LUCAS 8

 
 

 

Lucas 8:1-3, Mujeres que sirven a Jesús

     8:1 Aconteció después, que Jesús iba (una por una, FL) por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, -- Nuestro Señor Jesucristo vino al mundo para salvarnos y para efectuar esta gran salvación vino para morir en la cruz para expiar los pecados del mundo, pero en cuanto a sus actividades diarias durante su ministerio aquí en la tierra es importante enfatizar que el trabajo principal de Jesús era precisamente lo que se describe en este texto: predicar las buenas nuevas del reino de Dios. Esta es la segunda gira por Galilea. Luc. 4:43,44 describe la primera gira. “La oración describe al Salvador cómo recorría el país con objeto de ponerse en contacto lo más completamente posible con la gente, y se aseguraba especialmente de que ninguna ciudad o aldea fuese descuidada. Era como si él no quisiera dejar que ningún alma se quedara sin ser visitada por la luz de la salvación” (GRB).

     Como Jesús recorría toda ciudad y toda aldea de Judea, después les dio a los apóstoles la orden de predicar el evangelio a todas las naciones, Mat. 28:19; Mar. 16:15; Luc. 24:47.

     -- y los doce con él, -- Mar. 3:14, “Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar, 15 y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios”. Compárese Hech. 16:1-3, Pablo encontró a Timoteo, un hermano fiel, en Listra y quiso que él le acompañara. Los apóstoles, Timoteo, Tito y otros fueron entrenados por Jesús y los apóstoles. No se establecieron escuelas para apóstoles y predicadores en el primer siglo. El plan bíblico para entrenar obreros se revela en 2 Timoteo 2:2.

     En seguida vemos otro ejemplo de cómo Lucas enfatiza el papel de la mujer en el servicio de Jesús. En los primeros capítulos da informes amplios sobre Elisabet, la madre de Juan, y sobre María, la madre de Jesús. Lucas es el único autor que habla de Ana, la profetisa.

     8:2 y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades:

     -- María, que se llamaba Magdalena, -- El Nuevo Testamento habla de siete Marías. Esta se llamaba Magdalena porque era de Magdala (“Entonces, despedida la gente (después de alimentar a los cuatro mil), entró en la barca, y vino a la región de Magdala”, Mat 15:39. Algunos han calumniado a María Magdalena, afirmando o insinuando que había sido una mujer mala (como salvada de siete vicios), pero el ser posesionada por espíritus malos no implicaba pecado en ningún sentido. El Nuevo Testamento se refiere a muchos casos de endemoniados, pero ni una sola vez afirma o implica que eso implicaba pecado. Los demonios tomaron posesión de la gente para atormentarles física y mentalmente pero no les hacía pecar. Entraron en ellos sin su permiso.

     Esta es la primera mención de María Magdalena, pero otros textos hablan de ella:

     -- Estuvo presente cuando Jesús fue crucificado: Mat. 27:55 “Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole, 56 entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo”; Mar. 15:40, “También había algunas mujeres mirando de lejos, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé, 41 quienes, cuando él estaba en Galilea, le seguían y le servían; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén; Jn. 19:25, “Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena”.

     -- Estuvo presente cuando Jesús fue sepultado: Mar. 15:47, “Y María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían”.

     -- Estuvo entre los que prepararon especias para preparar el cuerpo de Jesús para ser sepultado: Mar. 16:1, “Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle”.

     -- Jn. 20:1, “El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro. 2 Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto”.

     -- Jesús “apareció primeramente a María Magdalena”: Mar.16:9 “Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios”.

     -- Jn. 20:11-17, ella tenía una conversación muy interesante con Jesús.

     -- Jn. 20:18, “ Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas”.

     -- Véase también Hech. 1:14.

     -- de la que habían salido siete demonios, -- esta es la causa especial de su gratitud. Mar. 16:9, “Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios”. Mat. 12:45, “Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero”. Si un solo demonio podía causar mucha miseria, obviamente la posesión de siete demonios causaba miseria al grado máximo.

     8:3 Juana, mujer de Chuza intendente (mayordomo, LBLA) de Herodes, -- Es mencionada otra vez en Luc. 24:10, “Eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, quienes dijeron estas cosas a los apóstoles”.

     -- y Susana, -- de ella no se sabe más.

     -- y otras muchas que le servían de sus bienes. - de lo que poseían, sus recursos, una ayuda muy práctica. Estas mujeres entendían el principio explicado por Pablo en 1 Cor. 9:11, “Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material?”

     Jesús podía multiplicar panes y peces para la multitud, pero no hizo milagros para su propio beneficio. Estas mujeres mostraban de esta manera su gratitud a Jesús por haber echado fuera espíritus malos y por haberles sanado de sus enfermedades. En el capítulo 7:36-50 leemos de la mujer que mostró su gratitud y gran amor hacia Jesús por haberle perdonado. Cuando Jesús sanó a la suegra de Pedro, “ella se levantó, y les servía” (Mat. 8:14).

     2 Cor. 8:9, “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos”. Mat. 8:19, “Y vino un escriba y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas. 20 Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza”. En esto vemos otro indicio de la gran humildad de Jesús. Era dueño de todo pero aquí en la tierra vivió de la benevolencia de sus discípulos.

