LUCAS 3

 
 

PREDICACIÓN DE JUAN EL BAUTIZADOR

3:1 En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, -- Lucas explica exactamente cuándo Juan empezó su ministerio. Cuando se reporta algún evento importante es necesario fijar la fecha, el lugar y otros detalles relevantes. El profeta Daniel dijo (2:44) que el reino del Mesías (Cristo) sería establecido durante el tiempo del cuarto reino mundial (el romano). “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre”.

-- siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea (dos gobernantes que tendrían mucho que ver con Jesús y su obra), y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia, 2 y siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, -- Nadie puede dudar en cuanto al tiempo del ministerio de Jesús porque de una manera muy precisa y exacta Lucas lo establece en este texto. Nombra tanto los líderes del judaísmo como también los líderes políticos. Estos detalles confirman lo correcto (lo histórico) del relato de Lucas. Si hubiera sido falso (impostor), no habría dado tantos detalles específicos que fácilmente podrían ser investigados. Es como si Lucas hubiera nombrado todos estos oficiales y fechas para animar a Teófilo o a cualquier otro a investigar el asunto por sí mismo.

Anás y Caifás tuvieron mucho que ver con la conspiración contra Jesús (Mat. 26:3; Juan 11:49; 18:13; Hechos 4:6).

-- vino palabra de Dios a Juan, - Este es lenguaje común en los libros proféticos (por ej., Jer. 1:2), porque Juan era profeta. “Mas ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta” (Luc. 7:26). Jesús preguntó a los líderes de los judíos acerca del bautismo de Juan. “El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres?” (Mat. 21:25). Lucas (7:29, 30) explica que el bautismo de Juan era según los designios de Dios. “Y todo el pueblo y los publicanos, cuando lo oyeron, justificaron a Dios, bautizándose con el bautismo de Juan. 30 Mas los fariseos y los intérpretes de la ley desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos, no siendo bautizados por Juan”.

Según Mat. 3:1, Juan era “el bautista”; Mar. 1:4 dice, “el que bautizaba”.

-- hijo de Zacarías (como explicado en el capítulo 1), en el desierto (1:80; Mat. 3:1, “desierto de Judea”; Mar. 1:4). Su mensaje fue, “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mat. 3:2). El ministerio de Juan era sumamente importante, pues él introducía el reino de Dios a los judíos.

3:3 Y él fue por toda la región contigua al Jordán, - Predicaba cerca del Río Jordán, porque allí bautizaba. Juan 3:23, “Juan bautizaba también en Enón, junto a Salim, porque había allí muchas aguas; y venían, y eran bautizados”. Muchísimos predicadores “evangélicos” no necesitan estar cerca de ningún río ni arroyo ni pila de agua, porque dicen que no creen el la “salvación de agua”. El argumento de ellos es con Juan y Cristo.

-- predicando el bautismo - la inmersión o sumersión. Por eso Juan bautizaba en el Río Jordán porque sumergía a la gente. Juan 3:23, “muchas aguas”. No se necesita “muchas aguas” para la aspersión (rociamiento); Hechos 8:38, “descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó”; Mateo 3:16,” Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua”; Rom. 6:4, “somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo”. Los que rechazan la inmersión y practican el rociamiento rechazan estos textos claros revelados por el Espíritu Santo.

Comentaristas sectarios dicen que ya existió el bautismo. Dicen que se bautizaban los prosélitos, como si Juan hubiera adoptado una práctica común. Esto no es cierto. La ley requería lavamientos de personas inmundas (Lev. 14, 15, 16). De estos Heb. 9:10 habla, pero la ley no requería tal cosa para prosélitos. Por la tradición judía esta práctica fue agregada, como el llamado bautizo infantil fue agregado a la práctica bíblica de bautizar a los creyentes penitentes. En realidad el bautismo de prosélitos ni siquiera se menciona hasta el tercer siglo. Varios autores como Josefo hablan de prosélitos pero no hablan del bautismo de ellos (JWM).

