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LUCAS 8 |
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Continúa Desde luego, Jesús amaba y respetaba a su madre. Luc. 2:41, Jesús estaba sujeto a José y María. Es importante comentar que a Jesús nunca le faltó respeto por su madre. Juan 19:26,27. Aun en la cruz cuando estaba en tanta agonía se preocupó por el cuidado de ella, pero recuérdese bien lo que dice Jesús (Lucas 11:28). En el v. 27 vemos que "una mujer de entre la multitud levantó la voz y le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y los senos que mamaste", pero ¿qué le contestó Jesús? "Y él dijo: Antes bienaventurado los que oyen la palabra de Dios, y la guardan". Por lo tanto, aprovechó la interrupción causada por María y sus hermanos para enseñar una lección importante de que las relaciones espirituales son más importantes que las relaciones familiares. ¿Quiénes constituyen la familia verdadera de Jesús? "¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?" Los hombres dan mucha importancia a la relación familiar. Para muchos es de suma importancia. Todos saben de la importancia de cada miembro de la familia real. Los hijos son príncipes y princesas que siempre deben dar todo honor a su rey padre y a su reina madre. Sin despreciar a su familia, Jesús enseña que hay que dar preferencia a la familia espiritual. "Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos, porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre". Una sola persona es hermano, hermana y madre de Jesús. El no dice que algún discípulo es mi hermano, que alguna discípula es mi hermana, y otra mi madre, sino que cada discípulo(a) es su hermano, hermana y madre. ¿Dónde está el nombre de usted (y el mío) en el v. 50? Espero que esté en la frase "todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos". Para estar en la familia de Jesús tenemos que hacer la voluntad del Padre. Por el otro lado "Ninguno puede venir a mí, si el Padre quien me envió no le trajere" (Jn. 6:44). Jesús es el único camino al Padre (Jn. 14:6). "Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre" (1 Jn. 2:23). "Dad las nuevas a mis hermanos", Mat. 28:10, seguramente hablando, no de sus hermanos carnales, sino de sus discípulos. Sin embargo, es importante comentar que algunos de sus hermanos llegaron a ser sus "hermanos" espirituales, Hech. 1:14; Gál. 1:19 (este Jacobo es Santiago, autor de la epístola de ese nombre; Judas 1, hermano de Jacobo y de Jesús). En este texto hay lecciones prácticas para nosotros. Siempre existe la tentación de dar preferencia a los de la familia física, pero recuérdese Mat. 10:34-39. Gál. 6:10, "hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe". ¿A quiénes debemos dar preferencia? ¿Cuántos hermanos débiles descuidan alguna reunión de la iglesia por atender a los familiares que llegan de visita? Esta práctica es violación clara de esta enseñanza. ¿Qué hacer en ese caso? Invitarles a acompañarles al servicio, y si no quieren, decirles, "Están en su casa, al rato venimos". En una ocasión expliqué esto a un hermano el cual me contestó: "Pero eso es como correrlos". Le contesté: "Entonces usted prefiere ofender a Cristo para no ofender la visita?" ¡Cómo se sienten afligidos los padres cuando sus hijos dejan la religión familiar! Muchos padres y otros familiares ponen mucha presión sobre los que piensen hacerlo. Les quieren avergonzar. Les acusan de ingratos, de no amar a sus padres, y otras cosas peores. Pero es simplemente otro ejemplo del mismo problema: ¿A quién daremos preferencia, a Cristo o a la familia? Sin lugar a dudas, muchos miembros de la iglesia serán perdidos por dejar que padres, hermanos, tíos, primos y otros familiares exijan primer lugar en sus vidas. Es posible que a veces algunos padres y otros lo hacen con buenas intenciones, pero de todas maneras destruyen a sus seres queridos que han obedecido a Cristo. Mat. 8:21,22; 10:37. Hemos ganado una familia grande en Cristo. Muchas personas que obedecen al evangelio son rechazadas por su familia, pero entonces ganan una familia muy grande de hermanos en Cristo, Mar. 10:29,30. Somos parientes de Jesús. ¡Somos su familia! ¡Es un honor tremendo! Jesús no se avergüenza de llamarnos hermanos (Heb. 2:11). Entonces, nunca nos avergoncemos de llamarnos hermanos de El. Jesús calma la tempestad (Mat. 8:23-27; Mar. 4:35-41) 8:22 Aconteció un día, que entró en una barca con sus discípulos, y les dijo: Pasemos al otro lado del lago. Y partieron. -- “Y había con él otras barcas” (Mar. 4:36); por eso, había otros testigos del milagro que iba a hacer. 8:23 Pero mientras navegaban, él se durmió. - Mar. 4:38, “estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal (cojín)”. Aquí se ve la humanidad de Jesús. “Por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo” (Heb. 2:14). No dejó de ser Dios, pero llegó a ser verdadero hombre también. Tuvo hambre (Mat. 4:2) y sed (Jn. 19:28), se cansó (Jn. 4:9), lloró (Jn. 11:35), y aquí vemos que El durmió. (Este es el único texto que habla del dormir de Jesús.) -- Y se desencadenó una tempestad de viento en el lago; y se anegaban y peligraban.- Mat. 8:24, “Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca”; Mar. 4:37, “Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba.” Peligraban porque la barca se llenaba de agua, y el viento la sacudía y azotaba violentamente. 