     Los apóstoles habían tenido recursos antes de seguir a Jesús. Mateo era un cobrador de impuestos romanos; Pedro, Andrés, Jacobo y Juan eran pescadores. Pero habían dejado todo para seguir a Jesús (Mat. 19:27). Por eso todo el grupo dependía de la ayuda financiera aportada por este grupo de mujeres piadosas.

     Estas mujeres no estaban organizadas en una “Sociedad Misionera Femenina” como supone Robertson. Las iglesias humanas creen que tienen que tener organizaciones para todos (“misioneros”, mujeres, jóvenes, etc.), pero este texto no sugiere ninguna clase de organización. Más bien un grupo de mujeres muy agradecidas “le servían de sus bienes”. Ahora los doce apóstoles acompañan a Jesús.

     Otras mujeres piadosas y serviciales:

     -- María de Betania. Unge a Jesús para su sepultura, Mat. 26:6-13; Mar. 14:3-9; Jn. 12:1-8.

     -- Hech. 9:36, “Había entonces en Jope una discípula llamada Tabita, que traducido quiere decir, Dorcas. Esta abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía. 39 le rodearon todas las viudas, llorando y mostrando las túnicas y los vestidos que Dorcas hacía cuando estaba con ellas”.

     -- Hech. 16:15, hablando de Lidia, “Y cuando fue bautizada, y su familia, nos rogó diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad. Y nos obligó a quedarnos”.

     -- Rom. 16:1, “Os recomiendo además nuestra hermana Febe, la cual es diaconisa (está al servicio) de la iglesia en Cencrea”. En este mismo capítulo Pablo se refiere a varias hermanas que servían: v. 3, Priscila: con su marido Aquila enseñaron a Apolos, Hech. 18:26; una iglesia se reunía en su casa; v. 6, María, “la cual ha trabajado mucho entre vosotros”; v. 12, “Trifena y a Trifosa, las cuales trabajan en el Señor… la amada Pérsida, la cual ha trabajado mucho en el Señor”.

     -- Fil. 4:3, “ayudes a éstas que combatieron juntamente conmigo en el evangelio, con Clemente también y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida”.

     Tales mujeres no son autorizadas para predicar, pero son de las personas más grandes en el reino según Mat. 20:26, “el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, 27 y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; 28 como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”.

     Tales mujeres son las que verdaderamente “profesan piedad”. 1 Tim. 2:9, 10, “Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, 10 sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad” (véase también 1 Ped. 3:1-4).

     Parábola del sembrador (Mat. 13:1-5, 18-23; Mar. 4:1-20)

     ¿Qué es una "parábola"? 'Parabole' denota lit., un poner al lado (relacionado con 'paraballo', arrojar o depositar al lado, comparar). Significa la puesta de una cosa al lado de otra con el propósito de comparar ... Por lo general se usa de un relato algo largo sacado de la naturaleza o de circunstancias humanas, siendo su objeto la enseñanza de una lección espiritual" (WEV). La “parábola” es figura de retórica que es como ventana que ilustra alguna verdad. Es el relato de algún evento común que puede servir como comparación con alguna verdad espiritual. Jesús empleaba muchas parábolas para ilustrar la naturaleza del reino.

     No es "fábula" (véase Jueces 9:14,15). Las fábulas quebrantan las reglas de la naturaleza, dando a los árboles y animales poderes humanos. Las fábulas, aunque sanas como la de Jueces 9:14, 15) no podrían servir el propósito de Jesús, porque tales fábulas enseñan lecciones prácticas pero tienen que ver solamente con relaciones humanas. Las parábolas tratan de nuestras relaciones con Dios; tienen significado celestial y eterno. (Desde luego, hay fábulas que no son sanas; más bien son dañinas, porque substituyen a la verdad, 2 Tim. 4:4).

     No es "alegoría" (véase Gál. 4:21-26), porque cada detalle de una alegoría representa algo o alguien. Es verdad que a veces los elementos particulares de una parábola tienen significado (como en la parábola del sembrador), pero comúnmente cada parábola tiene una sola lección central. Un error que se comete en el uso de las parábolas es el de buscar el significado de cada detalle de la parábola, aunque Jesús no lo haga.

     Es cierto que puede haber en algunas de las parábolas más de una lección. Por ejemplo, la parábola de los talentos (Mateo 25:14-30) tiene que ver con la responsabilidad individual, pero también se refiere claramente al juicio final, de recompensa para los fieles y castigo para los infieles.

     Los detalles o circunstancias de la parábola no necesariamente tienen importancia. Esta regla es importante. En la mayoría de las parábolas las circunstancias no tienen significado. Por ejemplo, Mat. 13:44, el pensamiento principal es el gozo del hombre que halló un tesoro. En seguida, Mat. 13:45,46, habla de la perla de gran precio, y el pensamiento principal es el valor del reino.