-- del arrepentimiento - Significa un cambio radical de corazón que lleva al cambio de vida. Al llegar a su bautismo el pueblo confesaba sus pecados. Esto debería indicar que iban a dejar sus pecados y seguir el camino del Señor. Pablo dice que la tristeza según Dios lleva al arrepentimiento. 2 Cor. 7:10, “Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte”. Aquí precisamente está el problema con muchas “conversiones”. No hay genuino arrepentimiento porque no hay genuina tristeza por los pecados. Cuando alguno llega a Jesús con la tristeza mostrada por la mujer de Lucas 7:44, hay esperanza de una sincera conversión. (“Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos”.) También para los que imitan a Pedro. Mat. 26:75, “Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente”. Pero lamentablemente muchos creen que sus pecados son insignificantes (“veniales” en lugar de “mortales”), y que no requieren mucha tristeza. Parece que algunos creen que sus pecados son más respetables que los de otros y que la iglesia debe sentirse muy agradecida por tenerlos por miembros.

Heb. 1:9, “Has amado la justicia, y aborrecido la maldad”. Rom. 12:9, “Aborreced lo malo, seguid lo bueno”. Esta es la regla infalible a seguir si queremos ser victoriosos sobre el pecado. Debemos imitar a Jesús y aborrecer, odiar, todo pecado, y no solamente unos cuantos como la homosexualidad, borrachera y drogadicción. ¿Cuántos aborrecen el pecado de mirar a una mujer para codiciarla? Algunos hermanos creen que seguramente aun Jesús tenía este problema, porque no creen Heb. 1:9.

Para muchos es difícil arrepentirse porque aceptan el concepto calvinista que “es humano equivocarse y pecar”. Como dice Guillermo Hendriksen (comentando Luc. 3:4-6), “el corazón de la gente, inclinado por naturaleza a todo mal”. Esto implica que el hombre, por ser hombre, es corrupto y tiene que pecar o por lo menos tiene que querer pecar, pero Dios hizo al hombre a su imagen y no lo hizo corrupto. Dios forma el espíritu en el hombre (Zac. 12:1), y no lo forma corrupto.

-- para perdón de pecados, -- eis aphesin hamartion. Mar. 1:4, “Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados”. Hechos 2:37, “Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? 38 Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”. El Sr. A. T. Robertson, comentarista excelente sobre la mayor parte del Nuevo Testamento, dice que el bautismo no es para obtener el perdón de los pecados, sino que es simplemente un símbolo. El cree que en la salvación por la fe sola. Sin embargo, al comentar la misma frase - palabra por palabra, eis aphesin hamartion - en Mateo 26:28 (“porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados”), Robertson dice lo siguiente: “El tenía un concepto muy concreto de su muerte en la cruz, como base del perdón de los pecados. El propósito del derramamiento de su sangre del Nuevo Pacto era precisamente el de remitir (perdonar) pecados” (énfasis agregado). Los que enseñan error nunca son consecuentes. Al comentar un texto contradicen lo que dicen sobre otro texto.

El perdón de los pecados es un pensamiento muy alentador. Compárense Sal. 103:12, “Cuanto está lejos el oriente del occidente, Hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones”; Miq. 7:19, “El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados”; Heb. 8:12, “Porque seré propicio a sus injusticias, Y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades”; Lev. 16:20, “Cuando hubiere acabado de expiar el santuario y el tabernáculo de reunión y el altar, hará traer el macho cabrío vivo; 21 y pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto. 22 Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada; y dejará ir el macho cabrío por el desierto”. Desde luego, no volvería.

3:4 como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías (40:4, 5) que dice: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor; Enderezad sus sendas. 5 Todo valle se rellenará, Y se bajará todo monte y collado; (Sant. 1:9, “El hermano que es de humilde condición, gloríese en su exaltación; 10 pero el que es rico, en su humillación; porque él pasará como la flor de la hierba”); Los caminos torcidos serán enderezados, Y los caminos ásperos allanados; -- Esta profecía de Isaías tenía su aplicación primaria en el retorno de los judíos de Babilonia, pero tenía significado aun más importante con respecto al ministerio de Juan como precursor de Cristo. La figura se basa en la costumbre antigua de preparar el camino para la llegada de algún monarca u otro personaje muy importante. En estos casos el pueblo literalmente enderezaban sendas y caminos torcidos, quitaban piedras del camino, etc. A veces los que sembraban quitaban piedras de sus campos y las echaban en los caminos y sendas. Isa. 62:10, “Pasad, pasad por las puertas; barred el camino al pueblo; allanad, allanad la calzada, quitad las piedras, alzad pendón a los pueblos”.