8: 24 Y vinieron a él y le despertaron, -- ¿Cómo pudo Jesús dormir durante la tempestad? Hubiera sido muy difícil dormir con tanto ruido (el viento, las olas, los gritos de los discípulos) y por estar mojándose tanto. En primer lugar, estaba cansado. Es muy razonable creer que El durmió profundamente por estar tan cansado, debido a sus intensas actividades, pero hay otra explicación que se puede mencionar. Durmió en medio de la tormenta porque tenía perfecta paz en su corazón. ¡Qué cuadro tan sublime! ¡Qué contraste entre la violencia de la tormenta y la serenidad del sueño de Jesús! Además, ¡qué buen ejemplo para nosotros! Debemos grabar esta imagen en la mente y nunca borrarla. Esta es la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento (Fil. 4:7). Es la paz que Cristo mismo nos ha dejado (Jn. 14:27). “Tu guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos” (Isa. 26:3, 4). Jesús nos dio en esa ocasión un ejemplo perfecto de esa paz. -- diciendo: ¡Maestro, Maestro, que perecemos! -- “Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! (Mat. 8:25); “Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?” (Mar. 4:38). La única esperanza de la salvación de este peligro era Jesús. Y así es siempre. Cuando las tormentas de la vida nos sacuden y azotan, no hay otra ayuda. Sin Cristo las tempestades de la vida nos dejarían desesperados. Esta experiencia sirvió para fortalecer la fe de ellos. Compárese Jn. 11:4, 14, 15, “me alegro por vosotros, de no haber estado allí, para que creáis”. La muerte de Lázaro fue una prueba severa para María y Marta, pero sirvió para aumentar su fe. Al leer este relato recordamos lo muy humano que eran los apóstoles. Aunque todos sabemos que eran simplemente hombres como nosotros (compárese Sant. 5:17), hay peligro de olvidar esto y hacer de ellos una especie de “semi-dios”. No eran ángeles, sino hombres y tenían mucho que aprender. Eran hombres muy buenos y fieles que habían dejado todo por seguir a Jesús, pero tuvieron que crecer. Estaban en el proceso de entrenamiento. Por este motivo Jesús quería que estuvieran con El (Mar. 3:17). Recuérdese también que este evento sucedió en el principio de su ministerio (Mar. 3:13-19, la elección de los doce; Mar. 4:35-41, Jesús calma la tempestad). Algunos de los apóstoles eran pescadores con mucha experiencia, y estaban acostumbrados a las tormentas, pero parece que esta tempestad era excepcional en su violencia. De todas maneras, estaban atemorizados y desesperados. Ellos tenían fe en Jesús. ¿No indica su lenguaje que ellos creían que El podía hacer algo? Si para ellos El era simplemente un carpintero, ¿Para qué despertar a un carpintero? ¿Qué puede hacer un carpintero para salvar una barca durante una tormenta? Los pescadores sabían mucho más del mar que los carpinteros. Preguntan ¿No tienes cuidado que perecemos?” Si El sí tenía cuidado, ¿qué podía hacer? ¿No indica esta pregunta que tenía confianza de que El pudiera hacer algo? ¿Por qué dijeron “sálvanos’ si no tenían fe en El? -- Despertando él, reprendió al viento y a las olas; y cesaron, y se hizo bonanza. - Jesús es el Creador. No era nada difícil que calmara esta fuerza hostil, porque El es el Creador del mundo (Jn. 1:1-3; Col. 1:16). No era difícil controlar lo que había creado. Con su palabra El creó los elementos naturales, y con su palabra los controló. Los milagros de Jesús se hicieron instantáneamente. Hasta las olas se calmaron inmediatamente. Normalmente cuando los vientos cesan, las olas del mar siguen turbulentos por un tiempo, pero en este caso sobrevino una gran calma. 8:25 Y les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, y se decían unos a otros: ¿Quién es éste, que aun a los vientos y a las aguas manda, y le obedecen? -- “El les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza” (Mat. 8:26). Tenían fe, pero era “poca” fe (Mat. 6:30; 14:31; 16:8). Eso fue el problema que Jesús quería solucionar. Es el mismo problema que tenemos nosotros. Muchos tienen fe pero es “poca fe” y es “débil fe”. Por eso cuando se desencadenan las tormentas de la vida, nos dejan desesperados. El temor es necesario. Es un instinto que Dios nos da para nuestra propia protección, pero el temor excesivo indica poca fe en Dios, y aun la cobardía. Mar. 4:40, “¿Por qué estáis así amedrentados?’ Esta palabra (deilos) significa “cobarde, amedrentado”. La Versión Moderna traduce Mat. 8:26, ‘¿Por qué sois cobardes?” La cobardía es causada por la falta de fe. ¿No valía la presencia de Jesús? El estuvo con ellos en la barca. ¿Creían que Jesús también iba a desaparecer en la tormenta? La duda no razona. Ya sabían que Jesús tenía grandes poderes: sobre la lepra y sobre toda clase de enfermedad, que aun podía sanar de lejos, y que tenía poder sobre los demonios. ¿No eran suficientes estas señales para convencerles? Sí, pero este caso es diferente. Ahora ellos mismos estaban en peligro. Habían visto los milagros que ayudaban a otros, pero los apóstoles no eran leprosos, ni endemoniados, ni aun enfermos, sino que estaban en gran peligro de perder su vida en una tempestad. Creían que Jesús tenia poder sobre la lepra y los vientos y el mar. Jesús habló al mar como si fuera algún monstruo