     Una parábola es una ilustración basada en eventos comunes, las actividades diarias de la gente. Jesús conoce al hombre, y conocía a la gente de Palestina, todo aspecto y detalle de su vida diaria. Leemos sus parábolas y los hogares de aquel tiempo se nos abren. Vemos una mujer haciendo pan; a otra en la costura; la emergencia de aquel que pide pan a media noche para la visita; los ricos con bodegas llenas; el trabajador que no se atreve a comer hasta que el patrón haya comido. Hay contrastes (p. ej., judíos escogidos y samaritanos aborrecidos). Todo el panorama se presenta: el agricultor arando, el pescador con sus redes, la alegría de los que se recibían en las bodas y la tristeza de los que no podían entrar, el edificador construyendo una torre, la viuda ante el juez pidiendo justicia.

     El propósito de la parábola del sembrador es para enfatizar la necesidad de entender y obedecer la enseñanza de Cristo. Básicamente la parábola del sembrador describe la obra de Cristo, el Principal Sembrador y las cuatro clases de terreno en las que cae la semilla sembrada. Se llama común­mente "la parábola del sembrador", pero el énfasis no está sobre el sembrador, sino sobre las varias clases de terreno. El nombre más correcto de esta parábola sería la parábola de los oyentes. Aunque el sembrador sea Cristo mismo, los resultados dependerán de gran manera de los oyentes mismos. Jesús es el Maestro Perfecto, pero no logró convertir a todo el mundo.

     Las cuatro clases de terreno son cuatro clases de oyentes. La parábola enseña la responsabilidad de oír la palabra, porque por el oír viene la fe (Rom. 10:17). Jesús bien sabía que la semilla no puede germinar y producir en toda clase de corazón humano.

     Multitudes le seguían a veces, pero ¿con qué propósito? Algunos le seguían por curiosidad, algunos buscaban panes y peces, algunos tenían motivos políticos y revolucionarios, y otros eran sinceros.

     En esta parábola Jesús les presenta un retrato de ellos mismos; pone delante de sus ojos el espejo para que puedan ver cómo eran (qué clase de oyentes eran). Les cuenta una historia acerca de ellos mismos y de cómo ellos oyen la palabra. ¿Cómo recibirían su enseñanza? De la misma manera en que los varios terrenos de Judea recibían la semilla del sembrador.

     8:4 Juntándose una gran multitud, y los que de cada ciudad venían a él, les dijo por parábola: 5 El sembrador salió a sembrar su semilla; y mientras sembraba, una parte cayó junto al camino, y fue hollada, y las aves del cielo la comieron. 6 Otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad. 7 Otra parte cayó entre espinos, y los espinos que nacieron juntamente con ella, la ahogaron. 8 Y otra parte cayó en buena tierra, y nació y llevó fruto a ciento por uno.

     -- Hablando estas cosas, decía a gran voz: El que tiene oídos para oír, oiga. - es decir, no solamente oír su voz, sino también entender y aceptar su enseñanza. Sant. 1:21, “Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas”. La expresión “El que tiene oídos para oír” se repite en cada una de las cartas a las iglesias de Asia (Apoc. 2, 3). Significa que cada quien tiene que oír y pensar por sí mismo.

     8: 9 Y sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Qué significa esta parábola?

     8:10 Y él dijo: A vosotros (los discípulos dichosos, Mat. 13:16, 17) os es dado conocer los misterios del reino de Dios; -- los “misterios del reino de Dios” no eran misterios en el sentido de ser místicos y difíciles de entender. Eran “misterios” simplemente porque no se habían revelado antes. Sin embargo, para entender los misterios del reino es necesario escudriñar las Escrituras (Jn. 5:39; Hech. 17:11) y usarlas bien (2 Tim. 2:15; 2 Ped. 3:16).

     -- pero a los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan. -- Isa. 6:9-10, -- Mat. 13:14, “De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis. 15 Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente, Y han cerrado sus ojos; Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y con el corazón entiendan, Y se conviertan, Y yo los sane”. Los “otros” de los cuales Jesús habla aquí, habían oído la misma enseñanza que los discípulos habían oído desde el principio de su ministerio. Habían observado los mismos milagros que los discípulos habían observando. Pero los “otros” veían y oían con ojos cerrados y oídos tapados; es decir, su corazón estaba lleno de prejuicio debido a su concepto erróneo del Mesías y su reino.

     Hay parábolas en el Antiguo Testamento (p. ej., Isa. 5:1-7, la parábola de la viña). Un dicho común entre rabinos judíos era "¿A qué lo compararé?" (Mateo 11:16). Jesús las usaba más que nadie. Ni antes ni después ha habido otro maestro que tanto haya enseñado en parábolas. Marcos 4:33,34, "Con muchas parábolas como estas les hablaba la palabra, conforme a lo que podían oír. Y sin parábolas no les hablaba; aunque a sus discípulos en particular les declaraba todo".

     ¿Por qué habló Jesús en parábolas? (1) Para revelar la verdad. Las parábolas son "ventanas" que dejan entrar la luz. Nos ayudan mucho en nuestro entendimiento de verdades celestiales. Jesús podía "colgar la verdad" sobre las cosas y actividades más comunes para que la veamos y entendamos mejor. Por ejemplo, en este capítulo (Mateo 13) Jesús dice varias veces, "El reino de los cielos es semejante a" y luego sigue la comparación. Jesús habla de "Los misterios del reino de los cielos". La palabra "misterio" se usa en el Nuevo Testamento en un sentido especial. No significa algo misterioso, oscuro y difícil o imposible de entender, sino algo que no se podía saber sin revelación de Dios (1 Cor. 2:9-13; Efes. 3:3-6). Así Jesús explica con parábolas la naturaleza verdadera del reino. Vemos la armonía entre las parábolas de Jesús y las enseñanza apostólica que se registra en los Hechos y en los otros libros del Nuevo Testamento.