En este contexto los fariseos y saduceos eran como “montes” que deberían ser bajados, los pecadores y despreciados deberían ser levantados, y los publicanos y soldados enderezados, pero la aplicación es general (JWM).

¡Cómo son torcidos los caminos que llevan al corazón del hombre! El arrepentimiento los endereza. El arrepentimiento quita los obstáculos del camino (en este contexto los obstáculos mencionados en los versículos 10-14) para que uno sea un verdadero hijo de Dios.

3:6 Y verá toda carne (todo el mundo, otra de las varias referencias de Lucas a lo universal del evangelio) la salvación de Dios. - Pero para ver la salvación de Dios es necesario el arrepentimiento, el mensaje central de Juan y también proclamado por Jesús (Mat. 4:17).

3:7 Y decía (tiempo imperfecto, seguía diciéndolo) a las multitudes que salían para ser bautizadas por él: ¡Oh generación de víboras! -- Mat. 3:7-10; 12:34; 23:33; muchos de los líderes de los judíos, los que eran enemigos de Juan, Jesús y los apóstoles estaban llenos de engaño, malicia y “veneno”. La serpiente es emblema del diablo (Gén. 3:1; Apoc. 12:9; 20:2), y Jesús dijo que los líderes rebeldes eran hijos del diablo (Juan 8:44). Dice Luc. 1:80, Juan “estuvo en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel” y seguramente conocía muy bien todas las víboras del desierto. Recuérdese la experiencia de Pablo. Hech. 28:3, “Entonces, habiendo recogido Pablo algunas ramas secas, las echó al fuego; y una víbora, huyendo del calor, se le prendió en la mano”. La figura de víboras es una ilustración muy apropiada. El pecado es puro veneno y es muy contagioso. Los envenenados se dedican a envenenar a otros. Tito 3:3, “Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros”. Satanás es llamado una serpiente (Apoc. 12:9; 20:2).

-- ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? - Juan predicaba la manera de escapar de la ira de Dios, pero los que quisieran aceptar esta salvación tenían que ser sinceros. No deberían pensar que el bautismo que Juan practicaba era un mero rito externo que no afectaría su forma de vida.

Para “huir de la ira venidera” tenemos que huir del pecado. 1 Cor. 6:18, “Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca”; 1 Cor. 10:14, “Por tanto, amados míos, huid de la idolatría”; 2 Tim. 2:22, “Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor”.

3:8 Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento (v. 10-14), -- Los que se someten al bautismo deben entender que no están obedeciendo un mero acto externo sin significado. Es indispensable que haya sincero cambio de corazón (arrepentimiento) con el propósito firme de tener el cambio de vida requerido por el Señor. El arrepentimiento es el cambio de corazón y este cambio lleva a otro, el cambio de vida. Sin estos cambios nadie puede huir de la ira venidera.

-- y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: -- ¡Juan destruye sus excusas aun antes de que pudieran concebirlas, mucho menos hablarlas! El dice que no deben ni siquiera comenzar a pensar tal cosa. Una tienda de comida tuvo problemas con respecto al estacionamiento de los clientes y en un sitio donde llegaban vehículos para cargar y descargar mercancía pusieron un aviso para el público que decía “Ni siquiera piensen en estacionarse aquí”. Es lo que Juan decía y es un consejo excelente para todos, porque si ni siquiera comenzamos a decir dentro de nosotros los pretextos y excusas que comúnmente se hacen, podremos evitar muchos males. No comencéis a decir dentro de vosotros mismos, “no puedo asistir a la reunión porque …”

-- Tenemos a Abraham por padre; (Mat. 3: 9,10; Jn. 8:33) porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras. - Si Dios solamente quisiera tener “miembros” en su iglesia, bien podría levantarlos “aun de estas piedras”, pero El quiere gente arrepentida que lleve fruto de arrepentimiento. El quiere gente cambiada.