violento. “Enmudece”, literalmente, cerrar la boca con bozal, callarse, enmudecer. Mat. 8:27 Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen? “Entonces temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?” (Mar. 4:41). ‘Temieron’, pero aquí se usa otra palabra. Ya no es el temor de cobardía, sino temor reverencial. Ya se calmó la tempestad y se acabó el peligro. El temor que ahora sienten es aquel temor de reconocer el gran poder de Dios. Reconocían que estaban en ese momento en la presencia de Dios. (Compárese Luc. 5:8, ‘Apártate de mi, Señor, porque soy hombre pecador”; así dijo Pedro cuando encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía”). Los hombres hacen grandes cosas, efectúan grandes cambios, pero ¿quién ha controlado algún huracán o tornado? ¿qué hombre famoso ha podido controlar’ los elementos? Jesús calmó la tempestad, caminó sobre el agua, multiplicó panes y peces, y convirtió el agua en vino. ¿Hasta cuándo harán tales cosas los hombres grandes de la tierra? Nunca habían visto esta clase de milagro y quedaron maravillados. Estaban atemorizados también porque peligraban sus propias vidas. Siempre es más impresionante lo que nos afecta a nosotros personalmente. Según Mat. 14:33, cuando Jesús anduvo sobre el agua, ‘Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: En verdad eres Hijo de Dios”. Estas experiencias lograron el propósito importante de fortalecer la fe de los discípulos. Jesús está con nosotros. Mat.. 28:20, prometió estar siempre con los apóstoles. Compárese Mar.16:20. Siempre estaba con ellos durante su ministerio, y aun ahora está con ellos en la palabra escrita por ellos, pero también está con nosotros durante todas las tormentas de la vida (enfermedades y otras aflicciones, persecución y tribulación, problemas, dificultades, en fin, siempre que seamos sacudidos y azotados por las fuerzas enemigas del alma). “¿No tienes cuidado que perecemos?” Que nunca hagamos esta pregunta, porque Jesús demostró su cuidado por nosotros cuando fue al Calvario. Heb. 2:18; 4:15,16 nos asegura que El tiene cuidado de nosotros. Marcos 6:45-52 registra un evento semejante. El viento les era contrario y Jesús fue a ellos andando sobre el mar. Cuando “se asombraron en gran manera y se maravillaban” Marcos da la siguiente explicación: v. 52, “Porque aún no habían entendido lo de los panes”, refiriéndose al milagro de multiplicar los panes y peces; es decir, si hubieran captado el verdadero significado de ese milagro, de que Cristo era Dios el Creador y Director de todas las cosas (incluyendo los panes y peces), no se habrían asombrado y maravillado cuando El vino andando sobre el agua y calmó los vientos. El endemoniado gadareno (Mat. 8:28-34; Mar. 5:1-20) 8:26 Y arribaron a la tierra de los gadarenos, que está en la ribera opuesta a Galilea. 27 Al llegar él a tierra, vino a su encuentro un hombre (Mateo dice que hubo dos, pero Marcos y Lucas obviamente se refieren solamente al más feroz de los dos, o que los demonios hablaron solamente a través de él) de la ciudad, endemoniado desde hacía mucho tiempo (probablemente años); y no vestía ropa, ni moraba en casa, sino en los sepulcros. - Después de calmar la tempestad, ahora se encuentra con algo más terrible que el rugiente mar, pero como había reprendido al viento y a las olas, también mandaba al espíritu inmundo que saliese del pobre hombre y como hubo bonanza después de la tempestad ahora había calma en el espíritu de este pobre hombre (FLC). Los endemoniados eran personas muy dignas de conmiseración y compasión. No estaban simplemente enfermos, sino que demonios o espíritus inmundos tomaban posesión y control de sus cuerpos para atormentarlos. Les hizo miserables, mentalmente inestables, antisociables, sin dominio propio e incapaz de que otros lo controlaran, en fin, muy atormentados. -- no vestía ropa - Esto indica que por lo menos en algunos casos de la posesión demoníaca había propensión de no llevar ropa. Entonces, ¿están fuera de sí los que no visten ropa? Marcos 5:15 dice que cuando Jesús echó fuera los demonios el hombre estaba “sentado, vestido, y en su juicio cabal”. ¿Están en su juicio cabal los que rehúsan vestirse? 8:28 Este, al ver a Jesús, lanzó un gran grito, y postrándose a sus pies exclamó a gran voz: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? - Este endemoniado tenía la respuesta a la pregunta de los apóstoles, v. 25, “¿Quién es éste, que aun a los vientos y a las aguas manda, y le obedecen?” Este es claramente un encuentro entre Dios y Satanás y Satanás no sólo está siempre muy consciente de que es inferior a Dios, sino que sabe también será totalmente derrotado y destruido por Dios. Por eso, es obvio que los endemoniados tenían conocimiento sobrenatural. Conocían a Jesús; sabían que El era el Hijo de Dios, y así lo confesaban. Como dice Santiago 2:19, “Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan”. Mar. 5:6, “Cuando vio, pues, a Jesús de lejos, corrió, y se arrodilló ante él”. La Biblia habla de los demonios o espíritus inmundos como personas. Hablaban a Jesús y El les hablaba. No leemos de demonios que huyeran de Jesús, pues lo conocían y bien entendían que eso no sería posible; más bien, se acercaban a El para arrodillarse delante de El. Sin embargo, había tendencias de