     (2) Para conservar la verdad. Las parábolas nos ayudan mucho para recordar la enseñanza. ¿Quién no se acuerda del "Hijo Pródigo" y del “Buen Samaritano”? Es fácil recordar las parábolas. Cada una es una "obra maestra", sin igual en los escritos y discursos de los más destacados autores, filósofos, estadistas, etc. del mundo entero. Los nombres de Sócrates y Platón son muy reconocidos, pero ¿qué enseñaron?

     (3) Para dejar que sus enemigos se juzgaran solos. De esta manera Jesús despertó la conciencia de la gente para que pudiera ver su propia rebeldía. Natán usó este medio (2 Sam. 12:1-7), dejando que David pronunciara su propio castigo por haber adulterado con Betsabé y por haber muerto a Urías. Jesús usó este medio. La parábola de los labradores malvados (Mateo 21:33-46). Dice el v. 45, "Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos". Sin embargo, éstos estaban endurecidos en su rebelión y tales parábolas no les detuvieron en su plan de matar a Jesús.

     (4) Para esconder la verdad, para que los insinceros no la entendieran. En este párrafo Jesús explica uno de los propósitos de las parábolas (compárense Mateo 13:13-15; Marcos 4:10-12). Parece que esto contradice lo que ya se afirmó, pero es cierto. Jesús habló por parábolas para ilustrar la verdad para los sinceros y al mismo tiempo para ocultar la verdad de los insinceros. Siempre ha habido personas insinceras que no quieren la verdad, y no la aceptarán cuando se les presente. Al hablar en parábolas Jesús dejó a éstos en oscuridad.

     -- Viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden. -- Jesús explica por qué les habla por parábolas. Uno de los propósitos principales era para esconder la verdad de los insinceros. Muchos de los judíos de aquel tiempo abusaron de su privilegio de aprender la verdad de Dios. Jesús "a lo suyo (su universo, creado por El) vino, y los suyos (los judíos) no le recibieron" (Jn. 1:11). A consecuencia de esto quedaron aun más confirmados en su desobediencia a pesar de haber escuchado estas enseñanzas divinas. Compárese 2 Cor. 3:15, tenían velo puesto sobre su corazón.

     "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados" (Mateo 5:6). Lamentablemente estos no tenían hambre y sed de justicia. Más bien, tenían sus ojos, oídos y corazones cerrados. Eran como Balaam (Números 22:19) cuando Balac, rey de Moab, ofreció dinero a Balaam para que maldijera a Israel. Dios le dijo, "No vaya con ellos, ni maldigas al pueblo, porque bendito es" (v. 12), pero Balaam dice a los siervos de Balac, "reposéis aquí esta noche, para que sepa qué me vuelve a decir Jehová". No le gustó lo que Dios le dijo y esperaba que cambiara su palabra. 2 Tes. 2:10-12, "no recibieron el amor de la verdad". Este texto nos debe asustar. Pablo dice, "Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira"; es decir, si nosotros no amamos la verdad sobre cualquier asunto, y si queremos creer algo que no es la verdad, estamos en gran peligro de creer una mentira y perder el alma. 2 Tim. 4:3, 4, algunos tienen comezón de oír solamente las cosas que les agraden. Compárese Isa. 30:9,10.

     Los judíos vieron los milagros y oyeron la enseñanza, pero su corazón era perverso. Debido a esto los milagros no produjeron en ellos la fe (Jn. 20:30,31). No valoraban la enseñanza, porque Jesús no enfatizó lo material sino lo espiritual. Jesús es la luz del mundo, pero éstos cerraron sus ojos para no verla.

     Jesús habló en parábolas para que sus enseñanzas fueran más claras y efectivas. El quiere que todos entiendan y se conviertan, pero es imposible entender y recibir el beneficio de Su enseñanza si cerramos los ojos. Es importante recordar que estos judíos ya tenían sus ojos y oídos cerrados antes de oír a Jesús. Llegaron a escucharle con sus ojos y oídos cerrados. Por eso les habló en parábolas. Mostraban mucha hostilidad hacia Jesús (5:30; 6:2, 11; 11:15; Mat. 9:34). El reaccionó a ellos de acuerdo a su reacción a El. "Y no hizo allí (Nazaret) muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos" (Mat. 13:58). Cuando Faraón endureció su corazón, Dios endureció su corazón.

     Los que predicamos y enseñamos la palabra comprendemos perfectamente lo que Jesús dice en este texto. Por más que prediquemos con convicción y fervor, los oyentes a veces se ven congelados en su indiferencia hacia el mensaje. Como dice el comentarista Barclay, "Nuestras palabras se van con el viento; nuestro mensaje choca con la barrera impenetrable de la indiferencia de los hombres". Con estas palabras este autor, siendo modernista, se juzga solo.