3:9 Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa en el fuego. (Mat. 3:10; 7:19). Juan no habla de árboles en general (p. ej., árboles frondosos), sino de árboles frutales, que para mucha gente casi son los únicos de importancia. Juan emplea lenguaje muy vivo. Usa figura tras figura para enfatizar su mensaje. Habla de víboras, árboles, hachas, la correa del calzado, aventador, era y quemar paja. Todas son imágenes bien ilustrativas.

3:10 Y la gente le preguntaba, diciendo: Entonces, ¿qué haremos? (es decir, para llevar fruto digno del arrepentimiento). Que sepamos los fariseos y saduceos no hicieron esta pregunta.

3:11 Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas (la prenda interior), dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo. - Esta enseñanza tiene aplicación amplia. Significa que el hijo de Dios debe ser benévolo. Lucas 6:38, “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir”. Compárese Hech. 4:32, 36, 37. Según esto el primer fruto del arrepentimiento es la benevolencia, el espíritu de compartir. Efes. 4:28, “El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad”. 2 Cor. 8:9, “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos”.

3:12 Vinieron también unos publicanos para ser bautizados, (7:29) y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos? 13 El les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado. - Esto era la tentación más grande para los publicanos. Aunque ellos mismos eran judíos algunos de ellos se aprovechaban de sus hermanos judíos. Eran odiados por los judíos no solamente porque recaudaban los impuestos romanos, sino que también muchos eran fraudulentos (practicaban la extorsión). Compárese la actitud de Zaqueo. Lucas 19:8, “Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado”. Pero es importante observar que Jesús no condena el oficio mismo de recaudar fondos para el gobierno, sino solamente el abuso. Mat. 22:17, “Dinos, pues, qué te parece: ¿Es lícito dar tributo a César, o no? 18 Pero Jesús, conociendo la malicia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? 19 Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario. 20 Entonces les dijo: ¿De quién es esta imagen, y la inscripción? 21 Le dijeron: De César. Y les dijo: Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios”. Rom. 13:1-7, “Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra”.

3:14 También le preguntaron unos soldados (“Algunos de estos soldados actuaban como policía para proteger a los publicanos. Pero frecuentemente eran rudos y crueles” (ATR), diciendo: Y nosotros, ¿que haremos? Y les dijo: o hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; -- No calumniar a nadie para poder quitarle sus propiedades. Siempre había peligro de que los publicanos y soldados abusaran de su autoridad para la ganancia personal. Este es un problema común; por eso, esta enseñanza tiene amplia aplicación:

(1) No solamente soldados sino todos los oficiales del gobierno pueden abusar del pueblo que deberían servir. Muchos oficiales del gobierno se aprovechan de su poder para enriquecerse. El rey David tomó ventaja de Urías porque quería su esposa (2 Sam. 11:4, 11). Salomón cayó en el error de exigir impuestos excesivos para sus propósitos personales (1 Reyes 12:4). Se oye frecuentemente de la “brutalidad policiaco” y no siempre son falsas acusaciones.

(2) Desde la niñez y juventud algunos se aprovechan de otros por tener alguna ventaja sobre los demás (por ser más grandes, más inteligentes, más ricos, etc.)

(3) Líderes religiosos toman ventaja del pueblo. Ezeq. 34:3 denuncia a los pastores de Israel que tomaban ventaja de las ovejas. Pedro dice a los ancianos: 1 Ped. 5:2, “Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; 3 no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey”. Los ancianos son tentados a aprovecharse de su posición. Jesús dijo que los líderes religiosos eran abusivos. Mateo 23:4, “Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas”; Mateo 23:14, “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréis mayor condenación”. Muchos se quejan de las “cargas” impuestas por los sacerdotes católicos, pues cobran por todo servicio, y muchos pastores evangélicos son muy opresivos exigiendo diezmos y ofrendas. Los “testigos del Atalaya” y mormones son esclavos de sistemas religiosos abusivos (se jactan de hacer obra personal porque tocan puertas pero en realidad esto no es voluntario sino obligatorio).

(4) Los más “inteligentes” son a veces abusivos de los menos preparados, aplicándoles epítetos ofensivos.

(5) Los ricos se aprovechan de los pobres. Sant. 2:6, “¿No os oprimen los ricos, y no son ellos los mismos que os arrastran a los tribunales?”