locura en su comportamiento, pues “de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras” (Mar. 5:5). No existe en la actualidad este fenómeno, pues los demonios entraban en la gente sin su permiso, pero Satanás sí entra en la gente con su permiso. Cuando entró en Judas o en Ananías y Safira, lo hizo con su permiso, y sigue haciendo lo mismo ahora. Las personas que permiten que Satanás viva en ellos hacen locuras al igual que los endemoniados del primer siglo; p. ej., ¿cómo hablan los que usan alcohol y otras drogas y los que se entregan a las otras obras de la carne (Gál. 5:19-21). Este fenómeno no existe ahora porque no existen los dones del Espíritu Santo. Había endemoniados aun durante el tiempo de los apóstoles, porque éstos habían recibido poder de Jesús para echarlos fuera. Dios permitió que Satanás tuviera ese poder en aquel entonces para mostrar que Jesús tuvo poder sobre Satanás. Ahora Jesús no está en la tierra y los poderes que dio a los apóstoles y otros cesaron. 1 Cor. 13:8, “El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. 9 Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; 10 mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará”. Obviamente este texto se refiere a la revelación parcial y dice que cuando lo “perfecto” o “completo” llegara, lo que era en parte terminaría. “Lo perfecto” no se refiere a Cristo, pues si se refiera a Cristo, ¿quién sería “lo que es en parte”? Si “lo perfecto” es persona, también tiene que ser persona “lo que es en parte”. Además, Cristo no sería llamado “lo que es perfecto”. Si Pablo hubiera hablado de Cristo habría dicho “El que es perfecto”, pero entonces si hubiera dicho eso, se habría perdido el contraste que presentaba. No, él no habla de Cristo. Más bien, habla de la revelación parcial (esa misma carta era parte de ella) con comparación con la revelación perfecta o completa. Se refiere al completo Nuevo Testamento. La gente habla hoy en día de “endemoniados” pero todos saben que los tales no se pueden comparar con los endemoniados mencionados en el Nuevo Testamento (p. e., el endemoniado de este texto). -- Te ruego que no me atormentes. - Mat. 8:29, “¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo?” Los demonios, enviados por Satanás, sabían lo que les esperaba, pues Satanás y los suyos serán echados al infierno, al fuego eterno, Mat. 25:41; 2 Ped. 2:4; Judas 6. 8:29 (Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre, pues hacía mucho tiempo que se había apoderado de él; y le ataban con cadenas y grillos, pero rompiendo las cadenas, era impelido por el demonio a los desiertos.) -- Más de una vez lo capturaron como si hubiera sido una fiera, atándole con cadenas y grillos, pero siempre les escapaba después de romper las cadenas. Este endemoniado tenía fuerza sobrenatural. No podían ser controlados por la fuerza humana. Mat. 8:28 habla de “dos endemoniados que salían de los sepulcros, feroces en gran manera, tanto que nadie podía pasar por aquel camino”. Mar. 5:4 dice que “nadie le podía dominar”. 8:30 Y le preguntó Jesús, diciendo: ¿Cómo te llamas? - Era importante que este pobre hombre recordara su identidad personal, para distinguirse de los demonios que la poseían; es decir, para que reconociera que él y los poderes malvados que obraban en él no eran lo mismo (EF). -- Y él dijo: Legión (respuesta de los demonios, probablemente indicando un número elevado pero indefinido; literalmente, una legión romana completa estaba compuesta de unos 6.000 soldados). Porque muchos demonios habían entrado en él. - Según esto, A veces había varios demonios en una sola persona. Mar. 16:9; Mat. 12:43. Así fue en este caso. Entonces no estaba poseído de un demonio, sino por un ejército de demonios. ¡Imagínese la profunda miseria de este hombre desdichado! 8:31 Y le rogaban que no los mandase ir al abismo. - Satanás bien sabía que cuando Dios manda, tiene que obedecer y también sabía qué le esperaba, el abismo de tormento eterno. Compárense Apoc. 9:1; 11:7; 17:8; 20:1-3. 8:32 Había allí un hato de muchos (Mar. 5:13, como 2.000) cerdos que pacían en el monte; y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y les dio permiso. - Los demonios querían tomar posesión de cuerpos vivos, aunque fueran cuerpos de animales. 8:33 Y los demonios, salidos del hombre, entraron en los cerdos; y el hato se precipitó por un despeñadero al lago, y se ahogó. - Esto mostró claramente que Jesús había echado fuera los demonios. La petición de los demonios les fue concedida, pero ¿les gustó el resultado? Tengamos cuidado en cuanto a lo que queramos o pidamos. Muchísimas personas, como Eva, Judas, etc., consiguen lo que querían y luego tienen que sufrir las consecuencias. 8:34 Y los que apacentaban los cerdos, cuando vieron lo que había acontecido, huyeron, (nunca en su vida habían visto cosa semejante) y yendo dieron aviso en la ciudad y por los campos. - Eran responsables de los cerdos. Tenían que convencer a sus dueños que ellos no habían descuidado su trabajo y que no habían causado esta pérdida. 