     Mateo 13:16, “Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. 17 Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron”. Los discípulos de Jesús son muy bendecidos. Se enriquecieron cada vez más por su buena actitud hacia la verdad, pero los otros se empobrecieron cada vez más por su rebeldía.

     8:11 Esta es, pues, la parábola: La semilla es la palabra de Dios. --Mar. 4:14. Es la única semilla que producirá la planta que nuestro Padre celestial plantó. Es la planta que produce la iglesia de Cristo y lo hace en cualquier siglo en cualquier país. Lo importante, pues, no es una supuesta “sucesión de iglesias”, sino que se siembre en todo siglo y en todo lugar la semilla pura del evangelio de Cristo.

     8:12 Y los de junto al camino son los que oyen, y luego viene el diablo y quita de su corazón la palabra, para que no crean y se salven. -- Estos oyentes son los que permiten que sus corazones sean "pavimentados" (endurecidos) por todos los sucesos y actividades de esta vida. Su vida ha sido fuertemente afectada e influenciada por los asuntos de la vida diaria: el empleo, la familia, los planes, las bodas, los funerales, los crímenes y docenas de otras cosas. Estos tienen corazones desatentos, insensibles, preocupa­dos e indiferentes en cuanto a los asuntos espirituales. Su intelecto está lleno de prejuicio, la conciencia cauterizada y la voluntad perversa. No pone atención a la palabra de Cristo. La mayoría de los judíos y muchos gentiles (por ejemplo, los de Atenas, Hech. 17) eran ejemplos de esta clase de terreno.

     Satanás arrebata la palabra con miles de distracciones. Presenta el error como tan bueno o mejor que la verdad. Presenta ante la atención del hombre toda clase de intereses terrenales, no necesariamente malos en sí, pero demandan la atención y esta clase de corazón no recibe la palabra. Aquí no hay vida alguna.

     El diablo sabe el poder de la palabra de Dios. No quiere que nadie permita que entre en el corazón. No quiere que la gente oiga. Si oye, no quiere que crea. Si cree, no quiere que obedezca. Siempre le anima a posponer la obediencia.

     Así es que la semilla fue "hollada, y las aves del cielo la comieron", v. 5. No hace impresión sobre la mente del oyente.

     ¿Qué se puede hacer para ayudar a los tales? Desde luego, la palabra es muy poderosa (Heb. 4:12; Jer. 23:29). A veces la tribulación prepara el "terreno" para recibir la semilla.

     8:13 Los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; pero éstos no tienen raíces; creen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan. - La semilla cae sobre una capa delgada de tierra sobre la roca sólida, donde no hay humedad. Brota pronto pero no puede echar raíces. Hay vida pero muy momentánea. El punto clave es que PRONTO brota y PRONTO muere. Es cuestión de recibir LUEGO y entonces caer LUEGO. Este es el oyente superficial, emocional, impresionable, impulsivo. Tiene interés pero es interés pasajero. Obedece con gozo pero es gozo pasajero. No obedece por convicción. Oye un sermón conmovedor y obedece. Los amigos obedecen, por eso él también obedece. Tal vez obedece durante una "campaña emocionante" (le gustaron los himnos y los hermanos fueron muy amables, etc.), pero no calculan gastos, 14:25-33. No considera la cruz que debe llevar. No toma en cuenta la oposición que encontrará. Obedece, pero no se acerca a Dios en oración y con lectura bíblica, no es debidamente activo en la iglesia, no se fortifica, no se confirma (Hech. 14:22).

     Vienen persecuciones, tribulaciones, críticas, burlas, pruebas, las cuales deben fortalecerle (Rom. 5:3-5) y acercarlo a Dios, pero más bien le alejan de Dios y le hacen tropezar.

     8:14 La que cayó entre espinos, éstos son los que oyen, pero yéndose, son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y no llevan fruto. -- Los espinos absorben toda la humedad y fertilidad, y ex­cluyen de la planta la luz y el aire; por eso, el creci­miento es retardado e impedido. "El afán de este siglo". Según 12:22-31; Mat. 6:24-34 el afán (1) es innecesario, porque nuestro Padre sabe nuestras necesidades; (2) es prohibido, (3) es vano, porque ¿qué logra el afán? Luc. 10:41; 21:34; Fil. 4:6; 1 Ped. 5:7. La ansiedad indica falta de fe en Dios. Indica una preocupación excesiva por los asuntos de esta vida, y una falta de interés en cosas espirituales. El afán de este siglo no quiere decir vicios, sino una preocupación excesiva por tales asuntos como el empleo, el negocio, la educación, y los problemas ordinarios de la vida.

     "El engaño de las riquezas" es muy peligroso. 1 Tim. 6:9,10; Mar. 10:24. La prosperidad es más peligrosa que la pobreza. Recuérdese Prov. 30:8,9. Muchos hermanos abusan de la "tarjeta plástica", haciendo muchas compras y así comprometiéndose más allá de sus posibili­dades, y luego viene un afán abrumador. Esta práctica bien ilustra el amor al dinero (cosas materiales). Muchos se entrampan con deudas que nunca pueden pagar. Esta práctica es una forma de mentira y de robo, porque prometen pagar lo que no pueden pagar. La avaricia es idolatría (Col. 3:5).