(6) Hay maridos que abusan de sus esposas. Toman ventajas de sus esposas porque son más grandes y fuertes físicamente y también porque en muchos casos las esposas son dependientes de ellos. Muchas esposas sufren mucho abuso para que los hijos tengan los dos padres. Col. 3:19, “Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas”. 1 Ped. 3:7, “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo”.

(7) Hay padres que abusan de sus hijos. Efes. 6:4, “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor”. Los provocan a ira de varias maneras: usar fuerza excesiva al castigarlos; ser injustos hacia ellos; ser parciales; ser inconsecuentes en la disciplina, etc.

(8) También hay hijos que abusan mucho de la bondad de sus padres. Efes. 6:1, “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. 2 Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; 3 para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra”. Recuérdese cómo Lot se aprovechó de la bondad de Abraham (Gén. 13:11).

Los cristianos no solamente no deben tomar ventaja de otros, sino que por el contrario deben ser sufridos. 1 Cor. 6:7, “Así que, por cierto es ya una falta en vosotros que tengáis pleitos entre vosotros mismos. ¿Por qué no sufrís más bien el agravio? ¿Por qué no sufrís más bien el ser defraudados? 8 Pero vosotros cometéis el agravio, y defraudáis, y esto a los hermanos”. Para evitar el mal de abusar de otros debemos obedecer lo que Pablo dice en Rom. 12:3, “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura”, y también en Filipenses 2:3, “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”.

Pablo es buen ejemplo para todos. 2 Cor. 7:2, “Admitidnos: a nadie hemos agraviado, a nadie hemos corrompido, a nadie hemos engañado”. Más bien, Pablo se sacrificaba a sí mismo para el beneficio de los hermanos. El explica en la primera carta a los corintios (cap. 9) los derechos que él tenía como apóstol, pero agrega, “Pero yo de nada de esto me he aprovechado, ni tampoco he escrito esto para que se haga así conmigo”. En la segunda carta (2 Cor. 12:15) dice, “Y yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas, aunque amándoos más, sea amado menos”.

Pablo era un apóstol de Cristo, pero nunca abusó de ese exaltado honor. El dice a los corintios, “de nadie hemos tomado ventaja” (2 Cor. 7:2). El no abusó de su autoridad.

-- y contentaos con vuestro salario. - Buen consejo para todos los obreros. De otro modo pueden caer en varias tentaciones. Tito 2:9, “Exhorta a los siervos (y esto se puede aplicar a todos los obreros) a que se sujeten a sus amos, que agraden en todo, que no sean respondones; 10 no defraudando, sino mostrándose fieles en todo, para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador”. Uno de los frutos del arrepentimiento es el contentamiento, porque esta virtud indica gratitud hacia Dios. ¿Qué tan agradecidos con Dios son los que viven murmurando y quejándose en cuanto a su estado económico? El descontento provoca opresión y violencia.

3:15 Como el pueblo estaba en expectativa, - del advenimiento del Mesías. El yugo de Roma era muy pesada, y la corrupción de los fariseos, escribas, saduceos, sacerdotes y herodianos producían en el pueblo un fuerte deseo y anhelo por la venida del Mesías. Al observar que tan sinceramente anhelaban la venida de Cristo, debemos preguntarnos qué tan ansiosamente estamos esperando la segunda venida de Cristo. ¿Estamos “en expectativa” como aquellos judíos del primer siglo antes de venir Cristo la primera vez? 2 Tim. 4:8, “Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida”. Apoc. 22:20, “El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús”.

Jesús describe la condición de los que no aman su venida. Mat. 24:37, “Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. 38 Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, 39 y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre”.

Pablo dice que la venida de Cristo será para los no preparados como los dolores de parto. 1 Tes. 5:1, “Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba. 2 Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; 3 que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán. 4 Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón. 5 Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas”. Los hijos de luz están “en expectativa” de la venida del Señor y cuando venga no estarán llenos de terror; más bien, anhelan su venida. Están listos, preparados, sabiendo que les espera la corona de vida.

Todos pueden medir su fe y esperanza con este pensamiento: ¿En verdad amamos la venida del Señor y estamos “en expectativa” de su retorno? ¿o estamos pensando “ojalá que no venga ahora porque todavía no estoy preparado”?