8:35 Y salieron (Mat. 8:34, “ Y toda la ciudad salió al encuentro de Jesús) a ver lo que había sucedido; y vinieron a Jesús, y hallaron al hombre de quien habían salido los demonios, sentado (en lugar de estar gritando y lleno de furia como la tempestad que Jesús había calmado) a los pies de Jesús, vestido, y en su cabal juicio; y tuvieron miedo. - 8:25; 8:37; 8:47. He aquí el contraste entre el daño hecho por Satanás a la vida humana y la bendición obrada por Jesús. He aquí el hombre tranquilizado por Jesús. He aquí el hombre civilizado por Jesús (ya lleva ropa). He aquí la obra de Jesús de hacer que la mente humana funcione correctamente (recuerde al hijo pródigo que al arrepentirse “volvió en sí”). He aquí el hombre agradecido, sentado a los pies de Jesús (recuerde el caso de María, Luc. 10:39). 8:36 Y los que lo habían visto, les contaron cómo había sido salvado el endemoniado. - ¡Qué salvación tan grande! Le salvó de una miseria indecible. Sin embargo, Jesús no vino al mundo para simplemente salvar al hombre de esta manera, sino para salvar el alma de una miseria mil veces más terrible, una miseria que no tiene fin. 8:37 Entonces toda la multitud de la región alrededor de los gadarenos le rogó que se marchase de ellos, pues tenían gran temor. - ¿Por qué no aprovecharon la presencia de Jesús para traerle sus enfermos, leprosos y otros endemoniados? ¡Qué pérdida tan tremenda sufrieron! Compárese Jn. 4:40, “Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días”. También veremos esta misma actitud en el v. 41, “le rogaba que entrase en su casa”. En lugar de ser atraídos a Jesús por su misericordia, los gadarenos se alejaban de El por temor de su poder sobre demonios. Así es la reacción de incrédulos, siempre ilógica e insensata. Los apóstoles también se llenaban de temor (v. 25) pero su temor no les alejaba de Jesús. También posiblemente tenían temor de que Jesús hiciera otros milagros semejantes que les causaran daños materiales. Sin duda los dueños de los cerdos eran como los plateros de Efeso que solamente consideraban el estado de sus finanzas (Hech. 19:24-31). La reacción de este pueblo muestra su degradación espiritual. El maravilloso Jesús - su poder para echar fuera demonios y sanar, para enseñar y salvar - solamente provocaba temor (ALA). Tenían miedo de lo que no entendían. No querían perder más propiedad. Para ellos la pérdida de los cerdos era más importante que la sanidad del endemoniado. No se regocijaban por este hombre rescatado de una existencia horrible y miserable, sino que sólo pensaban en su propiedad. No alabaron a Jesús, no le dieron gracias. Más bien, le rogaron que se fuera de sus contornos. Los gadarenos no solamente no recibieron a Jesús; más bien, ¡lo despidieron! Varias veces los judíos trataron de matarlo, pero esta es la única vez que la gente pidió que saliera de su territorio. Salió y que sepamos nunca volvió. ¿Pueden los hombres despedir a Cristo quien es Dios? Sí, lo pueden hacer, y millones lo hacen todos los días. Apoc. 3:20, “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”. Cristo era y es verdadero Dios pero creó al hombre con libre albedrío, y la puerta del corazón humano se abre desde adentro. Jesús no entra a fuerza. Si no le damos entrada, lo estamos despidiendo como lo hicieron estos gadarenos. -- Y Jesús, entrando en la barca, se volvió. 38 Y el hombre de quien habían salido los demonios le rogaba que le dejase estar con él; - En lugar de querer despedirle, éste quería acompañarle. En esto mostraba su gratitud, confianza y amor. También es posible que tuviera temor de que los demonios volvieran (Mat. 12:43-45). -- pero Jesús le despidió, diciendo: 39 Vuélvete a tu casa, -- Este hombre tenía hogar. Tenía familia. ¡Imagínese el gozo de la familia al verle restaurado a ellos! Entonces allí mismo, en “tu casa” debía empezar su obra de evangelización. -- y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. - Mar. 5:19 agrega, “y cómo ha tenido misericordia de ti. 20 Y se fue, y comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas había hecho Jesús con él; y todos se maravillaban”. ¡Cuán grandes cosas! Jesús puede transformar al hombre. Le quiere (y puede) transformar mental, social, espiritual y aun físicamente. En varios textos (p. j., Luc. 5:14) Jesús dijo a los sanados que no contaran el milagro a otros, pero aquí dice al hombre que lo hiciera. ¿Por qué? Este distrito era muy aislado y no habría problema de la fama excesiva que impedía su obra en Galilea y Judea. -- Y él se fue, publicando por toda la ciudad -- Mar. 5:20, “Y se fue, y comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas había hecho Jesús con él; y todos se maravillaban”. Decápolis era la región de diez ciudades. Mar. 7:31-35 relata un milagro hecho en Decápolis. Probablemente éstos ya sabían de Jesús por el testimonio del ex endemoniado gadareno. -- cuán grandes cosas había hecho Jesús con él. - Despidieron a Jesús, pero este hombre se encargó de proclamar la buenas nuevas. Jesús le dijo, “cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo, y él se fue publicando “cuán grandes cosas había hecho Jesús con él”. Al contar lo que Jesús había hecho, él estaba contando lo que Dios había hecho. Luc. 11:24-26 dice un demonio que se había echado, “Volveré a mi casa de donde salí. 25 Y cuando llega, la halla barrida y adornada. 26 Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero”. Pero los que imitan a este hombre gadareno no volverán a su estado de miseria. 