     Sant. 1:8; 4:8, Santiago habla del doble ánimo. Compárense los casos de Balaam, de Lot, de Demas y de otros personajes bíblicos que querían servir a Dios pero también amaban el mundo. Así comenzaron los corintios; obedecieron pero seguían con disensiones, contiendas, celos y toda clase de carnalidad, hasta fornicación (cap. 5). Querían llevar una vida doble.

     8:15 Mas la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia. -- Esta es tierra fértil, limpia (preparada), húmeda, buena, como Samaria (Jn. 4:35-37; Hech. 8:5-12); los 3000 en el día de Pentecostés (Hech. 2:41); el eunuco (Hech. 8:35-39); Saulo de Tarso (Hech. 9:18; 22:16; 26:19); Cornelio (Hech. 10:33,48); Lidia (Hech. 16:13-15); el carcelero (Hech. 16:30-34); los corintios (Hech. 18:10); y los efesios (Hech. 19:1-5). Estos oyen la palabra con toda solicitud (Mar. 12:37; Hech. 17:11), la entienden, la obedecen y llevan fruto. Luc. 8:15, "Son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia". Es el corazón bueno que puede ser conmovido por las grandes verdades del evangelio, y que celosamente las guarda. Oye la palabra atentamente, la estudia, la entiende y la obedece no importa quién la predique, ni con qué motivos la predique, ni quién más la obedezca, ni cuántas ofensas vengan.

     La que cayó en buena tierra no es como la que cayó junto al camino, porque sí entiende. No es que tenga intelecto superior, sino atención superior. No es como la que cayó en la capa delgada de tierra sobre una piedra, porque sí echa raíces y no es vencida por las pruebas de la vida. No es como la que cayó entre espinos, porque evita el afán y el engaño de las cosas materiales. Es la única que lleva fruto, "algunas semillas a ciento por uno, otras a sesenta y otras a treinta". Muchos quieren culpar al "sembrador" (predicador) por el poco fruto que se lleva en la obra, pero Jesús culpa también a los oyentes. La lección es que cada quien debe examinar cuidado­samente su corazón.

     Conclusión. Siempre se debe recordar que la cosecha no depende enteramente de los esfuerzos del sembrador (predicador), porque los resultados dependen de gran manera de la condición del terreno. Las tres clases de terreno que no producen buena cosecha se pueden clasificar como el terreno de indiferencia, el terreno de la superficialidad y el terreno del doble ánimo.

Nada oculto que no haya de ser manifestado (Mar. 4:21-25)

     8:16 Nadie que enciende una luz la cubre con una vasija, ni la pone debajo de la cama, sino que la pone en un candelero para que los que entran vean la luz. - En primer lugar recordamos que Jesús usó esta figura en el Sermón del Monte. Mat. 5:15, “Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. 16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”. Fil. 2:15, “para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo”. 1 Ped. 2:12, “manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras”.

     Los discípulos de Jesús son bien conocidos por los familiares, vecinos, compañeros de trabajo o de escuela, clientes y patrones, mayordo­mos y empresarios, etcétera. La gente se fija en la buena conducta, actitud, y buena voluntad del cristiano. Es algo obvio y sobre­saliente. El cristiano es diferente. No se conforma a las actitudes mundanas (Rom. 12:1,2), sino que es transformado a la se­mejanza de Cristo.

     Nada de discipulado secreto, Jn. 19:38. Si no confesamos a Cristo abierta­mente, si nos avergonzamos de El, somos tinieblas, y nada de luz. Véanse Mat. 10:32, 33 (esta confesión no se limita a una confesión hecha antes de bautizarse en la presencia de cristianos, (véanse Mat. 10:17, 28, 32, 33; Mar. 8:38; Luc. 14:25-35).

     No solamente en el local. También los miembros que limitan sus actividades evangelísticas al sitio de reunión ponen su luz debajo de un almud. Muy pocas personas irán al local para oír el evangelio, sino que es necesario llevarlo a ellos, Mat. 28:19; Mar. 16:15; Hech. 8:4.

     Asociarse con los mundanos. Los que no quieren asociarse con los del mundo, sino solamente con los hermanos, ponen su luz debajo de un almud. Recuérdense Luc. 5:30-32; 15:1, 2, etcétera.

     Pero al comparar el v. 17 con Luc. 12:2, 3, parece que lo que Jesús dice aquí (8:16-18) se aplica a la obra de los apóstoles. Jesús les habló a ellos empleando el lenguaje figurado (parábolas) y limitó su misión a “las ovejas perdidas de la casa de Israel”, pero su ministerio futuro había de ser mucho más extenso (a todas las naciones, Mat. 28:19; Mar. 16:15) y su mensaje sería en palabras claras y literales. A esto Jesús se refiere en Luc. 12:3, “todo lo que habéis dicho en tinieblas a la luz se oirá; y lo que habéis hablado al oído en los aposentos, se proclamará en la azoteas”.

     8:17 Porque nada hay oculto, que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de ser conocido, y de salir a luz. - 12:2, “Porque nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse. 3 Por tanto, todo lo que habéis dicho en tinieblas, a la luz se oirá; y lo que habéis hablado al oído en los aposentos, se proclamará en las azoteas”.