-- preguntándose todos en sus corazones si acaso Juan sería el Cristo, -- Compárese Juan 1:19-34. Juan llevaba a cabo una gran reformación. Llevaba una vida consagrada y predicaba un mensaje fuerte y exigente. Por eso, algunos creían que aunque no hacía milagros tal vez él era el Cristo. Jesús habló de la “restauración” efectuada por Juan. Mat. 17:11, “Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas. 12 Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos. 13 Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista”.

3:16 respondió Juan, diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, -- Malaquías 3:1, “He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el mensajero (ángel) del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos”. Malaquías conecta estrechamente la venida de Juan y la de Jesús.

-- de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado (sandalias); -- El desatar la correa de las sandalias del huésped era el trabajo del más humilde siervo; por eso, el lenguaje de Juan dice, “Yo no soy digno ni siquiera de ser el siervo de Jesús”. Mat. 3:13, “Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. 14 Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?” En esta ocasión Juan otra vez se humilla delante de Jesús.

Estos textos revelan otra marca de la grandeza de Juan, la humildad. Entendía y aceptaba su lugar subordinado en el plan de Dios. “Nada es más conmovedor ni más instructivo que la profunda humildad, el renunciamiento absoluto con los que rehusó Juan para sí mismo la confianza y los homenajes del pueblo, a fin de llevarlos por completo hacia Aquel que anunciaba como el Salvador del mundo” (B-S).

-- él os bautizará en Espíritu Santo - Joel 2:28, “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. 29 Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días”. Antes de ascender al cielo Jesús dijo a los apóstoles, “Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días” (Hech. 1:5). Diez días después, el día de Pentecostés, se cumplió esta profecía (Hech. 2:1-4) y Pedro lo explicó diciendo “Mas esto es lo dicho por el profeta Joel” (Hech. 2:16). Hech. 11:16, “Entonces me acordé de lo dicho por el Señor, cuando dijo: Juan ciertamente bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo. 17 Si Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios?” En estos textos la Biblia misma usa la palabra “bautizar” con respecto al Espíritu Santo; de esta manera tenemos la explicación bíblica de esta promesa de Juan.

y fuego. - Puesto que los apóstoles fueron bautizados en el Espíritu Santo el día de Pentecostés, muchos conectan este fuego con Hech. 2:3, “y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos”, pero el “fuego” de Luc. 3:16 debe ser explicado en su contexto. Según el ver. 9 Juan dice, “Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa en el fuego”, y luego en el ver. 17 otra vez habla del fuego del castigo. Por eso, el “fuego” de este texto se refiere al castigo eterno en el infierno.

3:17 Su aventador está en su mano (listo para ser usado), y limpiará su era (recogiendo la paja), y recogerá el trigo en su granero,- De todas las descripciones de Dios en la toda la Biblia la más común es la de Juez. Juan emplea una ilustración bien conocida por el pueblo. Las gavillas de grano son trilladas por bueyes para separar el grano de los tallos. Con aventador (horqueta o pala) se avienta al aire para que el viento lleve el tamo y el grano se cae sobre la era para ser llevado al granero.

-- y quemará la paja (Sal. 1:4; Mal. 4:1; después del juicio nunca se mezclará la paja con el trigo) en fuego que nunca se apagará. - Mar. 9:43, “Si tu mano te fuere ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado, 44 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga”. Apoc. 14:11, “y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche”.

Muchos textos hablan del castigo en fuego. Mat. 5:22; 10:28; 13:42; 25:41; Mar. 9:43-48; Luc. 16:24; 2 Tes. 1:8; Apoc. 20:14; 21:8.