8:40 Cuando volvió Jesús, le recibió la multitud con gozo; porque todos le esperaban. - Dondequiera le esperaban, con la excepción de los gadarenos (8:37). La hija de Jairo y la mujer que tocó el manto de Jesús (Mat. 9:18-26; Mar. 5:21-43) 8:41 Entonces vino un varón llamado Jairo, que era principal (oficial) de la sinagoga, -- uno de los oficiales o principales, pues había pluralidad de éstos en cada sinagoga, como debe haber pluralidad de ancianos en cada iglesia (Hech. 14:23; 20:17, 28; Heb. 13:17). Siendo principal o jefe de la sinagoga pertenecía a la clase más alta de la sociedad. -- y postrándose a los pies de Jesús, -- Mat. 2:2,8,11; 8:2; 9:18; 14:33; 15:25; 20:20; 28:9, 17; Jn.9:38; Heb. 1:6. La palabra “postrarse” traduce proskuneo y “significa adorar” (WEV); se traduce “adorar” en Mat. 4:10; Jn. 4:21-24 y otros textos; “le adoró” (Mat. 9:18, LBLA, margen). Esto fue un acto de gran humildad para un oficial de la sinagoga del rango más alto de la sociedad. Indica mucha fe en Cristo. Recuérdese Hech.18:8, “Y Crispo, el principal de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa; y muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados”. -- le rogaba que entrase en su casa; 42 porque tenía una hija única, como de doce años, que se estaba muriendo. - Mar. 5:23, “mi hijita” (LBLA). El caso se pone más serio cuando es “una hija única” o como en el caso del hijo de la viuda de Naín “el único hijo” (7:12) y “el único que tengo”, el muchacho endemoniado (9:38). Recuerde también la parábola de Natán (2 Sam. 12:1sig.) de la única ovejita del hombre pobre. Mat. 9:18, “y se postró ante él, diciendo: Mi hija acaba de morir (el relato de Mateo es más breve; por eso, sólo habla de ella ya muerta); mas ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá”. Este hombre tuvo una fe “grande”, pues creía que Jesús podía levantar a su hija de entre los muertos. La fe del centurión (8:7) dejó una impresión muy favorable sobre Jesús porque no sólo creía que Jesús podía sanar a su siervo, sino que dijo, “no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente dí la palabra, y mi criado sanará” -- Y mientras iba (Mat. 9:19, “le siguió con sus discípulos”), la multitud le oprimía. “Le apretaba” (LBLA). Fue una masa compacta.8:43 Pero - No solamente fue detenido por la multitud, sino que ahora hay otra interrupción. Jesús estaba muy acostumbrado a las interrupciones y siempre mostraba mucha paciencia. Compárense los siguientes casos: 5:17sig., mientras enseñaba abrieron el techo para bajar a un paralítico para ser sanado; Mar. 1:35-37, fue a un lugar desierto para orar, pero lo encontraron diciéndole, “todos te buscan”; Mar. 10:46-48, cuando viajaba (saliendo de Jericó) el ciego Bartimeo pide la vista; y Luc. 8:22-24, la tempestad interrumpió su sueño. -- una mujer que padecía de flujo de sangre (hemorragias) desde hacía doce años, -- Mar. 5:29, el mal de la mujer se llama “azote”, que significa un “látigo por medio del cual se infligía una flagelación; figura enérgica de la aflicción de esa pobre mujer” (B-S). -- y que había gastado en médicos todo cuanto tenía, y por ninguno había podido ser curada, -- Marcos 5:26 dice que “había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor”. ¡Qué caso más triste cuando en lugar de ayudar al paciente los médicos hacen peor la enfermedad! En aquel tiempo no había avanzado mucho la ciencia médica. La enfermedad que tenía la dejaba muy debilitada. 8:44 se le acercó - porque había “oído” de Jesús (Mar. 5:27, “cuando oyó hablar de Jesús”); es decir, que sepamos no había visto ningún milagro, pero como dice el apóstol Pablo (Rom. 10:27), “la fe viene por el oír”. Así fue en el caso de esta mujer. Mat. 9:21, “porque decía dentro de sí: Si tocare solamente su manto seré salva” (Si tan sólo toco su manto, sanaré”, LBLA). ¿Cuál de las dos versiones es la correcta? Las dos porque el verbo sozo quiere decir “sanar” tanto como “salvar”. La palabra sozo se traduce salvar o sanar, porque significa la “liberación material y temporal de peligros, sufrimientos, etc.” y también de “la salvación espiritual y eterna”. En realidad esto nos hace ver más claramente la relación entre los milagros de sanidad que Jesús realizó y la salvación del alma; es decir, Jesús sanó el cuerpo para que la gente creyera que El podía salvar su alma. -- por detrás-- Se acercó a Jesús con mucha timidez porque su enfermedad le hizo inmunda (Lev. 15:26). Esta pobre mujer había perdido su salud, su dinero y su vida social y religiosa. Verdaderamente Jesús era su “última esperanza” (GH). -- y tocó el borde (la franja) de su manto; -- 6:19, “Y toda la gente procuraba tocarle, porque poder salía de él y sanaba a todos”. Sabiendo que era mujer inmunda no pensaba tocar a Jesús porque tal toque lo hubiera hecho inmundo. Confiaba que con el puro toque de la franja de su manto, podría recibir la sanidad. La franja del manto tenía importancia para los judíos por la siguiente razón: Núm. 15:38, “Habla a los hijos de Israel, y diles que se hagan franjas en los bordes de sus vestidos, por sus generaciones; y pongan en cada franja de los bordes un cordón de azul. 39 Y os servirá de franja, para que cuando lo veáis os acordéis de todos los mandamientos de Jehová, para ponerlos por obra”. Es posible que esto hubiera estado en el pensamiento de esta mujer. Ahora no podemos “tocar” a Jesús físicamente, pero la fe sí puede tocarle espiritualmente. Por medio del bautismo (Rom. 6:3,4, bautizados en Cristo, en su muerte). Por medio de la comunión con su cuerpo y su sangre al participar de la cena del Señor cada primer día de la semana (1 Cor. 10:16; 11:23-27; Hech. 20:7). Y, desde luego, por medio de todo el servicio que le rendimos. -- y al instante se detuvo el flujo de su sangre. - Otro milagro hecho instantáneamente. 