono de Dios, la expresión de nuestra pobreza e insuficiencia delante de Dios. Significa que no confiamos en nosotros mismos (nuestra sabiduría, nuestros talentos, nuestra preparación académica, nuestra fuerza física, etc.), ni en los familiares y amigos, ni en posesiones materiales, etc. sino solamente en Dios.

       Al adorar a Dios, nuestra oración indica que estamos conscientes de su grandeza, su soberanía, que es el único Dios vivo y que es el Creador del universo, que es digno de ser alabado y exaltado. Al meditar en la perfecta santidad de Dios, nuestra oración refleja que estamos conscientes de nuestra pobreza espiritual. Al interceder por otros, la persistencia indica nuestro amor sincero por otros, sean hermanos o inconversos. Al dar gracias indicamos que estamos conscientes que verdaderamente toda bendición proviene de la mano de Dios (Sant. 1:17).

        Cuando persistimos en la oración la humildad y el espíritu de dependencia crecen, se profundizan, se perfeccionan.

       3. Que somos sinceros. Que en realidad queremos lo que pedimos. Que la oración no sea una mera formalidad, una rutina, un recurso de emergencia. Dios no puede ser burlado. No debemos pedir lo que sinceramente queremos. Si queremos que Dios nos oiga, tenemos que ser como el niño que pide bicicleta. No pide una sola vez y luego calla. Pide y pide y pide hasta que por fin su papá diga, “Oh, yo creo que este muchacho de veras quiere una bicicleta”.            

       Al persistir en la oración nuestros propósitos se clarifican. Qué es lo que en realidad queremos en esta vida. ¿Cuáles son las cosas verdaderamente importantes?  

       4. Que la mera repetición de alguna oración no vale. Si uno repite el “Padre nuestro” tres o cinco veces, ¿estará pidiendo algo de todo corazón o simplemente cumpliendo con un mandamiento?

       5. Que al pedir algo con intensidad y persistencia nosotros haremos nuestra parte para obtener lo que queremos. Pedimos el pan de cada día (Luc. 11:3) y luego con la misma sinceridad trabajamos para obtener el pan (Efes. 4:28; 1 Tes. 4:11). Oramos fervientemente por los enfermos y al mismo tiempo les ayudamos para que aprovechen toda ayuda posible de doctores, hospitales, etc.

Debemos orar fervientemente por los perdidos (Rom. 10:1) y luego con la misma intensidad y persistencia trabajaremos para convertirles.

       6. Que Dios se puede comparar con aquel que no quería dar pan solamente si los que pedimos pan o perdón o cualquier cosa no pedimos de todo corazón, de la misma manera que el señor de la parábola pidió pan a media noche. Y se puede comparar con el juez injusto solamente en el sentido de que no nos hará caso a menos que pidamos con la misma insistencia de la viuda que pidió justicia. Es decir, Dios será indiferente también si los que pedimos no lo hacemos con toda sinceridad y persistencia. Estas palabras enseñan que ni siquiera debemos molestar a Dios si no hacemos nuestras peticiones de todo corazón. Prov. 28:9  El que aparta su oído para no oír la ley,  Su oración también es abominable”. Y se puede agregar a esto que Dios aparta su oído de los que no le piden con fe y toda sinceridad.

       Algunos ejemplos de la persistencia en orar: Abraham (Gén. 18:23-32, persistió en su intercesión por Sodoma. V. 26, “Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a todo este lugar por amor a ellos”. Pero luego en su intercesión Abraham baja el número de justos a 45, a 40, a 30, a 20, y por fin hasta 10.) Cristo (Mat. 26:36-44, oró las mismas palabras en Getsemaní). Pablo (2 Cor. 12:7-10, pidió tres veces que Dios quitara el aguijón en su carne). También recuérdese cómo Jacob luchó con el ángel hasta que le diera la bendición que quería (Gén. 32:26, “No te dejaré, si no me bendices”.)

       11:9  Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.  10  Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. – En este texto Jesús nos enseña cómo orar. Ahora insiste en que aprovechemos este gran privilegio. Jesús no dice "rezar", sino "pedid". Hay mucha diferencia entre el rezar y el orar. No hay virtud alguna en recitar o leer oraciones. Lo que agrada a Dios es el pedir, buscar y llamar. La ley de Cristo contiene enseñanzas bien difíciles para nosotros a menos que nuestro corazón esté completamente sumiso a la voluntad de Dios. Es necesario que haya cambio de corazón y de vida. ¿Cómo es posible hacer estos cambios? "Pedid ... buscad ... llamad". Debemos llevar todo problema a Dios en oración. Si estamos resueltos a hacer la voluntad de Dios (ver. 21), si estamos resueltos a cooperar con la oración (poner nuestra parte), y si comprendemos que urgentemente necesitamos de la ayuda de Dios, El nos oirá.