     Mat. 10:26, “Así que, no los temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse. 27 Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas”.

     8:18 Mirad, pues, cómo oís; -- Los apóstoles serían los embajadores de Cristo (2 Cor. 5:20), sus testigos, sus mensajeros. Por eso, era indispensable que oyeran con cuidado la enseñanza de Cristo. Sin embargo, esta enseñanza se puede de manera general. Todos deben tener cuidado cómo oyen. Isa. 40:21, “¿No sabéis? ¿No habéis oído? ¿Nunca os lo han dicho desde el principio? ¿No habéis sido enseñados desde que la tierra se fundó?” Algunos oyen para ser divertidos. Ezeq. 33:31, 32, “ Y vendrán a ti como viene el pueblo, y estarán delante de ti como pueblo mío, y oirán tus palabras, y no las pondrán por obra; antes hacen halagos con sus bocas, y el corazón de ellos anda en pos de su avaricia. 32 Y he aquí que tú eres a ellos como cantor de amores, hermoso de voz y que canta bien; y oirán tus palabras, pero no las pondrán por obra”. Algunos oyen solamente para criticar al orador. Mar. 12:13, “Y le enviaron algunos de los fariseos y de los herodianos, para que le sorprendiesen en alguna palabra”. Pero algunos oyen de buena gana (Mar. 12:37) y con toda solicitud (Hech. 17:11).

     Debemos oír como los de Mar. 12:37 y los de Berea (Hech. 17:11). Oír para ser bendecidos (Mat. 13:16, 17). Oír para tener fe salvadora (Rom. 10:17; Sant. 1:22). Oír para no desviarnos (Heb. 2:1). Oír para no ser rechazados (Mat 10:14). Oír para llevar fruto (Luc. 8:15).

     -- porque a todo el que tiene, se le dará; y a todo el que no tiene, aun lo que piensa tener se le quitará. - Es necesario aprender la enseñanza de Jesús pero también es necesaria ponerla en práctica y enseñarla a otros, pues solamente de esta manera podremos retener lo que hemos aprendido. “En lo espiritual, el permanecer inmóvil es imposible. La persona o gana o pierde; avanza o decae”. (GH).

     Luc. 19:26 “Pues yo os digo que a todo el que tiene, se le dará; mas al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará”. Los apóstoles y otros discípulos de Jesús habían aprendido mucho de sus labios, habiendo seguido con El ya por mucho tiempo, pero ¿qué tanto pondría en práctica? ¿Qué tan activos serían en enseñar a otros? De lo que leemos en Hechos de los Apóstoles vemos que a los apóstoles se les dio mucho más, porque ellos mismos eran fieles y con toda diligencia enseñaban la palabra a otros. Aprovecharon su gran bendición y aunque en medio de persecuciones recibieron grandes bendiciones.

     Rom. 12:6, “De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; 7 o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; 8 el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría”. En este texto, como también en 1 Cor. 12, el apóstol Pablo enseña que todo cristiano tiene su función en el cuerpo de Cristo, y que debe cumplirla con toda diligencia. Nadie debe quejarse de sus pocos talentos. Más bien debe aprovechar lo que tiene y mejorarlo. No todos tienen el talento para dirigir himnos. Si algún hermano tiene ese talento, debe esforzarse para aprender música y el arte de dirigir himnos. No es imposible y vale la pena hacerlo. No todo el mundo tiene talento para predicar y el hermano que crea que sí lo tiene debe “pagar el precio” para prepararse bien para predicar “públicamente y por las casas” y hacer un buen trabajo predicando todo el consejo de Dios (Hech. 20:20, 27).

     1 Tim. 4:14, “No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio. 15 Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. 16 Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren”. El descuidar las bendiciones y responsabilidades que nos da Dios acarrea consecuencias amargas. Mat. 25:30, que sepamos el hombre condenado aquí ni era borracho ni ladrón, sino “inútil” porque no aprovechó su talento. Aunque tuvo un solo talento, su señor esperaba que produjera por lo menos otro.

     2 Tim. 1:6, “Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. 7 Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”.

     Lo que Jesús dice es en realidad un principio práctico de la vida. Si uno aprovecha sus bendiciones (salud, fuerza física y mental, dinero, talentos, empleo o negocio, etc.) todo irá en aumento. Tendrá aun más bendiciones. Por el otro lado, si descuida su salud, su dinero, su empleo o negocio, perderá lo que tenía.

     Dos hombres compran casas pequeñas en el mismo barrio. No valen mucho, pero son adecuadas. El uno cuida su casa, la pinta, la cerca, siembra jardín, etc. y el valor de la propiedad sube; un día la vende y compra casa más grande y mejor. El otro descuida su casa, pensando que es muy pequeña y que no vale la pena cuidarla, descuida ventanas quebradas y puertas golpeadas, deja la casa despintada, y el valor va bajando año tras año. Si quisiera venderla nadie se la compraría, pues ya perdió su valor.

     Lo mismo se puede decir de vehículos, muebles, ropa, herramientas, y todas las demás posesiones de al vida. Muchos hablan de “mala suerte” cuando ellos mismos son la “mala suerte”.