8:45 Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? - Mar. 5:32, el griego dice, “y miraba en torno suyo para ver a la que esto había hecho” (Interlineal Lacueva). Jesús sabía exactamente quién le había tocado, y “miraba en torno suyo” para verla. Algunos leen esta pregunta como si en realidad Jesús ignorara quién le había tocado, pero compárense las siguientes preguntas: Gén. 3:9, a Adán Dios dice “¿Dónde estás tú?; Gén. 4:9, a Caín le pregunta, “¿Dónde está tu hermano?”; 2 Reyes 5:25, Eliseo pregunta a Giezi, “¿De dónde vienes?” Luc. 17:17, “Y los nueve, ¿dónde están?” Tales preguntas no significan que la persona que pregunta ignoraba la respuesta; más bien había otro propósito. Jesús conocía a esta mujer y conocía también su fe. Quería sanarla, pero era indispensable (1) que ella entendiera que no fue el manto sino Jesús que le sanaba porque El quería hacerlo; (2) que ella diera su testimonio de haber sanado; (3) que la gente se diera cuenta que ella ya no era inmunda y podría ser restaurada a su vida social y religiosa (ya podría entrar libremente en el templo); y (4) recuérdese que los milagros de Jesús eran señales para producir fe (Jn. 20:30, 31), pero no podían hacerlo si eran secretos. Tenían que ser públicos. -- Y negando todos, dijo Pedro y los que con él estaban: Maestro, la multitud te aprieta y oprime (“palabra que se emplea en Diódoro y Josefo de prensar las uvas”, ATR), y dices: ¿Quién es el que me ha tocado? - Jesús no hace esta pregunta para obtener información, sino para dar información (JWM). Hizo esta pregunta para que la mujer ya sanada no saliera pensando que el manto de Jesús tuviera poder para sanar. Ella no fue sanada simplemente por haber tocado el manto de Jesús, sino porque era la voluntad de Jesús sanarla. Jesús sabía de la fe de esta mujer y quería que ella la expresara, como lo hicieron el centurión (7:9), los discípulos (8:25), el ex endemoniado gadareno (8:39), el leproso (17:19), y el ciego de Jericó (18:42). Además, de esta forma, otros verían el resultado de tal demostración de fe. 8:46 Pero Jesús dijo: Alguien me ha tocado; porque yo he conocido que ha salido poder de mí. - Pero el poder que salio de Jesús (6:19) de acuerdo a su voluntad. No salió involuntariamente, ni de manera mágica. 8:47 Entonces, cuando la mujer vio que no había quedado oculta, vino temblando, -- Cualquier otro rabí la hubiera reprendido por haberle tocado. La palabra “vino” indica que ya se iba. Ella había logrado su propósito. Tocó la franja del manto de Jesús y recibió la sanidad, pero oye la palabra de Jesús y reconoce que tiene que responder. -- y postrándose a sus pies, le declaró delante de todo el pueblo por qué causa le había tocado, y cómo al instante había sido sanada. - Dio su testimonio. Esto era mucho mejor para ella, porque de esa manera todos se darían cuenta que ya no era inmunda. También confirmaría el milagro hecho por Jesús. 8:48 Y él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; vé en paz. - Obsérvese que la fe de esta mujer no era una “fe sola” (fe muerta), sino que le motivaba a hacer algo. Jesús conoce el corazón de todos; por eso, sabía que esta mujer tenía fe. Sin embargo, cuando ella solamente tenía fe, no sanó. Más bien, fue sanada cuando su fe fue manifestada en acercarse y tocar el manto de Jesús. 8:49 Estaba hablando aún, cuando vino uno de casa del principal de la sinagoga a decirle: Tu hija ha muerto; no molestes más al Maestro - Esto indica que cuando Jairo salió de su casa su hija no estaba muerta. Obviamente la persona que trajo este mensaje no tenía fe en Jesús. El deja la impresión que Jairo solamente estaba “molestando” a Jesús. Mar. 5:35, “Mientras él aún hablaba, vinieron de casa del principal de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro?” Fue como si dijeran, “¿Para qué molestarle? No puede hacer nada”. 8:50 Oyéndolo Jesús, le respondió: No temas; cree solamente, y será salva. - es decir, seguir creyendo (así el Interlineal de Lacueva lo traduce), no deje de creer. La actitud negativa de los que trajeron el mensaje triste pudiera haber desanimado a Jairo. Hay que tener mucho cuidado de lo que otros digan cuando estamos en medio de alguna aflicción semejante. El mundo está lleno de incredulidad. Sin duda Jairo necesitaba esta palabra de aliento. Primero, la multitud apretaba a Jesús y por esa causa, se requería más tiempo para llegar a la casa de Jairo. Luego Jesús es detenido por la pobre mujer con hemorragias. Ahora le avisan definitivamente que su hijita ya murió. Las palabras de Jesús serían muy alentadoras en ese momento tan difícil. Este es texto predilecto de los que enseñan la doctrina de la salvación por la fe sola, pero este texto no da apoyo a esa falsa doctrina. Jesús no le dijo “cree solamente sin ningún acto de obediencia”; Jairo ya había demostrado en acción física su gran fe en Cristo. Lo que Jesús está diciendo es que Jairo tenía dos opciones: podía creer que Jesús podía resucitar a su hija, o de otro modo, podría simplemente sepultarla con gran dolor en su corazón. Además, el texto no ayuda la doctrina de “salvación por la fe sola”, porque Jairo no solamente tenía fe en Cristo, él lo buscó, se postró delante de El para adorarle y le está llevando a su casa, y si Jesús hubiera requerido otro “acto de fe”, con gozo lo habría hecho. No hubiera rechazado ningún mandamiento, ni hubiera demorado en llevarlo a cabo y al hacerlo nunca hubiera pensado que estaba mereciendo el gran favor que le hizo Jesús. 