       ¿Por qué pedir si no hay milagros ahora? Aun en el primer siglo cuando sí se hacían milagros, muchas peticiones no requerían no esperaban milagros. Por ejemplo: Mat. 9:38; 24:20; Rom. 1:9; 1 Tes. 3:10; Filemón 22; Rom. 10:1.

       I. ¿Qué debemos pedir?

       A. Mat. 6:10, debemos pedir por el reino. En aquel entonces el reino se había acercado (Mat. 3:2; 4:17), y los discípulos de Jesús fueron enseñados a orar, "Venga tu reino". El reino vino (se estableció) en el día de Pentecostés (Hech. 2). Ahora debemos pedir por el reino, de que se extienda por medio de la predicación del evangelio y por la fidelidad de los que se trasladan al reino (Col. 1:13).

       B. Mat. 6:10, debemos pedir, "hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra". Esta petición es semejante a la primera -- la de pedir por el reino -- porque Dios reina sobre los que hacen su voluntad. No conviene decir, "hágase tu voluntad" si no estamos dispuestos a hacer su voluntad. Los únicos que agradan a Dios son los que hacen su voluntad (7:21; 12:50).

       C. Mat. 6:11, "El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy". Esta petición indica que reconocemos nuestra completa dependencia de Dios, y que "él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas" (Hech. 17:25).

       D. Mat. 6:12, "perdónanos nuestras deudas" (pecados, Luc. 11:4). Los "pobres en espíritu" (5:3) reconocen que han pecado y que urgentemente necesitan del perdón de Dios.

       E. Mat. 6:13, "no nos metas en tentación, mas líbranos del mal". Reconocemos que sin la dirección y ayuda de Dios sería imposible andar en el camino angosto. Al mismo tiempo recordamos que Jesús nos dice, "Velad y orad, para que no entréis en tentación" (26:41). En todas estas súplicas ponemos nuestra parte, cooperando con nuestra oración.

       F. Sant. 1:5, "Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada". Pedimos la sabiduría para ayudarnos a resolver los problemas de la vida y para tomar buenas decisiones en todos los asuntos importantes de la vida que afectan la familia, la iglesia, el empleo, etc.

       G. Pedimos muchas otras cosas. También pedimos el consuelo en los tiempos difíciles, pedimos el valor para trabajar eficazmente en su servicio, en fin, pedimos todas aquellas cosas que nos ayudan a crecer y madurar en su servicio y ser transformados a la semejanza de Cristo (Rom. 8:29; 2 Cor. 3:18; Gál. 4:19).

       II. "Porque todo aquel que pide, recibe".

       A. ¿Promete Jesús que todos los que piden recibirán incondicionalmente lo que piden? Desde luego que no, porque hay varios requisitos para que nuestra oración sea aceptable ante los ojos de Dios. Compárese Hech. 16:31, "Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa". Los evangélicos citan este texto y dicen que el creer es la única condición o requisito de la salvación, pero no es cierto como el ver. 34 hace claro, porque esa misma hora de la noche fueron bautizados el carcelero y su casa. El que pide y el que cree deben cumplir con los requisitos (mandamientos) de Dios.

       B. Por ejemplo, Sant. 1:5 dice, "Pero pida con fe, no dudando nada". El pedir solo no logra nada (como la fe sola no logra nada, Sant. 2:24, 26).

       C. Mat. 5:6, Jesús dice, "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados". Si alguien pide algo pero no tiene hambre y sed de justicia, Dios no oirá su oración (no serán "saciados). Dios no acepta la insinceridad; no quiere oraciones que no son del corazón, sino simplemente de la boca. Los que son de doble ánimo no recibirán nada del Señor (Sant. 1:7, 8). Por eso decimos que Jesús no promete que todos los que piden algo lo recibirán incondicionalmente.

       D. Sant. 4:3, "Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites". El egoísmo destruye la eficacia de la oración.

       E. 1 Juan 3:22, "Y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él". 1 Juan 5:14, "Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye".

       III. ¿Qué implica la palabra "pedir"?

       A. Indica que el orar no es un rito o ceremonia (no es rezar), sino es "pedir", en el sentido ordinario de la palabra.

       B. Implica que somos dependientes de Dios, que estamos necesitados de sus bendiciones y favores. "Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia" (Prov. 3:5). ¿Qué pidió el fariseo de Luc. 8:11, 12? No pidió nada y no dio gracias, sino que solamente quería hablar de su propia "justicia".

       C. Implica que no confiamos en cosas materiales (Mat. 6:19-34), sino en la providencia de Dios. Pedimos a Dios en lugar de confiar en lo que tengamos o en lo que podamos hacer. Los que no conocen a Dios confían en varias cosas: la educación, la preparación para algún oficio o profesión, las inversiones, los ahorros, las posesiones, la buena salud, la fuerza física, en el poder político o financiero, la popularidad con la gente, etc.

       D. El "pedir" implica la humildad y sinceridad.

       E. Implica comunión con Dios, porque pedimos como hijos de Dios y El nos oye y ayuda como nuestro Padre.

Continúa

 
 

A la segunda parte

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