     Cuanto más, pues, se puede aplicar al alma. Si perdemos la salud física por descuidarla, ¿qué pasará si descuidamos el alma?

     Por lo tanto, en lugar de envidiar a otros, en lugar de hacer mil excusas, en lugar de hablar de “mala suerte”, seamos sumamente agradecidos y contentos con Dios por todas sus bendiciones y aprovecharlas al máximo, esforzándonos para que El nos dé más.

La madre y los hermanos de Jesús (Mat. 12:46-50; Mar. 3:31-35)

     8:19 Entonces su madre y sus hermanos vinieron a él; -- Esto se relata en Mar. 3:31. ¿Mar. 3:21 explicará el propósito?

     -- pero no podían llegar hasta él por causa de la multitud. 20 Y se le avisó, diciendo: Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte. 21 El entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen. --

     Los hermanos de Jesús eran hijos de José y María. El clero romano enseña que los "hermanos" de Jesús eran más bien sus "primos", pero no hay razón alguna para afirmar tal cosa. Hay palabra griega para “primos” (anepsios). Dicen que los “hermanos” de Jesús eran sus “primos hermanos” para enseñar la falsa doctrina de "La Virginidad Perpetua de María". No quieren aceptar que José y María tenían matrimonio normal. No hacen caso a Mat. 1:25. Han hecho de María una especie de "diosa" y creen que la idea de "virgen" corresponde mejor a su posición. Pero ¿qué indica el lenguaje del texto? Que eran sus hermanos, hijos de José y María. A menos que haya buena razón para entender la palabra "hermanos" en otro sentido, entonces debe entenderse en su forma natural.

     Obsérvese que estos "hermanos" aparecen con María. ¿Por qué andarían los sobrinos de María con ella? La Biblia no indica que los sobrinos tuvieran alguna causa para andar con ella. ¿Por qué andar con sus sobrinos en lugar de estar con sus propios hijos? Más bien sus hijos andaban con ella. Compárese también Mat. 13:55,56, "¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas? ¿No están todas sus hermanas con nosotros?" Aquí se habla de una familia, de José y María, y de sus hijos. Sería absurdo interpretar la palabra "hermanos" en estos textos como "primos hermanos" y la palabra “hermanas” como “primas hermanas”.

     Los hermanos de Jesús no creyeron en El. En Marcos 3:21, "Cuando lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle; porque decían: 'Está fuera de sí'". Dice la Biblia de las Américas, "sus parientes" (en lugar de "los suyos"). Juan 7:5 dice, "Porque ni aun sus hermanos creían en él". Es lógico afirmar que estos textos se refieren a sus hermanos (hermanastros), hijos de José y María.

     ¿No son importantes las relaciones familiares? Son muy importantes. Para los judíos los lazos familiares eran sagrados, y la ley de Cristo enseña lo mismo, pero ¡las relaciones familiares no deberían nunca interferir con los asuntos del reino de Dios!

     Decir que “María es madre de Dios” es blasfemia. Por muchas razones esta expresión católica es blasfemia. Es blasfemia contra Dios, contra Cristo y contra María misma. María nunca dijo ni hizo nada para elevarse a sí misma. Ella no tiene nada de culpa por esta blasfemia. Es pura invención humana y carnal. María era mujer "bendita" y "bienaventurada" (Luc. 2:42,48) porque Dios la escogió para ser la madre de Jesús. Era mujer piadosa, y la última referencia a ella (Hech. 1:14) nos dice que ella estaba con los fieles discípulos esperando los grandes eventos del día de Pentecostés, pero ella no aspiraba competir con su Hijo. ¿No es cierto que debemos orar a María puesto que Jesús hará mucho caso a las peticiones de ella? La afirmación de que María es una mediadora que escucha oraciones dirigidas a ella para entonces rogar a Jesús es enseñanza humana. En primer lugar es doctrina falsa, no enseñada en las Escrituras. Además insulta a Jesús nuestro único mediador (1 Tim. 2:5). Este mismo texto refuta la teoría. María y sus hijos interrumpen a Jesús y ¿qué hace El? ¿Suspende su obra de enseñar para atender a su madre? Claro que no. Leemos en Juan 2:2-4 que María dijo a Jesús, "No tienen vino. Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer?" (Dijo, literalmente, "¿Mujer, qué a ti y a mí?"). No es en ningún sentido lenguaje falto de respeto, pero sí refuta el dogma católico de que solamente pidiendo algo María Jesús atiende.

     ¿Qué enseña este mismo texto (Luc. 8:19-21) sobre este tema? ¿Qué dijo Jesús? Pregunta, "¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?" ¿Quién puede suponer que Jesús hubiera hablado así a "La Madre de Dios", "La Mediadora del Cielo"? Si Dios hubiera querido presentar a María como la persona a quién debemos dirigir las oraciones, ¿habría hablado así Jesús acerca de ella? La respuesta es muy obvia. Entonces, ¿por qué se supone que debemos orar a ella y que Jesús le hace caso ahora? Si el reino de Jesús hubiera sido de este mundo, es muy probable que El sí habría hecho mucho caso a su madre. La habría recibido como Salomón atendió a su madre (1 Reyes 2:19,20).

Continúa

 
 

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