8:51 Entrando en la casa, no dejó entrar a nadie consigo, sino a Pedro, a Jacobo, a Juan, y al padre y a la madre de la niña. - Seguramente la gente pensaba (y tal vez decía), “Y éste, ¿por qué vino ahora? ¿qué piensa hacer? ¿No sabe que la niña está muerta?” Pero Jesús sí llegó y entró con el propósito de devolver la hijita de Jairo a su familia. En tres ocasiones llevó a estos tres para acompañarle y ser testigos: 1) en esta ocasión; 2) cuando Jesús fue transfigurado (Luc. 9:28-36); y 3) en el huerto de Getsemaní (Mat. 26:37). 8:52 Y lloraban todos y hacían lamentación por ella. - Dice Mat. 9:23 que tocaban flautas, y la gente hacía alboroto. Aun la gente más pobre ocupaba a mujeres (lloronas profesionales llamadas plañideras) para acompañar llorando en los entierros. Jer. 9:17, “Así dice Jehová de los ejércitos: Considerad, y llamad plañideras que vengan; buscad a las hábiles en su oficio; 18 y dense prisa, y levanten llanto por nosotros, y desháganse nuestros ojos en lágrimas, y nuestros párpados se destilen en aguas” (véase también Amós 5:16). -- Pero él dijo: No lloréis (1 Tes. 4:13); no está muerta, sino que duerme. -- Al decir que la niña no estaba muerta sino dormida Jesús dio hincapié a la naturaleza verdadera de la muerte; es decir, no es el fin, sino un período breve de transición de un estado a otro de nuestra existencia, y enfatiza la certeza de la resurrección. (Desde luego, en realidad estaba muerta, 9:18; Luc. 8:53, y cuando Jesús dijo, “la niña no está muerta, sino duerme,” sin duda esto causó que la gente afirmara que sí estaba muerta). Dan. 12:2, “Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua”; 1 Tes. 5:10, “quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él”; véanse también Jn. 11:11, 14; Hech. 7:60; 1 Cor. 15:6; 1 Tes. 4:13-15. 8:53 Y se burlaban de él, sabiendo que estaba muerta. - Se burlaban de El y confirmaban fuertemente que la niña estaba muerta, porque si no estaba muerta ellos no podrían cobrar por sus servicios de lamentación (JWM). Sin embargo, al confirmar ellos que la niña estaba muerta, esto en turno confirmar el milagro de Jesús, de que en realidad El la había resucitado de entre los muertos. Mar. 5:40, “Mas él, echando fuera a todos, tomó al padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con él, y entró donde estaba la niña”. El modernista William Barclay dice en su comentario lo siguiente: “Estaban seguros de que estaba muerta, pero Jesús dijo que dormía. Es perfectamente posible que dijera esto literalmente. Puede ser que estemos aquí ante un milagro de diagnóstico; que Jesús vio que la niña estaba en un trance profundo y que iba a ser enterrada viva”. Es mucho más fácil creer el milagro de Jesús que la “explicación” de los modernistas (incrédulos). 8:54 Mas él, tomándola de la mano, clamó diciendo: Muchacha, levántate. - Las palabras de Jesús fueron las que el padre o madre usan para despertar a su niña por la mañana. 8:55 Entonces su espíritu volvió (los “testigos” de El Atalaya creen que esto es imposible), e inmediatamente se levantó; - Este es otro de los muchos textos que enseñan claramente que el espíritu del hombre no muere. Cuando el muere su espíritu sale, pero no deja de existir. En los casos de personas resucitadas de entre los muertos, el espíritu vuelve al cuerpo y revivificarlo. De la misma manera así será la resurrección general de los muertos en el Día Final; es decir, el espíritu se unirá con el cuerpo resucitado e incorruptible (1 Cor. 15:50-57). -- y él mandó que se le diese de comer. - Probablemente no había comido por varios días. Estando tan “atónitos” los padres, fácilmente podrían descuidar esta necesidad básica de su hijita. 8:56 Y sus padres estaban atónitos (asombrados); pero Jesús les mandó que a nadie dijesen lo que había sucedido. - Porque ya le sobraba fama y El no podía dedicar todo su tiempo a sanar enfermos. Su obra principal era la de enseñar. Además, no sería bueno para el carácter de la niña. Imagínese lo espectacular de ser reconocida dondequiera que fuera como la niña que murió y que resucitó (compárese Jn. 12:9). La Biblia no habla más de ella, porque no fue escrita para satisfacer la curiosidad del lector, pero seguramente esta jovencita llegaría a ser una de las más fieles seguidores de Jesús.
Mat. 926, “Y se difundió la fama de esto por toda aquella tierra”.
También Cristo resucitó a Lázaro (Jn. 11:43, 44) y al hijo de la viuda de
Naín (Luc. 7:14, 15). Otros ejemplos de levantar muertos fueron: Elías (1
Reyes 17:17-24), Eliseo (2 Reyes 4:17-37), Pedro (Hech. 9:36-42) y Pablo (Hech.
20:9-12). |
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