Los testigos de El Atalaya y otros materialistas y modernistas niegan la realidad del castigo en fuego. Enseñan que los malos serán “aniquilados” o que habrá otra oportunidad para ellos, o alguna forma de “purgatorio” para que después de algún tiempo de sufrimiento los condenados serán restaurados, pero es imposible armonizar tales conceptos con lo que dicen Juan, Jesús y los apóstoles. Por lo tanto, en lugar de negar esta verdad nos conviene aprovechar la salvación que Cristo nos trajo para escapar de la ira de Dios. Los testigos de El Atalaya hacen burla de la doctrina de Cristo diciendo que el hombre no permite la tortura de un perro y, por eso, razonan que sería imposible que el Dios de amor y misericordia permitiera la tortura de los seres humanos en el infierno. Sin embargo, recuérdese que los que hablan así no conocen a Dios. Hablan constantemente de “Jehová” pero no conocen a Jehová y blasfeman contra Cristo, enseñando que El es una “cosa” creada (véase su “traducción” de Col. 1:16, 17, 20). Ellos creen en dos “dioses” (Juan 1:1). Si hablan así de Cristo, ¿qué se espera cuando hablan de la doctrina de Cristo? No entienden el evangelio. No saben lo que es gracia y misericordia. Tampoco toman en serio el pecado. No entienden que el pecado debe ser castigado, y que si el hombre rechaza a Cristo y el evangelio, entonces todavía sigue bajo la ira de Dios y tendrá que sufrir por sus pecados. Cristo murió en la cruz para que nadie tuviera que sufrir en el infierno, pero el infierno fue preparado para el diablo y sus ángeles (Mat. 25:41, “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles”).

Algunos se consuelan con el pensamiento de que el cuerpo no puede estar quemando sin fin porque el fuego lo consumiría, pero a estos se les olvida que el cuerpo humano “Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual” (1 Cor. 15:44); es decir, el cuerpo que sufrirá eternamente no es este cuerpo físico, sino el cuerpo espiritual que el hombre recibe al resucitar de los muertos. Nos conviene tomar muy en serio la enseñanza de Jesús en Lucas 16:23, “Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. 24 Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama”. No sería nada juicioso acusar a Jesús de exagerar. Lo más indicado es que creamos y tomemos muy en serio sus palabras.

Si los hombres se pudieran convencer de esta doctrina (del dolor eterno en el infierno), de una vez obedecerían al evangelio y llevarían vidas consagradas a Dios. ¿Quién en verdad quiere sufrir tanto en un lugar en el que solamente se oye el “lloro y crujir de dientes” (Mat. 25:30)? ¿Quién en verdad quiere sufrir un dolor interminable? No solamente por horas, o por días, o por años sino para siempre. Los dolores de parto son tremendos pero son pasajeros. En el infierno, sin embargo, el dolor no será pasajero. ¿A qué mujer le gustaría sufrir los dolores de parto eternamente?

Los dolores de una enfermedad terminal (como el cáncer) duran a veces por meses y aun por años, pero ni siquiera esto se puede comparar con el dolor del infierno que nunca termina. Además, en esta vida aun para los dolores más agudos hay medicina fuerte (p. ej., la morfina), pero en el infierno no habrá ningún alivio. Apoc. 14:11, “no tienen reposo de día ni de noche”.

Pero el problema es que muy pocos creen esta doctrina. Aun los cristianos no la dan la importancia que merece, porque una fuerte convicción con respecto al castigo eterno nos motivaría fuertemente para ser más fieles, más apartados del mundo y más activos en la obra el Señor.

Otro sufrimiento horrible será el remordimiento. Al mismo tiempo los que sufren en el infierno estarán recordando que durante la vida tenían muchas oportunidades de obedecer al evangelio. Recordarán las muchas invitaciones que rechazaron. Estarán pensando que hubiera sido posible estar en el cielo sin dolor alguno, sin lágrimas de ninguna clase, gozando la vida eterna. Cuantas veces en esta vida lamentamos algún descuido diciendo “oh, si hubiera hecho tal o cual cosa”, o “si no hubiera hecho tal cosa”. Imagínese la agonía del remordimiento más severo eternamente.

3:18 Con estas y otras muchas exhortaciones anunciaba las buenas nuevas al pueblo. - ¿Predicar el arrepentimiento como lo hizo Juan era predicar buenas nuevas? Sí, porque el arrepentirse es una bendición (un favor) de Dios. Hech. 11:18, “Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!” Otra pregunta: ¿Predicar los juicios de Dios sobre los que no se arrepienten es predicar buenas nuevas? Se incluye enfáticamente en el mensaje del evangelio del Nuevo Testamento, y los que profesan predicar el evangelio sin predicar el castigo del pecado pervierten el evangelio (Gál. 1:8, 9).

 
 

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